Los huesos hablan: así se investiga un crimen

Los huesos hablan: así se investiga un crimen

La justicia indaga en la Comunitat siete casos de homicidio tras hallazgos de esqueletos

Juan Antonio Marrahí
JUAN ANTONIO MARRAHÍValencia

Un esqueleto emparedado. Este fue el macabro hallazgo de unos albañiles cuando realizaban una reforma en la calle Vicente Zaragozá de Valencia, en Benimaclet. La víctima de un crimen, un hombre, reaparecía cinco años después de su muerte. Ahora sus huesos yacen, meticulosamente ordenados, en una de las salas de la Unidad de Antropología Forense del Instituto de Medicina Legal de Valencia (IML). Sus profesionales han localizado signos y pistas muy relevantes. Ya en manos de la Policía Nacional, encaminan la búsqueda del asesino.

El caso saltó a la luz en marzo. Pero hay muchos más. La aparición de esqueletos es más habitual de lo que parece. Según responsables del departamento, actualmente hay 14 casos de cadáveres esqueletizados en investigación tras diferentes hallazgos en la provincia de Valencia durante 2017 y este año. En siete de estos cuerpos se han hallado evidencias criminales. Tanto José María Ortiz, el jefe de la unidad, como Manuel Polo, antropólogo forense, guardan un rotundo silencio sobre la ubicación, fecha o circunstancias que rodean a estos descubrimientos. «Hay que preservar al máximo la investigación judicial».

La procedencia de restos óseos localizados en tierras valencianas es variadísima: crímenes, personas que fallecieron tras perderse en zonas apartadas o de difícil acceso, indigentes en lugares abandonados, antiguos enterramientos, cadáveres que ha arrastrado el mar, huesos de uso científico que alguien atesoró para luego deshacerse de ellos... Y hasta rituales santeros como el que acabó con huesos de tres personas sumergidos bajo el peñón de Ifach en 2016.

Los cadáveres esqueletizados siguen un estudiado proceso forense. «En primer lugar se toman fotografías y se analizan los restos orgánicos que puedan permanecer adheridos», detalla Polo. Comienza entonces «la fase de maceración a fin de separar los huesos y dejarlos secos y limpios para un examen pormenorizado». Después, rayos X en busca de prótesis, proyectiles incrustados u otros cuerpos extraños que revelen pistas sobre la identidad de la víctima o las lesiones que padeció.

Despejando incógnitas

No todo crimen deja un rastro en los huesos. Por ejemplo, si una lesión de arma blanca o un disparo afecta únicamente a partes orgánicas y el cadáver permanece oculto hasta descomponerse por completo ese homicidio no dejará huellas. No obstante, «la sola recuperación y análisis de restos óseos permite aproximarnos al perfil biológico», recuerda Polo. Se refiere a «la edad de la persona, su sexo, el momento en que murió o su identidad». En los casos de cuerpos indocumentados, poner nombre al esqueleto o resto óseo se logra cotejando ADN con el de familiares de desaparecidos. «O bien gracias a historiales médicos que dejan huella en nuestros huesos: prótesis, antiguas fracturas, intervenciones dentales...», detallan los forenses de la unidad.

Una decena de exhumaciones por bebés robados, sin indicios de delito

Pero no siempre es posible. Hace ya unos años apareció un cráneo en un vertedero de Torrent. Los forenses determinaron que correspondía a una mujer joven, de entre 24 y 26 años, posiblemente de un país de Europa del Este. Y hasta ahí. «Sin documentos, otros objetos junto al cuerpo o una denuncia de desaparición, la identificación se complica», agregan.

El jefe de la unidad, José María Ortiz, y el antropólogo forense Manuel Polo examinan la mandíbula de un caso judicializado. Huesos quemados y medición del grosor óseo. / M. Molines

A la memoria de Ortiz regresa la frase de un profesor de Antropología Forense: «Los esqueletos hablan, pero son un poco tartajas y nosotros, duros de oído». El lenguaje de los huesos cuenta mucho de lo que le sucedió al fallecido. Con la experiencia forense se puede saber si un abombamiento o fractura fue accidental u homicida o si los huesos fueron quemados. Hasta el veneno cala en los restos óseos con signos legibles para los especialistas.

Veinte años

Establecer la fecha de la muerte es prioritario tras los hallazgos de esqueletos o huesos. «Si supera los veinte años el caso ya no tiene interés judicial, al haber prescrito el delito», detalla Ortiz. «En España sólo hay dos sin prescripción, el de lesa humanidad y los crímenes de guerra», aclara.

Vértebras y huesos de extremidades descansan sobre una sábana para su análisis forense.
Vértebras y huesos de extremidades descansan sobre una sábana para su análisis forense. / M. Molines

La Unidad de Antropología Forense nació hace dos años dentro del IML, bajo competencia de la Conselleria de Justicia. Desde entonces 42 casos han pasado por sus manos. Aproximadamente la mitad son homicidios y otras muertes violentas.

El de Benimàmet es el último de los siete hallazgos criminales en menos de año y medio

Pero sus competencias profesionales van más allá. Por ejemplo, han colaborado en exhumaciones relacionadas con la investigación de los niños robados. Son aproximadamente una decena de comprobaciones con extracciones de ADN. «En todos los casos practicados en la provincia de Valencia no se hallaron indicios de sustracción o sustitución», asegura Polo. Es decir, «el bebé que estaba en la tumba o nicho guardaba una relación de parentesco con los padres preocupados por el posible delito. El cuerpo estaba ahí y no había cambio o robo».

Los mejores expertos en huesos también trabajan con vivos. Son los encargados de poner años a aquellos inmigrantes indocumentados cuya edad es una incógnita. Muchos de los que llegan en patera dicen ser menores. Pero no siempre es cierto. Y los huesos no engañan. Hombros, manos, clavícula y dientes hablan de nuestra edad. «Cuando es superior a 18 años no hay duda», explican los forenses. «En determinada etapa de desarrollo sí surgen algunas dudas entre los 17 y 19 años y la edad se estima en esta franja». En estos casos se considera al inmigrante menor a efectos de tratamiento legal. También han ayudado a saber si alguien indocumentado era o no menor en el momento de un delito.

Reconstrucción de una severa fractura craneal tras el hallazgo de un cráneo investigado por la Guardia Civil.
Reconstrucción de una severa fractura craneal tras el hallazgo de un cráneo investigado por la Guardia Civil. / M. Molines

En el ámbito de la odontología forense, prestan servicios de análisis de mordeduras y detección de negligencias o malas prácticas de algunos dentistas. La unidad del IML también está implicada en el protocolo de actuación en exhumaciones de víctimas de la guerra civil y la dictadura.

El misterio del hombre desollado en dos aguas

Nada de ropa. Ningún objeto personal. Esqueleto entero. Este fue el misterioso hallazgo de un grupo de espeleólogos en una sima inexplorada de Dos Aguas. Fue a principios de febrero de 2013 y los antropólogos forenses han trabajado con el caso hasta hoy para llegar a sorprendentes conclusiones: se trata de un hombre que, sin duda, fue víctima de un crimen. Nada menos que un brutal hachazo detrás de la cabeza. Además, «presentaba signos de haber sido desollado por el cuero cabelludo y de sufrir una patología infecciosa compatible con la tuberculosis», desvelan los especialistas. El asesinato no se investigará a nivel judicial. Ha prescrito. Y con creces. La muerte se produjo hace mucho más de 20 años. ¿Cuánto más? Los forenses tienen su impresión personal: «Podría tratarse de un crimen del Neolítico», pero para determinarlo a ciencia cierta haría falta una prueba de carbono 14 para la que buscan financiación, pues cuesta unos 500 euros. Dicha prueba puede aproximar la fecha de la muerte con un margen de error de entre 30 y 80 años. Los análisis precisos que no destruyan los huesos sólo se hacen en el extranjero.

Fotos

Vídeos