La inteligencia artificial es capaz de originar su propio big bang

La inteligencia artificial es capaz de originar su propio big bang
FOTOLIA

Científicos crean su propio universo a través de una serie de algoritmos en apenas milisegundos

JOSÉ ANTONIO GONZÁLEZ

La inteligencia artificial es capaz de componer música, escribir libros, ganar partidas de ajedrez y desatar un big bang. Un grupo de astrofísicos estadounidenses han recreado una simulación compleja del universo.

El trabajo del Centro de Astrofísica Computacional del Instituto Flatiron ha permitido generar un modelo en tres dimensiones del universo «increíblemente rápido y preciso». En la investigación, el equipo creó un modelo «extremadamente preciso».

El trabajo desarrollado se llama D3M o Modelo de Desplazamiento de Densidad Profunda. Gracias a este sistema, los investigadores tienen la capacidad de estudiar y comprender cómo se comporta la materia del universo.

La red neuronal proporciona a D3M cerca de 8.000 simulaciones diferentes y tras su entrenamiento por parte del equipo del Centro de Astrofísica Computacional fueron capaces de desarrollar un universo con más de 600 millones de años luz.

El sistema es capaz de ejecutar las simulaciones en aproximadamente 30 milisegundos, mientras que otros simuladores normalmente se toman un par de minutos.El simulador más rápido con el que se contaba hasta ahora tenía un error relativo del 9,3%: D3M presenta sólo un 2,8%.

Así, la inteligencia artificial estadounidense se ha preparado para que los expertos del Instituto Flatiron puedan observar el comportamiento de la gravedad y cómo esta cambiará con el paso de los años.

Según apuntan los expertos, las modificaciones realizadas en el modelo tridimensional se trasladan al instante «permitiendo conocer al instante los cambios realizados».

Pero, eso sí, no saben cómo se ha conseguido: «Es como si a un software de reconocimiento de imágenes se le entrenase con un montón de fotos de gatos y perros, y luego fuera capaz de reconocer elefantes. Nadie sabe cómo ocurre esto, y es un gran misterio que hay que resolver», apunta Shirley Ho, una de las investigadoras del equipo.