La eterna maestra rusa

Copas de Europa, Ligas, Copas de la Reina... Impartió magisterio en la cancha y ahora lo hace con el equipo de niños al que entrena en San Petersburgo Qué fue de Natalia Zassoulskaya ex jugadora del Dorna Godella

JAVIER ABIÉTAR ZAHONERO JABIETAR@LASPROVINCIAS.ESVALENCIA.
Arriba, Zassoulskaya durante la etapa dorada en el Dorna Godella. Abajo, en su casa de San Petersburgo. ::
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Arriba, Zassoulskaya durante la etapa dorada en el Dorna Godella. Abajo, en su casa de San Petersburgo. :: LP

Fue sin duda una de las mejores jugadoras de baloncesto de la historia. Lo evidencia su inclusión en el quinteto ideal ruso de todos los tiempos. Hoy entrena al equipo de niños de un colegio público de San Petersburgo, a quienes transmite sus conocimientos sobre la cancha. Natalia Zassoulskaya, ex jugadora del desaparecido Dorna Godella entre 1991 y 1995, es uno de los grandes mitos vivientes del deporte de la canasta.

Coleccionista de títulos, entre ellos dos Copas de Europa, explota ahora sus dotes como profesora. La popularidad allana el camino. «Los adultos son muy complicados, porque cada uno tiene su carácter, pero con los niños es diferente, te miran como a un ídolo. Sus ojos transmiten ilusión», afirma Zassoulskaya.

Y eso que esta salida profesional no entraba ni de lejos entre las opciones imaginadas por la brillante baloncestista. «Nunca he querido ser entrenadora, aunque a los niños de entre 6 y 10 años pienso que puedo aportarles mis años de experiencia como jugadora», manifiesta la eterna ala-pívot.

Sus clases se hacen muy amenas para los menores, que aprenden los entresijos de un deporte del que Zassoulskaya será permanente icono. Ella lo pasa en grande. «Cada día es una sorpresa, no sabes qué travesura pueden hacer, pero es muy divertido», comenta entre risas.

Su hijo, fruto del matrimonio con un valenciano, nació en la capital del Turia. Ahora vive con ella en San Petersburgo. Y también juega a baloncesto. Natalia le enseña con cariño todos los trucos de la canasta, pero tiene claro que sólo irá a ver un partido de Constan, nombre del adolescente: «Cuando juegue la final de los Juegos Olímpicos».

Argumenta su postura. «Me pongo muy nerviosa y veo tantos fallos que saltaría a la pista a hacer una corrección detrás de otra, por eso no voy». Pero ahora mismo lo de menos es cómo juega Constan: «Tiene que hacer deporte, eso es bueno. Quiero que sea lo que el quiera y, además, creo que jugará bien, está entrenando duro».

Zassoulskaya sigue vinculada al deporte, si bien ahora que dispone de más tiempo libre lo aprovecha para viajar, una de sus pasiones. Aunque no como lo hacía anteriormente. «He jugado hasta los 35 y no he podido disfrutar de mis mejores años. Estoy cansada de ir a tantos sitios en avión. Así apenas puedes ver nada».

Su vínculo con Valencia sigue siendo fuerte. Mantiene una excelente relación con su ex marido e incluso viene en Navidad y verano para estar con los amigos que dejó durante sus años de jugadora. Y como Natalia está cansada de tanto avión, recorre en coche los miles de kilómetros que unen San Petersburgo y Valencia.

«Viajo mucho con el vehículo porque siempre que veo un sitio muy bonito me paro para contemplarlo y disfrutar del paisaje. Me encanta», afirma. Es la manera que tiene esta mujer de recuperar todo el tiempo perdido durante su etapa como profesional de élite.

La que fuera delegada del Ciudad Ros Casares durante año y medio, y asistente del técnico (encargada de los entrenamientos específicos) en otro periodo, asegura que en este trayecto encuentra numerosos lugares que merece la pena visitar o, como hace ella, al menos detenerse para contemplarlos con detalle.

En su etapa como profesional tuvo varios entrenadores, pero Natalia Zassoulskaya guarda un especial recuerdo de Miki Vukovic. «Lo valoro mucho, ha sido el mejor, un gran profesor y una mejor persona».

También fueron muchas las compañeras de equipo que dejaron huella en esta gran mujer de 181 centímetros de altura, pero de todas ellas se queda con Blanca Ares y Ana Belén Álvaro. Zassoulskaya subraya que la vida profesional «es muy dura, el deporte lo es, hay que disponer de mucha paciencia y una cabeza bien amueblada para mantener buenas relaciones tanto en la cancha como fuera de ella».

En su vida ha conocido las dos caras de la moneda, la cancha y el banquillo. Y lo tiene claro. «El entrenador ha de leer el juego de otra manera a como lo hace el jugador», señala antes de recordar que cuando finalizan los encuentros los técnicos deben quedarse estudiando todos los aspectos para mejorar su equipo y analizar al siguiente rival.

Sin embargo, en la pista no es lo mismo. «Los grandes jugadores han de tener libertad sobre la cancha para que puedan demostrar todas sus posibilidades y talento. Muchas veces resulta extremadamente complicado conjugar eso con la disciplina», asevera una mujer que sabe bien de lo que está hablando. Ahora, desde la distancia, sigue el baloncesto femenino, donde dos equipos de su país y el Ros Casares se jugarán la Final Four.

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