Carmencita, la nieta de Franco, fallera mayor infantil

F. P. PUCHE
Mari Carmen, vestida de valenciana, posa en el palacio del Pardo. :: ARCHIVO LP/
Mari Carmen, vestida de valenciana, posa en el palacio del Pardo. :: ARCHIVO LP

Se cumplen ahora cincuenta años del nombramiento y reinado, como fallera mayor infantil de Valencia, de María del Carmen Martínez-Bordiu Franco, la nieta mayor del general Franco. La mujer que con tanta frecuencia es motivo de atención de la prensa del corazón, la que participa sin complejos en espectáculos de televisión de gran audiencia, fue motivo de interés público desde muy pequeña: en los primeros meses de 1960, con nueve años recién cumplidos, presidió la fiesta fallera infantil, acompañada de niñas de las mejores familias valencianas y de su hermana pequeña, María de la O.

Visto con perspectiva de medio siglo, el nombramiento de Carmencita como fallera mayor infantil se inserta en la sutil red de contactos que el alcalde Adolfo Rincón de Arellano tendió con el fin de impulsar el desarrollo de la ciudad, centrado entonces en el proyecto del Plan Sur. Como reconoció años después en diversas entrevistas, el alcalde entendió desde primera hora la rentabilidad pública que proporcionaban los gestos y agasajos que se tuvieran con el general, y singularmente con su familia. Adolfo Rincón, además, supo utilizar muy bien, en no pocas ocasiones, la influencia de un financiero valenciano, José María Sanchiz Sancho, amigo personal del general, personaje que, como el alcalde decía, «tenía muy buena entrada en el palacio del Pardo».

Rincón, que había llegado a la alcaldía en octubre de 1958, intentó poner en marchas las obras del Plan Sur en un momento en que la financiación estatal era mínima a causa del Plan de Estabilización aprobado en 1959. En una entrevista publicada en el libro 'Hasta aquí llegó la riada', Rincón dijo que «Con Pepe Sanchiz yo tenía información directa del Caudillo. Con el Ministro de Hacienda tenía la simpatía para que la obra se hiciera y las posibilidades fundamentales de poder ayudar. (.) Sanchiz me servía a mí para saber en qué situación estaba El Pardo. Y Navarro Rubio es el que me dijo que había vía libre para plantear el problema». Pero eso no fue hasta unos años después, cuando el cierre del gasto público fue cediendo.

El alcalde, sin embargo, inició, en 1959 y 1960, un plan de relaciones públicas y de insistencia ante el Gobierno que, andando el tiempo, llamó «dar la lata en Madrid». Se trataba de adelantar la tramitación para cuando la financiación pudiera ser favorable a Valencia. De ese modo, en julio de 1959 el Ayuntamiento aprobó la adaptación del Plan General de Ordenación urbana a la Solución Sur y en octubre que Obras Públicas se dio el visto bueno al nuevo plan de accesos y enlaces adaptado a la Solución Sur.

El Pardo y el Plan Sur

Cuando el 29 de enero de 1960 se presentó el nuevo plan de accesos ferroviarios a la ciudad, Carmencita Martínez-Bordiu ya era formalmente fallera mayor infantil. El 3 de febrero de 1960, cuando se declararon urgentes las obras del Pantano de Villamarchante -que sigue sin construir medio siglo después-, los orfebres valencianos ya habían mostrado a la prensa los aderezos de la fallera mayor infantil. Curiosamente, la información pública del anteproyecto de Solución Sur se abrió el 11 de marzo de 1960, dos días antes de la exaltación de la fallerita.

La comunicación en el palacio del Pardo de la grata noticia se llevó a cabo el 11 de enero, ante una nube de fotógrafos y cámaras de No-Do. El gobernador, Jesús Posada Cacho; el presidente de la Diputación, Bernardo Lassala; el alcalde Rincón de Arellano; el presidente de la JCF, señor Cerveró, y el delegado de Fallas Infantiles, el periodista Vicente Ros Belda, fueron recibidos por el general Franco y después entregaron a la nueva fallera el pergamino de nombramiento y una caja de bombones. Un equipo de modistas y peluqueras, llegados a propósito desde Valencia, habían vestido a Carmencita, a su hermana María de la O y a otras dos amiguitas, de la familia Sanchíz. Junto con la abuela, doña Carmen Polo, y su hija, Carmen Franco, la señora de Sanchíz transmitían la felicidad que corresponde a un momento tan emotivo. No menos feliz se veía al marqués de Villaverde, padre de la niña.

Sobre todo porque la pequeña María del Carmen mostró en todo momento un gran desparpajo y una soltura sin límites. Tanto al dar las gracias a Valencia como al decir que estaba muy ilusionada. «Todo es maravilloso. ¡Qué lástima que las fallas no sean mañana!», recogió LAS PROVINCIAS que exclamaba la niña.

Ese mismo 11 de enero, una intensa nevada cayó sobre la ciudad de Valencia y sobre media España, hasta cortar la carretera que une el Micalet con la Cibeles. La misión valenciana tuvo que regresar penosamente. Pero dos meses después, la primavera ya se anunciaba en Valencia: el 12 de marzo la fallera mayor de Valencia esperó la llegada de la nieta de Franco al pie de las torres de Serranos. María Isabel Colomer, sensible, moderna, simpática y muy hermosa, adorada en la calle Turia, donde había nacido y su familia tenía una gran villa que era además fábrica de lámparas, sabía que su reinado podía que- dar eclipsado por la noticia de la nietísima. Y así fue, en buena medida.