La Ertzaintza extrema el control sobre el asesino en serie Ferrándiz tras una denuncia por acoso de su expareja
El hombre condenado por matar a cinco mujeres en los años 90 en Castellón se mudó a Irún y Andoain tras cumplir 25 años de cárcel | El expresidiario ha sido visto dentro de un coche en el entorno de una discoteca
«Nunca volveré a Castellón por respeto a las víctimas. Me marcho al extranjero para no molestar a nadie y poder rehacer mi vida». Joaquín ... Ferrándiz Ventura, conocido como Ximo y 'el asesino del círculo', pronunció estas palabras conciliadoras al salir de la prisión de Herrera de la Mancha, en Ciudad Real, el 22 de julio de 2023. Acababa de cumplir 25 de los 69 años a los que fue condenado por asesinar a cinco mujeres entre 1995 y 1996 en la provincia de Castellón. Sin embargo, Ferrándiz ha faltado a su palabra y ha molestado ya a otra mujer, según informa El Correo.
El expresidiario, que en la actualidad tiene 60 años, no llegó a someterse en prisión al programa de rehabilitación de agresores sexuales seriales. Ferrándiz negó siempre las violaciones de las cinco mujeres, y solo admitió haberlas matado con sus propias manos, e incluso declaró ante la Guardia Civil que había mantenido relaciones sexuales con una de sus víctimas: Amelia Sandra García.
Ya en libertad, se mudó a la localidad fronteriza de Irún en busca del anonimato en septiembre de 2023, según la información que maneja la Ertzaintza. Allí, a pocos kilómetros de Francia, estuvo viviendo de alquiler en un caserío en el barrio de Ventas. Trabajaba en una conocida empresa de mensajería y paquetería, con sede en una localidad guipuzcoana. De Irún, se trasladó en junio de 2024 a Andoain. Ferrándiz ha cambiado de empleo y ahora está contratado por una firma nacional de alimentación, donde ha ido escalando puestos. Conduce un modesto Toyota de color gris en el que fue identificado la última vez por patrullas de la Ertzaintza el pasado miércoles, 22 de octubre, en un control en la N-634, a su paso por el municipio guipuzcoano de Usurbil.
En estos últimos tiempos en el País Vasco ha mantenido una relación problemática con al menos una mujer. Sobre él pesa una orden de alejamiento vigente respecto de una víctima, que fue su compañera de piso y sentimental durante un tiempo el año pasado. Ella le ha denunciado por un delito de acoso y el juzgado abrió un expediente por violencia de género.
La Ertzaintza ha extremado la vigilancia sobre este individuo, calificado en su día como un psicópata integrado y del que se está grabando una serie de ficción para la plataforma Netflix. Durante su larga estancia en prisión, Ferrándiz se caracterizó por un comportamiento «estable y colaborativo». Llegó a compartir patio con los criminales más sanguinarios y mediáticos de los últimos años, como Miguel Carcaño, Tony King, y entabló una estrecha amistad con José Bretón, que mató a sus dos hijos pequeños en un caso de violencia vicaria.
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Pulsión sexual y criminal
Inteligente, educado y «encantador» en el trato, como le describen quienes le han conocido, fuera de la cárcel ha conseguido llevar una vida cotidiana normalizada y alejada de esa otra cara oscura. Pero, enseguida surge una pregunta. ¿Ha logrado controlar su pulsión sexual y criminal tras más de dos décadas entre rejas? ¿Es posible que un depredador sexual como él se rehabilite sin ayuda?
En los años 90, su instinto criminal surgía durante las noches de los fines de semana, cuando salía 'de caza'. Repetía un mismo patrón de conducta. Escogía a sus víctimas tras vigilarlas a distancia cuando salían de discotecas, provocaba accidentes de tráfico en plena madrugada, desinflaba con sigilo las ruedas de los turismos de las chicas y, cuando estas paraban, se acercaba y aprovechaba para ofrecerles ayuda y llevarlas a casa. Cuando las jóvenes, desesperadas, accedían a subir a su coche habían caído en la trampa de un asesino.
Luego llevaba a las víctimas a lugares alejados y las estrangulaba. Sus cuerpos fueron encontrados meses después de las desapariciones en la zona del cauce seco de río Mijares en Vila-real, un un barranco de Oropesa y una balsa de Onda.
Cuatro de los cadáveres estaban ocultos entre la maleza. Las víctimas aparecieron desnudas, maniatadas y amordazadas. Por las autopsias practicadas a los cuerpos, los forenses concluyeron que las estranguló con las manos o la ropa interior, según los casos. Así mató entre 1995 y 1996 a Sonia Rubio, una profesora de inglés de 25 años tras raptarla en una zona de ocio de Benicàsim; a Amelia Sandra García, de 22; Natalia Archelós, de 24; Mercedes Vélez, de 29, y Francisca Salas, de 24.
Después de los cinco crímenes, Ferrándiz atacó a otras dos jóvenes. La Guardia Civil detuvo a Ferrándiz el 29 de julio de 1998. Un grupo de agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) vigilaba al sospechoso desde febrero de ese año, cuando intentó raptar a una chica, que logró escapar con la ayuda de un vecino de Castellón y facilitó a la Policía la descripción del agresor.
Entonces se encendieron todas las alarmas. Una veintena de guardias civiles de paisano comenzaron a seguirlo todas las noches, y en uno de los operativos de vigilancia observaron cómo desinfló una rueda del coche de una víctima para provocar un accidente y raptarla. Días después fue detenido.
Al salir de la discoteca
Tras ser detenido en 1998 por la Guardia Civil, cuerpo que investigó los crímenes de Sonia Rubio y Amelia Sandra García, primero confesó el asesinato de la profesora de inglés, pero terminó admitiendo también los otros crímenes. La Fiscalía llegó a pedir 163 años de prisión para él, pero terminó condenado a 69. Al cumplir 25 años como preso modelo, salió en libertad, auspiciado por un párroco de la prisión.
Ferrándiz está considerado como el primer asesino en serie detenido en España. El término fue acuñado en los años 30. La Policía autonómica teme que pueda volver a repetir su comportamiento del pasado, ya que ha sido visto en el entorno de una discoteca muy conocida de la zona de Irún.
Entre los agentes destinados en comisarías guipuzcoanas cunde la preocupación. En una ocasión, los policías autonómicos comprobaron que Ferrándiz tenía el teléfono móvil encendido y abierto en una web de citas para mayores. Además, el expresidiario llevaba debajo del asiento del conductor un rollo de papel de cocina y había algunos trozos usados en el cajón de la puerta.
La rehabilitación de Ferrándiz
En 2017, cuando Ferrándiz cumplió tres cuartas partes de la condena, el recluso no solicitó su clasificación en tercer grado para disfrutar de permisos penitenciarios. Tampoco tuvo un programa de rehabilitación específico en ninguna cárcel. Ferrándiz no recibió ningún tratamiento psicológico específico entre rejas como él mismo solicitó tras confesar los crímenes.
Un informe de la junta de tratamiento de la prisión de Herrera de la Mancha calificó de bajo el riesgo de reincidencia del asesino en serie, una condición necesaria para que el juez de vigilancia penitenciaria le concediera varios permisos poco antes de que finalizara su condena.
Los psicólogos de la cárcel describieron entonces a Ferrándiz como un hombre tranquilo, responsable, obediente, educado y pacífico, unos adjetivos que ya utilizaron hace tres décadas otros responsables de la clasificación penitenciaria.
Nadie detectó la peligrosidad de este vecino de Castellón, aunque nació en Valencia, tras su primera condena por violar a una joven. Después de que lograra la libertad condicional en 1995 tras una campaña de sus amigos y familiares que defendían su inocencia, Ferrándiz ofrecía garantías de hacer una «vida honrada en libertad», según la sentencia que lo condenó a 69 años de prisión y lo desterró de Castellón otros cinco años a partir del cumplimiento de la pena.
Durante el tiempo que estuvo controlado sólo por una asistenta social, Ferrándiz estranguló a Sonia Rubio, Natalia Archelós, Mercedes Vélez, Francisca Salas y Amelia Sandra, cinco crímenes que cometió entre el 2 de julio de 1995 y el 14 de septiembre de 1996 en Onda, Villarreal y Castellón.
El director del grado en Criminología de la Universidad Internacional de Valencia, Patrick Salvador, considera que se debe hacer «un mayor uso de la figura de libertad vigilada que contempla nuestro sistema penal y penitenciario para supervisar la reinserción» de personas peligrosas por su pasado criminal.
«Nadie, ni los mejores profesionales pueden entrar en la mente de los asesinos en serie, y no tenemos la garantía de que no mientan para conseguir sus fines cuando se someten a los programas de reeducación. Hay que tener en cuenta que muchas veces estamos ante verdaderos psicópatas», afirma Salvador.
Cuando Ferrándiz ingresó en prisión en 1998 no había programas adecuados de reeducación para delincuentes sexuales, según el profesor de la Universidad Internacional de Valencia. «Estos programas se iniciaron en Cataluña y no se implantaron a nivel nacional hasta 2005. En realidad no sabemos qué posibilidad se le brindó a Ferrándiz de poder ingresar en un programa adecuado, puesto que no se había consolidado un adecuado tratamiento penitenciario enfocado a agresores sexuales», añade el criminólogo.
Los programas de reeducación que se ofrecían esos años en las cárceles españolas eran colectivos, y no se atendía a un criterio de individualización. «A los delincuentes con el perfil de Ferrándiz los trasladaban a prisiones como la de Herrera de la Mancha, de modo que se concentraban en un mismo establecimiento penitenciario, creando un entorno claramente perjudicial para su reinserción», añade Salvador.
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