Un adolescente dispara con una escopeta de perdigones contra los niños de un colegio de Málaga

Fachada del colegio Eduardo Ocón de Málaga/F. Silva
Fachada del colegio Eduardo Ocón de Málaga / F. Silva

El supuesto autor, que es inimputable, habría utilizado una escopeta de aire comprimido apostado desde uno de los edificios que rodean el centro donde tiene lugar un campamento

JUAN CANOMálaga

Susto en el campamento de verano que se desarrolla en el colegio Eduardo Ocón de Málaga. Al menos seis niños y dos monitores han sido alcanzados con balines de plomo disparados desde uno de los edificios que rodean el centro educativo, situado en pleno corazón de la barriada de Huelin. La Policía Nacional ya ha identificado al supuesto autor, un menor que, por su edad, ha resultado ser inimputable (tiene menos de 14 años), e incluso ha intervenido la escopeta que habría utilizado, según confirmaron a este periódico fuentes cercanas al caso.

Los hechos sucedieron ayer, a media mañana, cuando los 150 menores inscritos en el campamento disfrutaban del recreo en uno de los patios del colegio vigilados por los monitores. Fueron estos últimos quienes se percataron de que algo estaba pasando al escuchar el sonido de los impactos contra las cristaleras y puertas del centro. «Empezamos a preguntarnos entre nosotros qué era lo que estaba sonando», relata el coordinador del campamento, organizado por la Asociación Trans.

De hecho, en esos instantes iniciales de desconcierto, varios niños se acercaron a los monitores del campamento quejándose de que algo les había picado, por lo que llegaron incluso a pensar que podía tratarse de algún insecto. Sin embargo, no tardaron en salir de dudas. «Una compañera –prosigue el coordinador– empezó a recoger los proyectiles del suelo y nos los enseñó. Entonces, metimos a todos los niños dentro y avisamos a la policía».

En total, al menos seis niños, todos menores de 10 años, y un par de monitoras fueron alcanzados por balines, que resultaron ser de plomo. Recibieron impactos en espalda, costado o piernas, según el caso. Ninguno de ellos sufrió lesiones graves, salvo moratones o alguna erosión. Inicialmente, fueron asistidos por los propios monitores del campamento. «La policía nos aconsejó que, dado que las heridas eran leves, para no alarmar a los padres, esperáramos a informarles cuando recogieran a sus hijos, y que les invitáramos a ir al centro de salud para que les dieran un parte de lesiones por si querían interponer una denuncia», aclara el coordinador.

Alarma entre los padres

Entre los padres cundió cierta alarma, que se extendió cuando el incidente empezó a compartirse en los grupos de WhatsApp de los colegios de la zona. «Algunos niños salieron corriendo desde el comedor hasta los baños por temor a que les disparasen desde alguna ventana», comenta un progenitor, que prefiere mantener el anonimato y que se queja de la poca información que recibieron tras el suceso. «Yo entiendo que nadie está preparado para una situación así, por eso los padres pensamos que no se trata de alarmar, ni tampoco de ocultar; simplemente, informar», añade, al tiempo que asegura que los primeros disparos no se produjeron ayer, sino anteayer, solo que ese primer día no alcanzaron a nadie y tampoco se localizó proyectil alguno. Solo los escucharon. En el ataque de ayer, en cambio, se recogieron al menos ocho balines.

Los responsables del campamento han decidido mantener las actividades programadas, aunque para las exteriores usarán provisionalmente otro patio del centro, algo más pequeño (tendrán que alternar horarios para intercalar los grupos, repartidos por edades), pero que está rodeado de árboles y, por tanto, menos expuesto.