Taiwán se queda sin emoticono

Tres jóvenes chinas se hacen selfi con una un Iphone, en la semana de la moda de Shanghái. / Z. A.
Tres jóvenes chinas se hacen selfi con una un Iphone, en la semana de la moda de Shanghái. / Z. A.

La actualización del sistema operativo de iPhone deja al descubierto la connivencia de Apple con la censura de China

ZIGOR ALDAMA SHANGHÁI.

Los emoticonos se han convertido en una forma de comunicación tan efectiva como las palabras. O más. Ya sea una cara amarilla que se carcajea, una sevillana bailando o una hez sonriente, estos pequeños dibujos son ya parte indispensable de las aplicaciones móviles de mensajería instantánea. Y ahí radica la razón de que el catálogo de emoticonos haya ido creciendo sin parar. Basta darse una vuelta por WhatsApp para encontrar dibujos de todo tipo. Y también las banderas del mundo.

No obstante, hay una enseña que los usuarios de iPhone en China no recibirán nunca: la de Taiwán. Es más, hasta el pasado lunes, cuando Apple envió la última actualización de su sistema operativo, iOS, sufrían el bloqueo aparentemente aleatorio de sus teléfonos móviles. En el momento en el que recibían o enviaban un mensaje, el sistema se bloqueaba. Y nadie entendía por qué.

Fue un programador especializado en seguridad, Patrick Wardle, quien buceó en las líneas de código del 'software' y resolvió el misterio: una de ellas estaba mal redactada y hacía que el aparato dejase de funcionar. Pero no era una línea cualquiera, sino la que el gigante tecnológico había introducido para evitar que quienes hayan registrado sus iPhone en China puedan enviar o recibir la bandera roja y azul, tocada con un sol blanco, de la isla cuya soberanía reclama Pekín. Apple ha aprovechado la actualización para remediar el problema, pero ha quedado en evidencia su connivencia con el régimen chino.

El software impedía a dueños de iPhone en China enviar o recibir la bandera taiwanesa

El asunto resulta sorprendente porque la multinacional se ha vanagloriado de no ceder a la presión de las autoridades. Por ejemplo, se ha negado a abrir una 'puerta trasera' que permita acceder a los móviles de quienes sean sospechosos de haber cometido crímenes, y su actualización hará todavía más difícil que los gobiernos husmeen en los datos de sus usuarios. No obstante, la revelación de Wardle deja en evidencia el doble rasero de Apple, que sí acata la censura de China para agradar al régimen y abrirse camino en el país que ya es su segundo mayor mercado.

Apple también decidió hace unos meses llevar al gigante asiático los servidores en los que se guardan los datos de sus usuarios chinos, y a los que el Partido Comunista tiene el acceso que le garantizan las leyes locales. Pero la revelación llega en un momento delicado. China está enfrascada en una ofensiva para borrar a Taiwán del mapa y ha amonestado a varias empresas -incluidas aerolíneas- que listaban a la antigua Formosa en sus páginas web como el país independiente que es 'de facto'.

Algunas ya han claudicado, y Taipei, como era de esperar, ha protestado su inclusión como parte de China. Estos embrollos confirman un hecho: el incremento del poder económico del Gran Dragón se traduce también en influencia política y puede quebrar los valores de casi todas las empresas y gobiernos. La excepción es Google, que se negó a censurar sus resultados y continúa vetada en China.

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