La segunda vida de L'Aquila

La segunda vida de L'Aquila

Diez años después del terremoto que dejó 309 muertos,la ciudad italiana trata de recuperar la normalidad aunque el fin de la reconstrucción quede todavía lejos

Para Stefania Luce, encontrar en los diarios de medio mundo una foto en la que se le veía con el rostro magullado y la mirada perdida mientras, a su espalda, su hija Sara, de 7 años, dormía con varios apósitos sobre la cabeza fue como recibir un segundo golpe. El primero, en sentido literal, se lo llevó el 6 de abril de 2009 cuando, a las 03.32 horas, la tierra comenzó a temblar en L'Aquila, la ciudad del centro de Italia donde vivía junto a su niña y su marido. Después de varios días de avisos con temblores menores, en la madrugada de aquella jornada de la que mañana se cumplen diez años se produjo uno de los terremotos más graves de la historia reciente de Italia. Alcanzó una magnitud de 5,9 grados y dejó 309 muertos, 1.600 heridos y más de 80.000 personas sin hogar, devastando todo el centro histórico de esta ciudad, capital regional de los Abruzos, conocida por ser un animado centro universitario que atraía a alumnos de todo el país. 55 de los fallecidos eran precisamente estudiantes, ocho de los cuales perecieron en una residencia mal construida.

La imagen de Stefania y Sara, que dormía en una camilla en una clínica de campo levantada a toda prisa frente al hospital San Salvatore, que resultó dañado por el seísmo, se convirtió en uno de los iconos de la tragedia. La tomó el fotógrafo de ANSA Massimo Percossi. «Recuerdo la confusión, la gente que gritaba y no sabía qué hacer y los médicos que hacían lo posible para ayudar a todos», recuerda a la citada agencia Stefania diez años después de la tragedia. Como otros muchos desplazados, esta mujer tuvo que vivir con su marido y su hija durante meses en la costa adriática hasta que pudieron mudarse a la casa de unos familiares en un pueblo cerca de L'Aquila. Luego pasaron a otro alojamiento en la ciudad y ahora esperan que, antes de final de año, puedan finalmente mudarse a su antigua vivienda, que está siendo reconstruida siguiendo los criterios antisísmicos.

«Me quedé estupefacta cuando vi mi cara en el 'Sun'. Tenía un aspecto nada agradable y tampoco me ayudaba que la gente me señalara en el supermercado», reconoce Stefania. Luego se dio cuenta de que la imagen mostraba vida y no un luto, por lo que dejó de molestarle y acabó aceptándola. Incluso ha aceptado posar diez años después junto a su hija Sara. «L'Aquila es diferente a como era antes, pero vuelve a haber un poco de vida. Poco a poco está renaciendo. Puede volver a ser una ciudad para los jóvenes, como antes del terremoto, una ciudad universitaria», cuenta la joven, que este año cumplirá 18. Pese a que vive en una urbe medio vacía, llena de grúas y que se considera la obra más grande de Europa, ve el futuro con optimismo. Tras salvarse de milagro y pasar más de media vida de un lugar a otro por culpa del terremoto, es consciente de que lo peor, probablemente, ya ha pasado.

«Recuerdo la confusión, la gente que gritaba y no sabía qué hacer»

Testimonio de renacimiento

Lo mismo le ocurre a Fausto Rosa y Luca Chiappini, dos de los chicos que han actuado en la serie de seis capítulos que emitirá la Rai, la radiotelevisión pública italiana, con motivo del décimo aniversario del seísmo. Su director, Marco Risi, ha querido grabar «una película larga por episodios» para ofrecer un testimonio «de renacimiento» en la que los protagonistas son los propios chicos de L'Aquila. «El rodaje ha sido emotivo, no me lo esperaba -confiesa Fausto, que tenía 6 años en 2009-. Yo era pequeño y aquella noche mi madre me puso una sábana sobre la cabeza y me sacó de casa. Se había ido la luz y sólo había oscuridad». Luca, que tiene hoy 14 años, recuerda que el día del terremoto estaba en la vivienda de sus abuelos. «Cuando comenzaron las sacudidas estaba durmiendo y no me enteré. Mi abuelo me sacó de la cama diciéndome que no me preocupara, porque era todo culpa de un viento fuerte. Durante un tiempo me quedé con la idea de que había sido todo culpa del viento. Luego me di cuenta de que L'Aquila ya no era la ciudad feliz que yo conocía».

Queda todavía tiempo para que Stefania, Sara, Fausto, Luca y el resto de habitantes de la capital de los Abruzos recuperen del todo una cierta normalidad en sus vidas. Los edificios privados están reconstruidos ya en un 75% y se espera que concluyan antes de 2024, pero las obras públicas van mucho más retrasadas. Antonio Provenzano, responsable de la oficina especial encargada de la reconstrucción de la ciudad, explica que habrá que esperar hasta 2021 para llegar al fin de la fase de tramitación de todos los trabajos de rehabilitación que aún tienen que desarrollarse en los edificios públicos. La cuenta por pagar es alta: se estima que hacen falta unos 6.000 millones de euros para costear las obras necesarias para sanar las últimas heridas urbanas del terremoto de L'Aquila.

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