40 años, 4 meses, 28 días, y 14 horas como repartidor de correo en Xàbia

El cartero de la villa desde 1970, Francisco Pastor Español, se jubila y se lleva consigo el secreto de los miles de telegramas que repartió

JOSÉ IGLESIASXÀBIA.
Francisco Pastor Español, ante el edificio de Correos. ::
                             JOSÉ IGLESIAS/
Francisco Pastor Español, ante el edificio de Correos. :: JOSÉ IGLESIAS

Al aprobar las oposiciones a «repartidor de telégrafos» en 1975, Francisco Pastor Español juró como funcionario público de telecomunicaciones «no revelar nunca la correspondencia». Ahora 35 años después, al cumplir los 60 años, se jubila y se lleva consigo la historia, la política, los líos de faldas y las claves económicas de la Xàbia de los 70 y 80 que se comunicaron vía telegrama.

Francisco Pastor comenzó en los meses de verano de 1968 a trabajar como repartidor del entonces Telégrafos. En 1970 fue contratado y cinco años después aprobó las oposiciones. El primer telegrama que entregó recuerda que fue para la extinta Cooperativa Agrícola de Jesús Nazareno, y que lo recepcionó en 1968 Juan Bautista Andrés. También el último servicio para la administración lo hizo el pasado 31 de marzo, a las 14 horas, y fue el pago de un recibo de teléfono de su amigo Moisés Espinós.

Una trayectoria profesional jalonada de anécdotas para este cartero a quien todo el pueblo conoce como «Kiko bola», un apodo que se ganó a golpe de canicas cuando era un niño. «Jugábamos en la calle Sor María Gallard al 'roglet', 'llargues' o al 'pam i toc', con bolas de barro de entonces y yo siempre ganaba». Por ello, Pepe Aguado 'el tamboret', le sacó el apodo de 'boleta', porque además era un niño regordete. Al cumplir los 17 años, su amigo Moisés Espinós (casualmente su último cliente), decidió mientras estudiaban el Bachiller que 'boleta' creciera para convertirse en 'Kiko bola' apodo conservado hasta hoy.

Aquel funcionario cobraba 3.900 pesetas al mes cuando comenzó, y ha acabado en 2010 como 'mileurista'. Aunque todo tiene su miga. Recuerda cómo hacían en los 70 él y su compañero, Antonio Torres Buigues ('el roget'), para ganarse un sobresueldo. Entre sus perspicacias recapitula que siempre escondían el bolígrafo para firmar para que el receptor buscara el suyo junto a la cartera, de donde salían las propinas. «Llegamos a repartirnos más propinas que ganábamos de sueldo», señala.

Rememora entre risas cómo en los primeros veranos, la Marquesa Ruiz de Castilla que veraneaba en Xàbia, recibía semanalmente un giro que tenían que hacerle llegar a su domicilio, pero «esperábamos a que fuera la hora del baño para ir a la playa a entregarle el dinero, así la propina era mucho mayor».

Cuando Xàbia comenzó a transformarse con el 'boom' de la construcción, pasaba los domingos en las nuevas urbanizaciones para hacerse su propio planillo de la situación de las casas. En aquellos años, «las calles no estaban rotuladas y la numeración era caótica, por lo que había que ingeniárselas para realizar el servicio».

Corrían otros tiempos en los que llegaban a Xàbia más de 10.000 comunicados al año. «Sólo el párroco de Loreto, don Juan Celda, recibía más de 100 telegramas en el día de su santo».

A partir de ahora, Francisco Pastor, que lleva en honor tener la medalla Nacional de Gran Donante de Sangre y la de Oro de la Cruz Roja (fue fundador de la Asamblea de Xàbia), se dedicará a la bolsa y a los bancos «para ir a comprar al mercado y sentarme al sol», aclaró.

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