«A veces he negociado fingiendo tener un jefe al teléfono»

Realista.  «El problema del machismo en las empresas son los sesgos inconscientes». / Luis Malibrán
Realista. «El problema del machismo en las empresas son los sesgos inconscientes». / Luis Malibrán

Esta ejecutiva, que figura entre las 50 mujeres más poderosas de España, opina que el secreto del éxito «está en disfrutar» Margarita Álvarez CEO de Working for Happiness

ARANTZA FURUNDARENA

A igual currículum, a las mujeres nos llaman un 30% menos tras una entrevista de trabajo. «Yo he contratado a más mujeres que hombres, pero no fue voluntario», apunta Margarita Álvarez. Esta madrileña de 49 años, madre de tres hijos, es «una de las 50 mujeres más poderosas de España», según Forbes. Alta ejecutiva, productora musical y tertuliana, ha completado un París Dakar y está considerada una experta en felicidad.

-Se ríe mucho. ¿Debo pensar que es feliz?

-Lo intento. He escrito 'Deconstruyendo la felicidad' precisamente para ayudar a saber dónde podemos encontrarla. Hace años creamos el Instituto de la Felicidad de Coca-Cola, empresa en la que trabajé 15 años. La iniciativa pasó luego a 22 países. Viajé mucho y recopilé mucha información.

-Pero no cree en la felicidad absoluta.

-No. Como dicen que dijo Freud... «Para ser feliz hay que ser tonto o hacérselo». El estado de nirvana permanente no existe. La felicidad es algo más profundo y más serio.

-Y hay que currársela.

-Es importante aprender a trabajar nuestro cerebro para que juegue a nuestro favor.

-¿Y que nos diga lo que queremos oír?

-No. Se ha banalizado mucho ese concepto. Pero es cierto que la actitud es fundamental. Yo pasé una enfermedad muy grave hace unos años, también he vivido una dolencia grave de una hija mía y lo afronté con tal optimismo y fortaleza que ahora lo recuerdo como un momento muy bonito.

-¿Hay que repetirse muchas veces frente al espejo que lo vas a conseguir?

-Eso de que todo lo que puedas soñar lo puedes conseguir no es verdad. Mi hijo de ocho años quiere jugar en el Real Madrid. Creo que tiene tantas posibilidades como de que yo gane La Voz... Pero se tiene que esforzar para lograrlo y por el camino a lo mejor le ocurren millones de cosas. Mira Julio Iglesias...

-¿Usted qué metas se puso?

-Nunca las he tenido muy definidas. Pero siempre me he preocupado de que lo que hiciera me llenara. Cuando disfrutas le pones mucho interés y lo haces mejor.

-¿Se siente una mujer poderosa?

-¿Yo? Ja, ja, ja... A mí me llamaron, llegué a casa, vi la revista. Llamé a los tres niños. Y Jaime, que entonces tenía siete años, me preguntó «¿Y tú qué superpoder tienes?», ja, ja, ja...

-¿No se propuso estar en la lista Forbes?

- Ni en mis mejores sueños... De hecho todavía me pregunto cómo ha ocurrido. Yo hay una frase que odio: ¿Dónde quieres estar dentro de cinco años? No tengo ni idea.

-¿Cómo fue su participación en el Dakar?

-Lo hice pilotando un bugui. Y conseguí acabarlo, contra todo pronóstico. Solo éramos dos mujeres. Una portuguesa que llevaba un camión y yo. Fue en 2012, y ya tenía a mis tres 'enanos'.

-Estará acostumbrada a que le llamen 'superwoman'.

-Buf, yo solo hago lo que puedo, alargando al máximo las horas del día. Disfruto con todo. Hace cuatro años me metí en el mundo de la música y ahora soy miembro de los Grammy. Me hice productora por echar un cable. Llevo al flamenco Paco Montalvo. Lo de ayudar es una manía que tengo. Cuando ayudas a otros te metes en la cama con una sonrisa.

-¿Ha tenido que luchar contra el machismo en su trabajo?

-Hace tiempo, trabajando en Corea y Taiwán, llegué a fingir que hablaba por teléfono con mi jefe porque si no la persona que tenía enfrente no habría negociado conmigo. Al ser mujer, no me consideraban a su nivel. Al final mi forma de negociar era esa, inventarme un jefe.

-¿Sigue habiendo mucho machismo en las cúpulas empresariales?

-Vamos mejorando, cada vez estamos más sensibilizados. Pero el problema son los sesgos inconscientes que tenemos. Eso lo evitaría el currículum ciego. Nadie piensa realmente que las mujeres valen menos, pero los jefes tienden a rodearse de las personas que les son más afines. Y como los jefes suelen ser hombres...

-¿Usted entonces ha contratado a más mujeres?

-Diría que he contratado a un 60% de mujeres. Pero no ha sido voluntario. No tengo ningún mérito. He oído mucho eso de «Eres la primera mujer que...». Me siento una privilegiada. Por eso empiezo a pensar que quizás tenga la responsabilidad de empujar un poco más, de abrir puertas a más mujeres, porque si no el avance es muy lento. Mi forma de luchar ha sido siempre esforzándome. No me gusta el victimismo. Pero luego pienso que hay mujeres haciendo habitaciones de hoteles, que no están en mi situación. Y yo por esa mujer mato.