Una tromba de treinta litros inunda calles, garajes, comercios y túneles en Valladolid

Varios coches circulan sobre balsas de agua en el centro de Valladolid. / SONIA QUINTANA

El aguacero ha anegado todos los pasos subterráneos y causó decenas de salidas de los Bomberos de la ciudad

J. SANZValladolid

Las previsiones no se equivocaron y a primera hora de la noche de este martes, con la alerta amarilla activada por este motivo, se desataron los infiernos en Valladolid. Los rayos iluminaron el cielo de la capital vallisoletana en los minutos previos a las nueve y diez para anunciar lo que iba a ocurrir a partir de ese instante. Una tromba de agua y granizo, que en los primeros minutos llegó a descargar cerca de diez litros por metro cuadrado -después continuó jarreando durante más de media hora- y que vino acompañada de fuertes rachas de viento, comenzó a caer sin piedad para anegar literalmente media ciudad. Y no solo calles y túneles (Labradores, Vadillos...), como es habitual, sino que calles como Esgueva, Platerías o Juan García Hortelano (Parquesol), entre otras decenas, se han convertido en auténticos ríos en los que se vieron atrapados temporalmente viandantes y conductores. Así le ocurrió a Noé Peña, un joven gallego que se quedó atrapado al volante de su coche, un Peugeot 307, en mitad del túnel de Labradores y que tuvo salir por sus medios cuando el agua cubría ya el vehículo.

Las manecillas del reloj corrían lentamente durante un aguacero que en pocos minutos anegó pasos subterráneos, como el ya mencionado, además de los de San Isidro y Vadillos -tuvieron que cortarse al tráfico- e, incluso, el recién inaugurado paso peatonal de Pilarica. La riada dejó balsas de agua que anegaron literalmente las calles del centro, convertidas en auténticos ríos, ante la incredulidad de vecinos y comerciantes, que veían cómo el agua llegaba a colarse en garajes y locales.

El aguacero amainó ligeramente en torno a las nueve y media, aunque continuó lloviendo hasta dejar una insólita cantidad de 34 litros por metro cuadrado en una hora, entre las 21:10 y las 22:10. «Estamos absolutamente desbordados», reconocían para entonces bomberos y policías locales, que recibieron decenas de llamadas de todos los puntos de la ciudad para acudir a achicar agua. Tanto es así que el Servicio de Extinción de Incendios tuvo que activar el retén de guardia para reforzar las plantillas de sus parques. Al filo de las diez de la noche enviaron un mensaje en las redes sociales en la que rogaron a los afectados que «solo alertaran en caso de urgencia» y que tuvieran «paciencia» ante la imposibilidad de poder acudir a todos los puntos en los que eran requeridos.

Algunos conductores tuvieron que abandonar sus vehículos en puntos habituales como las calles del entorno del estadio, donde media docena de coches quedaron atrapados en mitad de las balsas de agua. La situación más singular, entre otras mil, se produjo en el también recién inaugurado aparcamiento subterráneo de la Plaza Mayor, en el que llegaron a permitir la salida de vehículos por la rampa de la calle Manzana al quedar prácticamente anegado.

La noche está siendo larga para los efectivos de los servicios de emergencia y para los vecinos, comerciantes, empresarios y conductores que han visto cómo el agua se colaba en sus negocios, casas... Los 34 litros por metro cuadrados caídos en una hora en la capital, y los que continuaron cayendo después, superaron la cantidad habitual prevista para todo el mes de septiembre (31).

El aguacero no solo alcanzó la capital sino multitud de puntos de la provincia, desde Íscar a Matapozuelos o Aldeamayor, donde tuvieron que cortarse carreteras y los Bomberos, en este caso de la Diputación, también se multiplicaron para achicar aguas de casas, locales y garajes.

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