A los museos sin pasar por taquilla

El 97% de las visitas a las pinacotecas valencianas se hacen en días en que la entrada es gratuitaLa recaudación de todo el año de algunos recintos valencianos apenas es suficiente para sufragar la impresión del papel para las entradas

BURGUERA DBURGUERA@LASPROVINCIAS.ES
Un grupo de personas entra al Museo San Pío V de Valencia. ::
                             JOSÉ MARÍN/
Un grupo de personas entra al Museo San Pío V de Valencia. :: JOSÉ MARÍN

Viernes de marzo. Un ciudadano, a la sazón periodista de LAS PROVINCIAS, acude a un museo de la ciudad de Valencia, pregunta el precio de la entrada mientras se interesa por saber qué se expone actualmente en el recinto, y ante la duda del visitante, la persona que trabaja en la recepción le hace un comentario sotto vocce: «Si es usted de aquí, venga en fin de semana, hombre, que es gratis». Resultado, una entrada menos. Y así cientos de miles, porque por entrar a un museo valenciano no paga ni el tato.

Concretamente, en la red de museos tutelados por el Ayuntamiento de Valencia, el número de entradas vendidas a lo largo de un año se sitúa entre 30.000 y 40.000, lo cual es un escaso 3% del total de los visitantes. Es decir, que pagaron los despistados. El resto, o ya se sabe el cuento o llega a la puerta de un museo y se lo explican los trabajadores, a los que, por sentido de la justicia social, les disgusta que paguen tres mientras 97 entran por amor al arte pero sin abrir la billetera.

Curiosas coincidencias. A pesar de las evidentes diferencias entre practicar el botellón, pasar el fin de semana de discoteca en discoteca y acudir a un museo, resulta que existe un evidente nexo que los une. Tanto los aficionados a beber, como a bailar o al arte cultivan sus aficiones y hábitos (dañino en algunos casos, como es el caso de beber en exceso en la vía pública) de manera masiva y casi en exclusiva durante los fines de semana.

A los ciudadanos no les importa reservarse unos días, hasta que llegue el fin de semana, si así se ahorran unos euros. Da igual que el contenido sea arte plástico, ciencia divulgativa, documentos históricos o reliquias de Blasco Ibáñez o de Concha Piquer. Las colecciones museísticas no sólo pueden sino que deben esperar al fin de semana para que en los pasillos de los recintos se vea cierta animación. De toda la red cultural municipal, las Torres de Serranos, un monumento, es el espacio que más recauda.

Acudir a los museos en fin de semana es un rito que puede constatarse en cualquiera de los recintos museísticos de la Comunitat. En el IVAM, por ejemplo, con una de las tarifas más bajas de los principales museos españoles, a la llamada cultural se sucumbre principalmente en domingo, cuando, casualmente, es gratis.

«Cuando los valencianos van a Madrid no les duele pagar siete euros en el Thyssen, pero aquí se esperan al domingo», confiesa un responsable del museo valenciano, donde se cobra dos euros por entrada, cinco veces menos que el Guggenheim de Bilbao o el Teatre-Museu de Dalí en Figueres.

Escaso negocio

De hecho, el IVAM, actualmente el museo más visitado de la Comunitat, registra anualmente unos ingresos relacionados con la venta de entradas que ni siquiera alcanza el 10% del importe neto de la cifra de negocio de las actividades gestionadas por el recinto (la venta de catálogos y transparencias es, junto a la contribución de los patrocinadores, el apartado que genera más beneficios para el IVAM).

«Sí, sabíamos que era gratis, claro, venimos siempre los domingos», reconocía este pasado domingo Vicente Hernández, acompañado de su mujer, Marta Salinas, y de dos menores. Vicente, vecino del barrio de Zaidía, alega que «no están las cosas para gastar». Sin embargo, el gusto de entrar por la cara en los museos valencianos no se remonta a la crisis ni se explica por el actual declive económico.

En septiembre de 2004, el Ayuntamiento de Valencia tomó la decisión de establecer un precio de entrada de dos euros para acceder a los museos y a los monumentos municipales. Hasta ese momento la entrada era gratuita, y si bien no se disponen datos de cómo se comportaban los potenciales visitantes antes de establecerse las tarifas, sí se sabe qué ha ocurrido con posterioridad.

En 2007, el 97,4% de los visitantes prefirieron esperarse al fin de semana para acudir a los museos. Un año después, en 2008, entonces ya sí con la crisis al galope, el número de visitantes que pagaron fue mayor, si bien el porcentaje de entradas vendidas respecto a las entradas gratuitas se situó en el 3,1%, lo que supuso que el 96,9% de la asistencia dio las gracias por entrar y algunos es probable que ni eso.

Mientras que en 2007 se contabilizaron el pago de 32.918 entradas y se recaudaron 46.863 euros, en 2008 los visitantes que pagaron fueron 40.747, y se recaudaron 54.792 euros.

En el caso de algunos museos de entidad menor, el saldo de cobrar aún ofrece resultados más sangrantes. Es el caso de las Atarazanas, donde durante 2008 fueron menos de un millar las personas que entraron pagando, y la recaudación apenas superó los 1.100 euros a lo largo de todo un año. Aún menos se recaudó en la Galería del Tossal, 609 euros en 2008 y 635 euros en 2007, una caja de 50 euros al mes, lo cual apenas pagará lo que cuesta imprimir las entradas. «Imprimir 10.000 entradas es poco, pero lo mínimo que se cobra ya por encender la máquina son 200 euros, así que por menos de 500 euros no se consiguen», señalan desde una importante empresa impresora.

Desde la oposición municipal se demanda suprimir el pago, lo cual dejaría al Consistorio con unos 50.000 euros menos al año.