«En mi familia ha sido normal que trabajaran las mujeres. A mi padre le decían: 'Juan, ¿tan mal está usted que tienen que trabajar sus hijas?'»

Mari Carmen Sendra, ex propietaria del Astoria, primera mujer directiva de la CEV«Estamos viviendo una temporada sin norte. Los políticos tienen que pensar que están al servicio de los ciudadanos y no cuidando el sillón»

Mari Carmen Sendra posa durante la entrevista. :: JESÚS SIGNES/
Mari Carmen Sendra posa durante la entrevista. :: JESÚS SIGNES

Ni los 78 años ni la galopante pérdida de visión consiguen que Mari Carmen Sendra esté un momento quieta. Presidenta del hotel Astoria, durante muchos años el mejor hotel de Valencia, primera mujer directiva de la CEV y de AVE, es una mujer excepcional que rompió los moldes de su tiempo: trabajaba, conducía, se manejaba en varios idiomas y conocía media Europa. En una España que era muy diferente a la actual.

-En Jaca, donde pasábamos el verano del 36, oí el primer tiro de mi vida: mi abuela se creía que era una despertà y ya se levantaba para ir a misa. Yo estuve un tiempo en el que no soportaba el ruido de la pólvora. Me volvió a gustar cuando regresé a Valencia; entonces ya me agradaba todo lo valenciano.

-Porque pasó su juventud sola en Bélgica, Francia y el Reino Unido.

-Todos mis abuelos eran exportadores, por lo cual era fundamental saber idiomas para ayudarse en el negocio. Mi madre ya estuvo tres años en Inglaterra a los 16 años aprendiendo inglés. Luego me tocó a mí.

-¿En colegios?

-Primero estaba en colegios y luego, cuando me harté de aprender a Napoleón en tres versiones, la española, la francesa y la inglesa, me cambiaron a otro lugar especial para aprender inglés.

-Menudo contraste al regresar con 19 años.

-Yo con 18 años conducía en Bélgica porque entonces allí no se necesitaba carnet de conducir. Pero en España ni siquiera me lo podía sacar porque no tenía el Servicio Social. Tuve que esperar a casarme y fui la única mujer ese día que se examinaba, rodeada de camioneros.

-Una mujer joven, con idiomas, con carnet.

-Cuando me iba a Carlet, donde mis padres tenían un chalet, la carretera pasaba por el centro de los pueblos y la gente que veía conducir decía: "Che, si es una dona!", como si fuera un extraterrestre.. ¡Me entraba una risa!

-Reconocerá que su educación fue especial.

-Mi hermana María Teresa y yo dijimos que no estábamos hechas para pasear arriba y abajo por la calle de la Paz. Y luego, cuando volví, empecé a trabajar en zumos Vida, que era de mis tíos y de mi padre. Y tenía un horario como cualquier persona: me levantaba a las cinco, entraba a las seis y salía a las tres. Nadie sabía quién era yo.

-De nuevo algo raro en una señorita de familia bien.

-En mi familia siempre se ha visto normalísimo que trabajaran las mujeres. A mi padre le decían: "Juan, ¿tan mal está usted que tienen que trabajar sus hijas?" Fíjese qué mentalidad había.

-Unos padres muy abiertos.

-Abiertos, pero también exigían mucho; decían que la vida no regala nada, que todo hay que ganárselo a base de trabajo y de constancia.

-Creo que ya deberíamos hablar del hotel Astoria.

-El hotel Astoria. Mi abuelo, el Sendra, era un hombre muy dinámico que empezó de la nada. Quería a una novia y el padre de ella no lo quería a él porque era pobre. Y se puso a trabajar muchísimo y se hizo exportador, fabricante de timbres para el papel de seda de las naranjas, consignatario del puerto de Gandia, alcalde de Gandia. Y alquiló dos hoteles: el Regina y el Inglés. En Valencia de lujo solo estaba el Reina Victoria, que era de unos parientes de mi marido. Y mi abuelo, como viajaba, veía que a Valencia le hacia falta un hotel de lujo.

-Y encontró la plaza de Rodrigo Botet.

-Que entonces se llamaba de San Jorge. Ese lugar hacia 1500 era el palacio de los Vilaragut, que vinieron a Valencia con Jaime I. Y allí se casó Alfonso el Magnánimo. Fue la primera boda del Astoria.

-Efectivamente.

-Luego paso a ser propiedad del Banco Hispano Americano, después al Frente de Juventudes y al final a la Academia Castellano. Mi abuelo compró el solar, pero la academia no se iba. Entonces era habitual: hacías el proyecto, pero tenían que seguirlo tus descendientes porque te morías antes.

-Y le tocó a su padre.

-Mi padre era hijo único porque un hermano murió en accidente. El hotel lo fundó él con mis otros tíos consortes: los Simó, los Pastor, los Quilis y otros parientes.

-Un hotel familiar.

-Todo era capital valenciano. Querían un hotel de lujo para Valencia hecho por valencianos. Se inauguró en 1957, decorado por Federico Rubio, y con cuatro plantas solo: poco a poco íbamos subiendo, decorando y amueblando. Fue para Valencia el hotel de todos los valencianos.

-Un hotel parece más pensado para los foráneos.

-Pero era casa de los valencianos también. Muchísimas familias se han casado, han bautizado a sus hijos, han celebrado las primeras comuniones, las comidas de empresa, de compañeros, de Fin de Año. Ha sido un hotel abierto a la ciudad y también para que los valencianos pudieran ofrecer a sus amigos de fuera un lugar digno donde estar.

-Y ha venido toda clase de gente.

-Y de todos los colores. Españoles, de fuera, todos los presidentes de Gobierno, toda la familia Real. Una vez vino el príncipe Felipe, cuando todavía no estaba casado, y había en esos momentos una boda; él accedió a fotografíarse con los novios. Fue la felicidad máxima para la pareja.

-Alguien más que políticos.

-Claro. Músicos, escritores.. Mire: todos los del Parador del Foc: Sofia Loren, Marlene Dietrich, Silvye Vartan. Todos iban al hotel. Y no hablemos de los toreros: la plaza se llenaba de gente porque ya no quedaba espacio dentro. Eran curiosas las habitaciones de los toreros, con sus estampas, sus velas...

-¿Es verdad que Lola Flores y El Pascaílla fueron detenidos por escándalo?

-Lola Flores y el Pescaílla armaban cada follón en su habitación, que para qué te quiero contar. Lo que sale en las películas era totalmente cierto. Cuando se ponían así eran imparables.

-¿Algún otro recuerdo en especial?

-Cuando recibí a Margaret Thatcher me causó una impresión. Era seria, muy seria. Pero el carácter inglés es así.

-¿Cuál fue su primera decisión como presidenta del hotel?

-Asegurarme que las mujeres y los hombres cobraban lo mismo.

-Volvamos al inicio: ¿Por qué el nombre de Astoria?

-Mi padre lo eligió. El Waldorf dice que le hemos copiado, pero hay muchos hoteles en el mundo que se llaman Astoria.

-¿Recuerda el día de la inauguración?

-A los diez minutos no quedaban ceniceros. Y le dice mi cuñado a mi marido: qué listos habéis sido; no habéis puesto ceniceros para que no se los lleven. ¿Cómo que no? ¡Si es que ya se los han llevado!

-También hay olvidos.

-Cuando se pierde una cosa en un hotel es muy curioso. Por ejemplo: un señor se deja olvidado un pijama. Pues se guarda con la fecha, la habitación y el nombre del señor. Pero no se le envía a casa si no lo reclama porque puedes meterlo en un lío..

-¿Algún mal momento?

-Una huelga general en la hostelería. Como los empleados no podían trabajar nos volcamos toda la familia: el pequeño limpiaba ceniceros, mis hijas hacían las camas y las habitaciones, los chicos miraban la caldera, preparaban desayunos, yo me puse de telefonista. Eran días de Fallas y teníamos el hotel repleto de toreros, de embajadores, de artistas.

-La temporada de Fallas debe haber sido la más fuerte del año.

-Sí, sin duda. Y cuando terminaba la cremà de la plaza del Ayuntamiento, la fallera mayor venía a la Bruja, la discoteca del hotel, con toda su corte y allí le dábamos un chocolate y lloraban, se abrazaban y se desahogaban de todos los nervios. Del Astoria podría contar y no parar.

-Cuente, cuente.

-Recuerdo a Serafín y a Paco, los cocineros. Les llamaban los pilotos de avión cuando se acercaban a Manises: Paco, prepare la paella que ya estamos aterrizando y vamos para allá.

-Menudo libro de oro debe tener el hotel.

-Desapareció en combate. En la última movida: Dalí nos había pintado una cosa suya. Y estaba guardado en una caja fuerte.

-Usted también fue la primera mujer en la junta directiva de la CEV

-Sí, fui la primera, invitada por Jiménez de Laiglesia. La verdad es que estaba preocupada, porque eran empresas muy hechas...

-¿Y porque eran hombres?

-No, por ser hombres no. Yo ya estaba acostumbrada a tratar con hombres. O iba entre hombres o me quedaba sola.

-Y de la Asociación Valenciana de Empresarios.

-Me gustaba AVE porque había empresarios de toda la Comunidad. Necesitamos vertebrarnos bien, no ser tan individualistas: tendríamos más fuerzas si fuéramos las tres provincias más unidas.

-Estamos en víspera del día de la mujer trabajadora.

-Al principio, cuando hablaban de la mujer trabajadora me sentía un poco escéptica, porque trabajadoras las mujeres siempre hemos sido. Pero luego pensé en algo muy actual: la mujer puede escoger entre quedarse en casa con los hijos, que es tan digno como cualquier otro trabajo, o coordinar familia y trabajo, que eso cuesta más; pero a cambio de que el marido trabaje un poco menos y colabore.

-No parece mala idea.

-Para mi, lo más importante que podemos dar en estos momentos son valores. Y el primero, que además está en la Constitución, es la igualdad. Y el respeto: respetar más la vida de las personas desde el inicio, desde su salida a la vida y a la hora de la muerte, porque en todas las etapas hay violencia.

-Toda una declaración de principios.

-Tenemos que saber dialogar, buscar puntos de encuentro y no diferencias. Y más valores: el trabajo, la lealtad, la constancia, el ahorro, el respeto a la naturaleza. Claro que es difícil hacerlo. También era difícil conseguir el voto y se consiguió. Si tienes un porqué, encontrarás el cómo.

-¿Echa de meno al Astoria?

-Estoy acostumbrada a volver la página cuando es necesario. Quizás eche de menos la obra que hicieron mi abuelo y mi padre, no la mía; ellos tuvieron el mérito.

-¿Ha vuelto?

-Solamente he ido una vez Y me llevé una decepción muy grande. Fue un empastre, una metedura de pata; una falta de formación realmente.

-No hemos hablado de actualidad.

-Estamos viviendo una temporada sin norte. Los políticos tienen que pensar que están al servicio de los ciudadanos y no cuidando el sillón. Yo estoy decepcionada por las palabras oblicuas, que dicen una cosa, pero que significan otra: no son rectas. El ciudadano no quiere que el político lo en- gañe.

-Creía que me iba a hablar de la crisis.

-La política y la economía está muy liadas. Todos tenemos que apretarnos el cinturón, pero empezando por arriba. Al final votamos porque somos buenas personas, pero no porque te convenzan con lo que te dicen. A mi edad ya se puede hablar con más tranquilidad; antes tenían que frenarme un poquito.

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