Una década sin amor al arte

Abierta en 2000 tras invertir 360.000 euros, en un año registra entre semana una media de un par de entradas durante el día La Galería del Tossal ocupa año tras año el último lugar en número de visitas a los museos

Una década sin amor al arte

La plaza del Tossal es un lugar sin suerte. A pesar de su lugar privilegiado del centro histórico de Valencia. A pesar de que allí se conserva uno de los más importantes tramos de muralla árabe, con casi un milenio de historia entre sus piedras. A pesar de los 360.000 euros que el Ayuntamiento de Valencia gastó hace 10 años para urbanizarla y dotarla de un museo, el peor de la ciudad en cuanto a número de visitantes. No hay un recinto expositivo público municipal que atraiga menos y que, sin embargo, goce de un emplazamiento histórico más afortunado.

Entre semana, de martes a viernes, cuando se paga por entrar, el número de visitas no superó el medio millar ni en 2007 ni en 2008. Los empleados en el recinto apenas reciben un par de visitas diarias.

A lo largo del año, incluyendo ya los fines de semana (entrada gratuita), la Galería del Tossal registra cada año menos de 10.000 entradas, lo que supone una cadencia inferior a la treintena de visitantes al día. La Galería del Tossal, como dicen en el eslogan de Teruel, también existe, pero ni los vecinos de Valencia ni sus turistas se han enterado. Año tras año desde prácticamente su inauguración, se sitúa en el farolillo rojo del listado de museos valencianos. De las entradas clásicas, convencionales, sin tarifa reducida ni gratuita, se venden al año algo menos de 200.

La Galería del Tossal acoge actualmente la exposición de los Premios Senyera de Arte 2009. La web del Ayuntamiento explica que allí se pueden apreciar las obras de Cristina Gamón Lázaro autora del cuadro 'Progresión II', y de Julián Calatrava Weber, autor de la escultura 'El graduado', ganadores del Premio Senyera 2009 en las modalidades de Pintura y Escultura, respectivamente. Estas obras se exponen junto con los trabajos pictóricos de José Luis Cremades, Juan Carlos Forner, Felipe Fuentes, José Leonardo García, Ferrán Gisbert y David Pellicer y las esculturas realizadas por Anna Ruiz y Beatriz Carbonell. Se trata de un triste ejemplo de arte enterrado, tanto expositivamente como literalmente. Pintura y escultura bajo tierra, descansando en paz.

Entre las principales webs donde se recogen las opiniones de los visitantes a los museos valencianos, sólo en una aparece una opinión (y es favorable) acerca de una sala de exposiciones que permanece instalada en la invisibilidad una década después de su inauguración.

Como el coronel de García Márquez, la galería no tiene quien ea escriba, ni perrito que le ladre ni curioso que la visite. Y no es, precisamente, una cuestión de falta de rodaje. Los espacios expositivos inaugurados con posterioridad al Tossal (Museo de Historia o la Almoina, entre otros), han registrado un crecimiento tan notable que de manera inmediata dejaron relegada al Tossal como último museo de la fila, en un callejón por donde nunca pasa nadie, como un burro amarrado en la puerta del baile. Como si se tratase de una escena inamovible, los días pasan sin pena ni gloria para el museo.

Viernes, 12 de marzo. En uno de los laterales de la plaza, recayente a la calle Caldereros, la suciedad se acumula en la rampa de entrada que desemboca en la puerta principal y una escalera de salida, coronadas por dos urnas acristaladas de grandes dimensiones. Las puertas automáticas están tan deterioradas, tan rayadas, que no se sabe quién o qué hay dentro de la galería. Su emplazamiento por debajo de la cota cero de la explanada convierte la entrada del museo en un imán para la suciedad. Los sin techo aprovechan ese espacio para dormir y para otras cosas, de las que quedan desagradable y olorsa constancia durante toda la mañana. Sin que nadie limpie. Sin que nadie entre. Pasan las horas y nadie baja la rampa.

Martes, 16 de marzo. Se ha instalado una churrería en la plaza, justo delante de la urna acristalada que sirve de entrada al museo. Ni un alma curiosa, de las miles que van hacia la mascletá o vuelven de ella se interesa por los Premios Senyera de Arte 2009. La churrería ha descolgado una tubería para desaguar en la entrada del Tossal, utilizado, de esta forma, por comerciantes ambulantes e indigentes habituales para deshacerse de las aguas menores y las mayores, de una manera u otra.

La Galería del Tossal, a pesar de una inversión que rondó los 360.000 euros, se inauguró bajo la mirada escéptica de los vecinos ante la utilidad de una urbanización externa poco amable, reticentes frente a unas urnas de mal encaje en el entorno.

Miquel Domínguez, principal impulsor del proyecto en su etapa de concejal de Urbanismo, acompañó a la alcaldesa en la reapertura de la cripta del Tossal después de una década abandonada. Domínguez destacó entonces, noviembre de 2000, la «gran labor realizada por los arqueólogos para crear un espacio digno que podrá ser disfrutado por los ciudadanos y que permitirá dar a conocer y difundir una parte importante del patrimonio y la historia de nuestra ciudad».

Diez años después de su puesta en servicio para la ciudadanía, todos los visitantes del Tossal acumulados en una década apenas lograrían superar las cifras de visitantes anuales del Almudín, sexto museo de la ciudad muy por detrás del IVAM, La Lonja, MuVIM, San Pío V o el González Martí.