Una trágica coincidencia

Lugar donde se produjo el accidente./
Lugar donde se produjo el accidente.

REDACCIÓNVALENCIA

La Acequia Real del Xúquer vivió ayer una historia que ya conocía bien. Un conductor de 50 años resultó herido con diversas contusiones tras precipitarse a las diez de la noche a la acequia desde la A-7 y desde una altura de siete metros. El hombre se quedó sin gasolina a la altura de Gavarda y quiso cruzar a la gasolinera, pero por falta de luz se precipitó a la acequia, que no llevaba agua, y tuvo que ser rescatado por los bomberos y trasladado al Hospital de la Ribera para que le examinaran las contusiones que presentaba.

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El herido tuvo suerte, porque fue protagonista de una coincidencia que pudo ser mucho más trágica. El 11 de marzo de 2007, hace 7 años y medio, en un accidente idéntico, el picador Antonio Ladrón de Guevara Dávila, de 59 años de edad, falleció al caer en el mismo punto y por el mismo motivo a la misma acequia cuando intentaba llegar a pie a una gasolinera de la autovía de Albacete.

En ese caso, el accidente ocurrió sobre la una y media de la madrugada. El coche en el que circulaban la víctima y un compañero de cuadrilla, Valentín Arenas Sánchez, se quedó sin gasolina, por lo que el picador se dirigió caminando a una estación de servicio cercana tras cruzar la vía.

Pero la oscuridad de la noche le impidió ver el canal situado junto a la antigua carretera Nacional 430. Antonio Ladrón de Guevara cayó desde una altura de cinco metros. El impacto fue brutal. El hombre sufrió heridas muy graves.

Gritos de dolor

Según relató el periodista Javier Martínez, sus gritos de dolor alertaron a su compañero, que acudió de inmediato en auxilio del picador. Valentín Arenas intentó tranquilizarlo con palabras de ánimo y corrió a la gasolinera para pedir ayuda.

Desde la estación de servicio llamaron al teléfono de urgencias 112. Segundos después, el Centro de Coordinación de Emergencias movilizó a la Policía Local de Alberic, Guardia Civil, SAMU y un equipo de salvamento de los bomberos de Alzira.

Los esfuerzos de los servicios de emergencia parecían infructuosos, pues la voz y la vida de Antonio Ladrón de Guevara se iban apagando conforme pasaban los minutos.

Minutos que parecían horas para el compañero del picador. Valentín Arenas contempló con gran tristeza cómo el personal sanitario no conseguía reanimar a su amigo.

Tras ser rescatado por los bomberos, los sanitarios practicaron maniobras de reanimación cardiopulmonar a la víctima. Pero ya era demasiado tarde. El corazón de Antonio Ladrón de Guevara había dejado de latir.

 

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