La mal llamada 'viagra femenina' se inyecta y tiene efectos secundarios

La mal llamada 'viagra femenina' se inyecta y tiene efectos secundarios

EE UU aprueba la mal llamada 'viagra femenina'; es inyectable y estará disponible en septiembre. Los expertos creen que la lucha contra el bajo deseo sexual de las mujeres es «imparable», pero que el fármaco está poco probado y tiene efectos secundarios

ANTONIO CORBILLÓN

Los dos empiezan por V. Ambos generaron miedo, rechazo y controversia cuando se presentaron. Pero ahí se acaban las similitudes. El Viagra masculino cumplió dos décadas de éxito el otoño pasado. En este tiempo, se calcula que lo han usado cerca de 70 millones de varones en el mundo, y en España ha ayudado a hacer más satisfactorias unas 50 millones de relaciones sexuales. Hace unos días, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, en inglés) de Estados Unidos ha dado el visto bueno a Vyleesi, un fármaco que se oferta para luchar contra la anafrodisia femenina, el trastorno del deseo sexual, que lo padecen entre el 12 y el 16% de las mujeres, en especial en la etapa premenopáusica.

Los expertos admiten que no van a poder luchar contra la forma de llamarlo en la calle o en los medios de comunicación: ya es 'la viagra femenina'. También están todos de acuerdo en que es un término radicalmente incorrecto. «No tienen nada que ver, ni por el objetivo ni por la acción. El Viagra no influye en el deseo sexual. Es un vasodilatador. Mera fontanería», explica de forma gráfica el doctor Carlos San Martín, secretario de la Sociedad Española de Salud Sexual. «No, no se parecen en nada. Vyleesi actúa a nivel cerebral, no periférico, como el Viagra», completa la doctora Francisca Molero, presidenta de la Federación Española de Sociedades de Sexología.

El caso es que Vyleesi llegará a las farmacias de Estados Unidos en septiembre, aunque aún no se sabe cuál será su precio. Se trata de una versión mejorada de Addyi, su precedente, que fue aprobado en 2015 y ha cosechado un completo fracaso. La FDA calcula que no se dispensan más de 3.000 recetas al mes en todo el país. Calaron entre las pacientes los argumentos de sus opositores, que hablaban de «más inconvenientes que ventajas». Es una pastilla que hay que tomar todos los días y es incompatible con el alcohol, bajo riesgo de desmayos.

Carlos San Martín formó parte del comité asesor internacional que analizó su posible extensión a otros lugares, en especial a la Comunidad Europea. «Me convertí en el 'Pepito Grillo', porque siempre vi más impedimentos que otra cosa», insiste. La realidad le dio la razón. Al poco de salir a la venta, el medicamento fue adquirido por la farmacéutica Valeant por mil millones de dólares (unos 850 millones de euros). En 2017, se lo revendió a su creador por un precio muy inferior.

Ahora, la multinacional AMAG Pharmaceuticals, con sede en Waltham (Massachusetts), anuncia este nuevo fármaco con el reclamo de que ofrece algunas ventajas para superar los recelos de su precedente. Vyleesi, también conocido como bremelanotida, es una pluma inyectable que se usa entre 20 y 45 minutos antes de mantener relaciones sexuales. Ya no necesita tomarse de forma continua y es compatible con la ingesta de alcohol. Pero el fabricante también advierte de que no debe aplicarse más de una dosis cada 24 horas, y nunca más de ocho por mes.

Náuseas y vómitos

Sin embargo, la fase de pruebas clínicas entre pacientes norteamericanas reflejó un elevado número de efectos secundarios: el 40% de las usuarias sintió náuseas, vómitos o enrojecimiento en el lugar del pinchazo. Un 20% de las mujeres sometidas a los test decidió abandonar el ensayo. Y otro 8% también lo dejó debido a los dolores de cabeza. Además, su consumo aumenta la presión arterial. «Yo no se lo daría a quienes padecen hipertensión», advierte San Martín.

Desde la Federación Española de Sociedades de Sexología son un poco más optimistas. Su presidenta cree que se está aplicando un «doble rasero» a la hora de analizar el futuro de un fármaco que ayude a mejorar la sexualidad femenina. «Todos los medicamentos tienen efectos secundarios -argumenta la doctora Molero-. No es que Vyleesi sea un fármaco ideal, pero abre una ventana para seguir investigando y mejorar».

Los expertos coinciden en que los tratamientos para las disfunciones sexuales deben ir acompañados siempre de mucha pedagogía. Tanto para hombres como para mujeres. Pero, en el caso de estas últimas, el deseo sexual y sus fracasos «están muy ligados a factores psicológicos, por lo que todo resulta mucho más complejo», explica San Martín, que pertenece también a la directiva de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen). En su opinión, «o se desarrolla algo casi afrodisíaco o será muy complicado abordar lo emocional». Su colega Francisca Molero considera que «todas las novedades que tratan el bajo deseo sexual femenino están condenadas a la polémica, como si la mujer no tuviera cuerpo». Pero coincide en que «siempre deben ser tratamientos combinados con las terapias sexuales y psicológicas que se les indiquen, porque el abordaje solo puede ser global pero desde lo individual».

La fórmula de Vyleesi activa los receptores de melanocortina. Su objetivo es tratar el trastorno del deseo sexual hipoactivo. Funciona aumentando la dopamina, sustancia química cerebral relacionada con la capacidad de respuesta sexual. Para probar sus resultados se realizaron dos ensayos aleatorios entre 1.247 premenopáusicas, uno de ellos con un tratamiento placebo. Las que se pincharon Vyleesi lo hicieron no más de tres veces al mes, ni más de un vial a la semana. Un 25% notó un aumento de apetito sexual. Y un 35% sintió reducirse la sensación de angustia ligada al bajo deseo.

Pero la propia agencia oficial, la FDA, admite que «el mecanismo por el cual mejora el deseo sexual y reduce la angustia que lo puede acompañar es desconocido». El profesor de la Escuela de Salud Pública Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins Bruce Y. Lee, que ha hecho uno de los primeros análisis globales del nuevo producto, concluye que «quedan muchas más preguntas que respuestas».

Ni ensayos, ni debate

De hecho, la FDA no ha llamado a sus comités científicos para debatir de forma pública los méritos del fármaco. La compañía AMAG, que ha pagado 300 millones de dólares (más de 250 millones de euros) al laboratorio que ha desarrollado su fórmula, tampoco ha publicado los resultados completos de sus ensayos clínicos.

¿Podría aprobarse en Europa? El sexólogo Carlos San Martín, que se mostró muy escéptico con su predecesor, el Addyi, mantiene sus reservas: «Con estos estudios no se aprobaría en Europa. Me ha sorprendido el permiso actual con el escaso nivel de resultados y de mejora de la libido femenina». Molero apunta a un recorrido más largo. Sostiene que «saldrán éste o más fármacos porque la sanidad sexual necesita un abordaje global y la demanda será imparable. Algo así llegará a Europa en breve».

La directora de la Red Nacional de Salud de las Mujeres de Estados Unidos, Cindy Pearson, instó a no usar Vyleesi y reclamó a la FDA que no solo haga «una investigación cuidadosa, sino que la comparta con nosotras». Pero los datos respecto a esa demanda creciente de la mujer para sus dificultades sexuales le da la razón a Molero. AMAG lleva desde principios de 2019, meses antes de que se aprobara su inyectable, con campañas en sus redes sociales para que las mujeres se pronuncien sobre sus trastornos sexuales. Ya ha recibido cerca de tres millones de visitas virtuales.

La anafrodisia o bajo deseo sexual afecta al menos a entre un 12 y un 16% de las mujeres de cualquier edad, dígitos que se multiplican con la fase menopáusia. Tasas similares a las del mundo masculino y a las que se ha enfrentado con éxito el Viagra.