«Para cortar hay que ser cirujano»

PEDRO SORIANO
Federico Pérez antes de la entrevista en su clínica de Alicante. ::
                             ÁLEX DOMÍNGUEZ/
Federico Pérez antes de la entrevista en su clínica de Alicante. :: ÁLEX DOMÍNGUEZ

Federico Pérez de la Romana (Alicante, 1947) es hijo de médico rural y su primera vocación, por herencia, le viene de su padre. También es un aficionado al arte, la pintura y la música especialmente. Por eso se inclinó por la cirugía plástica. Hasta los diez años vivió en La Romana. Luego se marchó interno a Murcia a estudiar el Bachillerato con los Maristas. Cuando termina, en Santiago de Compostela estudia los dos primeros años de Medicina. «Me sorprendió Galicia y me gustó, pese a que llovía todos los días». De allí va a la Universidad Complutense a acabar la carrera. «Madrid fue fenomenal, lo más divertido de mi vida, iba en la tuna y lo pasé muy bien».

Al acabar comienza a trabajar en el hospital de La Paz, un centro que entonces, en 1973, era nuevo y los jóvenes médicos lo solicitaban. «Rotábamos cada tres meses de especialidad. A mí me gustaba la medicina de resultados rápidos, la cirugía». Me cuenta también que su gusto por el arte le lleva a la cirugía plástica aunque, en aquél momento apenas existía en España.

«La especialización en plástica duraba cinco años, además de los cinco de la carrera, eran unos estudios con una base muy amplia», atendían traumatismos, amputaciones y quemados que llegaban de todas partes. Realiza una primera implantación de un brazo seccionado a un pescador de Almería, «me mandaron el brazo en helicóptero y el herido llegó en ambulancia y le reimplantamos el brazo. Estas cosas se las contaba a mi padre y no se lo creía».

Comienza a alternar períodos en EE. UU., donde estas técnicas quirúrgicas iban muy por delante. «Me pasé un año operando a ratas, cosiendo miembros con cirugía microvascular y nerviosa a través del microscopio», recuerda. Según me cuenta esto es la base de lo que ahora se realiza en reconstrucciones de cara.De ahí pasa a la investigación sobre reimplantes de mamas a mujeres operadas de cáncer de pecho. Afirma que «trabajar en este tipo de reimplantes te lleva a ser muy ordenado, se trabaja durante muchas horas con amplios equipos de ginecólogos, psicólogos y el trabajo no te permite ciertos placeres como beber, fumar o tomar café». A su regreso de EE.UU. crea otra unidad de reconstrucción mamaria en La Paz y realiza su tesis doctoral sobre este campo de la cirugía.

Por estas fechas monta su primer centro en Madrid, la clínica Almagro donde, además de la cirugía reconstructiva, también comienza a realizar la estética. «En este primer momento me especialicé en las reconstrucciones mamarias y su vertiente estética con la aplicación de las nuevas siliconas que iban apareciendo». Para llegar ahí le sirvieron todas sus anteriores experiencias. «Hay que pasar muchos años aprendiendo las técnicas básicas para realizar estas operaciones». A partir de 1987, por la enfermedad de su padre, viaja más a Alicante y abre su consulta. «Había escasez de cirujanos plásticos y yo redescubrí Alicante». Compatibilizó unos años su trabajo con Madrid hasta que se afinca en su ciudad natal.

En 2003 comienza el proyecto de su clínica, que acaba en 2005. «Tenía claro el tipo de centro que quería, me costó mucho esfuerzo llevarlo a cabo y lo terminé dos años después. Ante todo soy cirujano, llevo peor esto de ser director del centro». Pero ahí está, en el complicado mundo de la cirugía estética. «Hubo una expansión hace quince años, con una fuerte demanda, lo que ha provocado un cierto intrusismo en el sector», apunta.

Lo cierto es que es un mundo problemático en el que también hay sinsabores, pero él defiende a rajatabla la preparación en su especialidad. «Para cortar hay que ser cirujano, los médicos estéticos son otra cosa, no hay como especialidad» y asegura que se han hecho muchas barbaridades por parte de gente no preparada.

Su clínica tiene una amplia clientela. «Estoy trabajando también con reconstrucciones corporales que se realizan tras una cura de obesidad mórbida» explica mientras me enseña un reportaje publicado en una revista noruega sobre una persona que adelgazó cien kilos y al que se le reconstruyó su flácido cuerpo.

Hablamos de las últimas técnicas de rejuvenecimiento que se hacen con la misma grasa corporal. «Se regeneran los tejidos y hasta la piel brilla», afirma. Es todo un mundo éste de la estética propio de donde nos encontramos. Aquí lo primero que se aprecia es el gusto por el arte.