El cuerpo de Fernando Lumbreras presenta señales de asfixia

El equipo de Policía Científica que inspeccionó la escena del crimen en la calle Julián Peña. / J. A. M.
El equipo de Policía Científica que inspeccionó la escena del crimen en la calle Julián Peña. / J. A. M.

La policía trata de reconstruir las últimas horas de vida de la víctima tras tomar declaración a una decena de personas

J. MARTÍNEZ/J. A. MARRAHÍ VALENCIA.

La autopsia realizada al cadáver de Fernando Lumbreras Márquez confirmó ayer la naturaleza homicida de su muerte y las señales de asfixia que presentaba el cuerpo cuando fue examinado por el forense de guardia y la Policía Científica. La víctima tenía también varios golpes, uno de ellos en la cabeza, y estaba bocabajo sobre la cama con las manos atadas a la espalda.

Los vecinos que descubrieron el cadáver siguen consternados sin poder borrar de su memoria la escena del crimen y algunos detalles. «Había manchas de sangre en la cama y las luces estaban encendidas en el pasillo, el comedor y el dormitorio», recuerda una de las mujeres que entró en el domicilio de Lumbreras. «Creo que vimos un móvil encima de una mesa, pero no tocamos nada y salimos de la casa para esperar a la policía en el rellano», asegura la vecina. «La cuerda que ataba sus manos era de color rojo y también llevaba algo en el cuello, pero no recuerdo si era su pañuelo», añade la mujer.

El piso se encontraba revuelto. La policía encontró una banqueta de madera en el suelo y otros indicios de lucha. La puerta no estaba forzada, por lo que todo parece indicar que la víctima dejó entrar en su casa al hombre que le asfixió y golpeó. Lumbreras estaba vestido y no había señales de arrastre en el pasillo ni en la entrada de la vivienda.

Los investigadores tomaron declaración al grupo de personas que entró en el piso, concretamente la puerta 8 de la cuarta planta en el número 9 de la calle Julián Peña, y a dos amigos de la víctima que también acudieron al domicilio, con una preocupación manifiesta, porque Lumbreras no respondía a sus mensajes de WhatsApp ni cogía las llamadas. La aplicación de mensajería instantánea marcaba las 14.15 horas del lunes como la última señal de actividad, un indicio que los dos amigos de la víctima consideraban preocupante.

«Después de dos días sin saber nada de él, creíamos que podría haberle pasado algo malo y por eso decidimos entrar todos juntos», sostiene otro de los vecinos del edificio. Desde la calle, dos de estas personas habían visto que las luces del piso estaban encendidas y suponían que Lumbreras podría estar dentro.

Tras tomar declaración a los vecinos y familiares de la víctima, así como a varias personas más de su círculo de amistades, los agentes del Grupo de Homicidios de la Policía Nacional tratan de reconstruir las últimas horas de vida de Lumbreras. Estas indagaciones son clave para tratar de identificar al autor del crimen en el caso de que alguien lo hubiese visto entrar o salir de la vivienda. Uno de los vecinos interrogados por la policía asegura que subió en el ascensor con un hombre el lunes por la noche hasta la cuarta planta del edificio, donde residía la víctima, y que este sospechoso podría haber entrado en el domicilio de Lumbreras. Como ya informó ayer LAS PROVINCIAS, el hombre podría llevar dos días muerto y el crimen se habría producido el lunes.

Los agentes del Grupo de Homicidios volvieron ayer a la calle Julián Peña para preguntar a los comerciantes si tenían cámaras de vídeo de vigilancia. Los investigadores tratan de identificar a todas las personas que contactaron con la víctima en sus últimos días de vida.

La policía baraja varias hipótesis sobre el móvil del crimen, como un robo o un asunto pasional, y la investigación no se centra en una muerte violenta por homofobia. Lumbreras, un histórico de la lucha por la libertad sexual y los derechos del colectivo de gays, lesbianas, transexuales y bisexuales, se convirtió en los años 80 en cofundador y primer presidente de Lambda en Valencia.

La víctima había recibido amenazas de uno de sus hermanos, y era una persona muy hospitalaria que acogía en su casa a amigos con problemas económicos, como un hombre extranjero y su hijo, aunque el menor y su padre se marcharon hace dos semanas.

 

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