VIVIR CON EL VIOLADOR DENTRO DE CASA

Los menores víctimas de abusos sexuales se pierden en un laberinto judicial y sufren secuelas que les afectan el resto de su vida

Una niña extiende la mano sobre una ventana. /Óscar Chamorro
Una niña extiende la mano sobre una ventana. / Óscar Chamorro
Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

Silenciados y desprotegidos, los menores víctimas de abusos sexuales se pierden en un laberinto judicial y crecen con secuelas que les condicionan el resto de sus vidas. La voz de aquellos niños se pierde en procesos lentos y discrecionales, que con frecuencia no pasan la fase de instrucción. O que pueden tardar siete años en lograr una sentencia definitiva. En este reportaje habla una víctima que revive la agresión continuada que sufrió hasta los 15 años con flashes que no cesan, la abuela de una niña contagiada de VPH que ha declarado en tres juicios pero a la que los jueces no creen y una madre que decide seguir conviviendo con la familia que abusa de su hija discapacitada para «salvaguardarla» en lo posible.

«La evolución en la defensa de los derechos de las mujeres no se ha trasladado a los niños», mantiene un experto que trabaja en la primera línea de protección de menores abusados, mientras los tribunales juzgan un puñado de casos, que no parecen representar los cálculos de las organizaciones: la quinta parte de la población europea ha sufrido alguna clase de abuso sexual en la infancia. La mayoría de las víctimas españolas, más de una vez y antes de los trece años. La violencia sexual en menores dentro del ámbito familiar se silencia, mientras esos niños desarrollan sentimientos encontrados, inseguridad y trastornos disociativos.