El novelista acusado de matar a su amante

Un guardia civil traslada al presunto homicida a un vehículo policial. / guardia civil
Un guardia civil traslada al presunto homicida a un vehículo policial. / guardia civil

El principal sospechoso de un crimen cometido hace 37 años es un escritor de Castellón que nació en un campo de concentración nazi | El juez autoriza extraer ADN al presunto homicida para poder determinar su relación genética con el feto hallado en 1999

Javier Martínez
JAVIER MARTÍNEZValencia

La realidad supera a veces a la ficción y más cuando se trata de una investigación criminal. El hombre acusado de matar hace 37 años a su amante y enterrar el cadáver, Manuel Macarro Thierbach, de 73 años, es un vecino de Castellón y novelista que nació en un campo de concentración nazi en 1945. Abandonado por su madre, Macarro creció en un orfanato alemán del que consiguió escapar con 17 años de edad, llegó a España escondido en un buque mercante, malvivió varios años por las calles de Barcelona, cumplió condena en las cárceles Modelo y Ocaña por varios robos y luego enderezó su vida para crear una empresa con cuatro delegaciones que facturaban 18 millones de pesetas al mes en los años 90.

Después se arruinó «por una traición familiar», según afirma el presunto homicida, y durante un tiempo recogió chatarra en la calle para subsistir, pero volvió a resurgir para afincarse en Castellón y publicar ocho novelas entre 2010 y 2015. Su vida es propia de un guión cinematográfico. Macarro es consciente de ello y por eso escribió una novela autobiográfica donde relata de forma descarnada sus peripecias en Alemania y España. Otros protagonistas de sus libros son un policía jubilado que intenta resolver un asesinato o una joven ajusticiada por un delito que no cometió.

Pero lejos de su ficción, el novelista se enfrenta ahora a una grave acusación: un delito de sangre. Tras ser detenido el pasado martes por un crimen atroz, el asesinato de un disparo en la cabeza de su amante, Macarro proclama su inocencia. La víctima tenía 25 años y estaba embarazada de cinco meses cuando fue asesinada en 1981 en la localidad barcelonesa de Sant Salvador de Guardiola.

Los investigadores de la Guardia Civil están convencidos de que Macarro apretó el gatillo. Él lo niega. El cadáver de Mari Carmen F. M. fue encontrado el 5 de enero de 1999 en una parcela cuando su propietario realizó una excavación para plantar un olivo. La Guardia Civil de Barcelona se hizo cargo de la investigación, pero no logró identificar a la víctima. Después de numerosas pesquisas policiales, el caso dio un giro de 180 grados en noviembre de 2017, cuando una vecina de Madrid acudió a una comisaría de la Policía Nacional para denunciar que desconocía el paradero de su hermana desde el año 1981.

La policía tomó una muestra de ADN de esta mujer e introdujo su perfil en la base de datos de personas desaparecidas y cadáveres sin identificar; y tiempo después, el Departamento de Biología del Servicio de Criminalística de la Guardia Civil encontró una coincidencia con el del cuerpo hallado en 1999 en Sant Salvador de Guardiola. La denuncia y las pruebas de ADN fueron clave para resolver el caso.

Tras identificar el cadáver, los investigadores de la Guardia Civil se desplazaron a Madrid para tomar declaración a la denunciante y supieron entonces que la víctima y Macarro eran amantes en 1981, aunque el hombre vivía en aquel entonces con su esposa y sus tres hijos en Madrid. Desde ese momento, el novelista afincado en Castellón se convirtió en el principal sospechoso del crimen, y más aún cuando los investigadores comprobaron que había alquilado hace 37 años la parcela donde apareció el cadáver.

Pero Macarro se defiende. «Por lógica sería gilipollas si entierro un cadáver a escasos cinco metros de la entrada de mi casa. Teniendo coche como lo tenía entonces, yo lo habría cargado y lo podría haber dejado en cualquier parte para que no me relacionaran», afirmó el novelista poco después de quedar en libertad provisional. «Y lo del disparo que dijo el juez a bocajarro, yo jamás he utilizado un arma, y quizás sea un bicho raro, pero es imposible creer eso. Jamás he pegado a una mujer», añadió. Mientras el presunto homicida escribe las primeras páginas de su próxima novela basada en el crimen de su amante, el juez que instruye el caso autorizó que le extrajeran ADN para determinar su posible relación genética con el feto hallado en 1999.

«De forma voluntaria presté mi conformidad para que pudieran hacer la prueba, pero si el hijo que esperaba Mari Carmen era mío eso no prueba nada. Yo tengo nueve hijos de cuatro mujeres y nunca le puse la mano encima a ninguna de ellas», aseguró Macarro. «Aquella chiquilla no era mi amante. Nuestra relación duró solo unos días o unas semanas», añadió el escritor.