La parricida de Godella pide perdón en una carta desde la cárcel

María G. M. en una protesta del 15-M en Valencia. / txema rodríguez
María G. M. en una protesta del 15-M en Valencia. / txema rodríguez

La reclusa comienza a recobrar el contacto con la realidad y envía un gran número de misivas a su pareja donde se disculpa por la muerte de sus hijos

JAVIER MARTÍNEZ VALENCIA.

La presunta parricida de Godella, María G. M., pidió perdón desde prisión en una carta enviada hace unos días a su compañero sentimental y padre de los niños, Gabriel S. C., que continúa encarcelado al considerar el juez que existen indicios de su supuesta participación en el doble infanticidio.

El contenido preciso de la misiva y la frase textual donde muestra su arrepentimiento no han trascendido, pero la joven reclusa se disculpa por la muerte de sus dos hijos de cuatro meses y tres años de edad, según informó una persona allegada a la familia del padre de los niños. La fecha de la carta donde María pide perdón figura en el libro de registro de control de correspondencia, como establece el protocolo establecido para las comunicaciones postales entre internos de una misma cárcel.

Tras tomar la medicación del tratamiento psiquiátrico que se había negado a recibir antes del doble asesinato, la joven comienza a recobrar el contacto con la realidad y evoca tristeza en sus contactos con otras reclusas porque ya sería consciente de los crímenes. María y Gabriel siguen incluidos en el programa de prevención de suicidios en diferentes módulos de enfermería del centro penitenciario de Picassent, donde son custodiados por los funcionarios y los 'presos sombra', nombre con el que se conoce a los reclusos que vigilan a otros internos para evitar que se autolesionen.

El padre incurrió en contradicciones al contar cómo su pareja arrojó a uno de los niños a un aljibe

Días antes de pedir perdón a través de una carta, la presunta infanticida escribió algunas frases en folios sobre el bien, el mal, la misericordia y la compasión. Una de estas extrañas reflexiones afirma textualmente: «En el paraíso de uno mismo, al que todos podemos llegar, existe un orden. Los primeros en entrar son aquellos que cometieron el pecado y se arrepintieron».

María continúa sometida a una estrecha vigilancia por dos internas que realizan labores de ordenanza en el módulo de enfermería. Una de estas presas duerme en una celda contigua y puede ver a la homicida a través de un ventanal de grandes dimensiones. Además, las funcionarias de la planta no pierden de vista a la joven en sus salidas al patio u otras zonas comunes después del incidente que protagonizó el pasado 17 de marzo. Como ya informó LAS PROVINCIAS, María sufrió ese día un brote psicótico y comenzó a propinar puñetazos y patadas a las funcionarias porque no quería entrar en su celda. También mordió a una de las trabajadoras.

Desde que ingresaron en la cárcel y fueron incluidos en el programa de prevención de suicidios, tanto Gabriel como María no pueden tener en sus manos ningún objeto puntiagudo o cortante, como puede ser una cuchilla de afeitar, cuando se encuentran solos en la celda. Solo pueden utilizar estos instrumentos si están acompañados por un 'preso sombra'. Los funcionarios también confiscaron a los reclusos los cordones de las zapatillas y sus cinturones, tal y como establece el protocolo de protección.

Gabriel se ha adaptado mejor que María a la vida entre rejas, suele aprovechar la zona de bienestar del módulo de enfermería para leer libros casi todo el tiempo, está muy pendiente de las noticias en los televisores de la prisión y recibe visitas de su hermano, que lo apoya y cree en su inocencia. Cuando fue informado del asesinato de sus sobrinos, el joven viajó desde Canadá a España para establecerse en Valencia una temporada y amparar a Gabriel en estos momentos tan difíciles para él y para su familia.

El juez de Paterna que instruye la causa decretó el ingreso en prisión del joven de origen belga al considerar que existen indicios de su presunta participación en los hechos criminales. Tras valorar el atestado que resume las investigaciones de la Guardia Civil, el magistrado califica de «inverosímil» la versión que dio el padre sobre la desaparición de sus hijos y señala que adoptó «una actitud pasiva» al no llamar a la policía ni pedir ayuda.

También motivaron la decisión judicial «las múltiples contradicciones» en las que incurrió el investigado cuando relató un suceso acaecido en la casa de campo de Godella. Según Gabriel, días antes de los crímenes, María habría arrojado a uno de sus hijos a un aljibe para acabar con su vida, pero el joven tampoco denunció estos graves hechos y luego refirió diferentes versiones sobre lo sucedido cuando fue interrogado por la Guardia Civil.

Tras el recurso presentado contra el auto de prisión, la Audiencia de Valencia mantiene en la cárcel a Gabriel al considerar que existe riesgo de fuga por su falta de arraigo. La familia y la abogada del investigado consideran que los indicios de culpabilidad son endebles, porque fue la madre quien llevó a la Guardia Civil a las fosas donde estaban enterrados los niños y también confesó varias veces de forma espontánea que ella los mató.

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