Vithas Nisa Valencia

El estrés crónico, la gran pandemia del siglo XXI

El estrés crónico, la gran pandemia del siglo XXI
Parece algo habitual hoy pero no debería serlo. El estrés permanente puede socavar gravemente el estado físico y mental y llevar a una importante discapacidad, por lo que se debe diagnosticar precozmente y actuar rápido.
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El estrés es necesario para vivir. De hecho, muchas veces se convierte en el empuje que hace avanzar e, incluso, que permite sobrevivir en situaciones límite. Sin embargo, en los últimos años se está cruzando una peligrosa frontera que ha convertido lo que debería ser un estímulo sano en algo patológico y que conlleva uno de los grandes males del siglo XXI: el estrés crónico.

«El estrés desencadena un estado de alerta en el ser humano que, en numerosas ocasiones, le resulta beneficioso; el problema surge cuando se cronifica y la persona vive en una permanente alerta porque el sistema nervioso no es capaz de desactivar esa alarma. Es entonces cuando hablamos que la persona puede estar en riesgo de padecer un trastorno por estrés que se manifiesta con ansiedad, depresión o somatización», explica el doctor Augusto Zafra, psiquiatra director de IVANE SALUD y responsable de la Unidad de Salud Mental y Psiquiatría Hospitalaria en el Hospital Vithas Nisa Valencia al Mar y de la Unidad de Desintoxicación y Patología Dual en el Hospital Vithas Nisa Aguas Vivas«.

Esa situación está relacionada con el ritmo de vida actual y la cultura vigente en los países occidentales, donde las cadencias laborales son vertiginosas, las incertidumbres familiares constantes y donde, para complicar aún más el escenario, han irrumpido con fuerza las nuevas formas de comunicación y de relacionarse con las nuevas tecnologías. Y es que, según desvela el doctor Zafra, el uso de los smartphoned y tablets «provoca unos estímulos cerebrales muy poderosos que provocan un bombardeo incesante en nuestro sistema nervioso, a todas horas y todos los días, generando una auténtica hiperestimulación en nuestro cerebro».

Además, aunque todavía hay quien piensa que el estrés crónico sólo afecta a personas con personalidades débiles, no hay nada más lejos de la realidad. «No tiene nada que ver -asevera el especialista-; es un proceso acumulativo en el que el cuerpo y la mente dicen basta. Y eso es algo que puede ocurrirle a cualquier persona en cualquier momento». De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) espera que en 2025 la depresión, que en muchos casos puede venir precipitada por vivencias acumulativas y que causan un estrés persistente, sea la mayor causa de incapacidad en el mundo, un dato cuanto menos alarmante y que exige respuestas inmediatas.

Los síntomas de este gran mal de nuestros días son comunes: insomnio, ansiedad, depresión, desórdenes alimenticios, preocupación obsesiva, comportamientos adictivos –que se utilizan como vía de escape para huir de ese estrés– y molestias somáticas entre las que destacan, las contracturas musculares, las lumbalgias, las cefaleas o los problemas gastrointestinales. De hecho, lo usual es que los pacientes busquen ayuda médica no porque sean conscientes de que sufren una situación de estrés crónico, sino porque ya no pueden lidiar más con alguna de sus consecuencias. «Llegan superados por algún síntoma, habitualmente el insomnio o la ansiedad, o bien por alguna de sus manifestaciones: porque se sienten tristes de manera permanente o la irritabilidad los domina cada día y a todas horas», cuenta el facultativo.

En estos casos el abordaje terapéutico es fundamental, «puesto que podemos pasar muy rápido de una afección sencilla y fácilmente tratable a un problema crónico de gran resistencia«. Y es que el pedir ayuda a tiempo es imprescindible para obtener la mejor recuperación y que ésta sea temprana. En caso contrario, el estrés puede convertirse en una patología y amenazar el bienestar físico además del mental al derivar en dolencias como la gastritis, el síndrome del colón irritable, la dermatitis, la depresión o incluso en crisis hipertensivas que pueden llevar a un infarto.

La importancia de buscar un asesoramiento terapéutico

Actualmente, los síntomas derivados de los trastornos por estrés crónico deben ser identificados de forma precoz, realizar un diagnóstico preciso e iniciar el tratamiento más idóneo en cada caso, que generalmente precisa un abordaje terapéutico integral, psicológico intensivo y psicofarmacológico.

La Clínica de Desintoxicación de Hospital Vithas Nisa Aguas Vivas de Carcaixent (Valencia) y de la Unidad de Salud Mental y Psiquiatría Hospitalaria de Hospital Vithas Nisa Valencia al Mar propone precisamente el abordaje integral de este tipo de trastornos bajo un modelo biopsicosocial, completamente personalizado e individualizado, porque «la respuesta tiene que ser diferente según los pacientes y sus necesidades», defiende Augusto Zafra.

Doctor Augusto Zafra
Doctor Augusto Zafra

Lo más importante es siempre ayudar y dirigir al paciente para que modifique sus hábitos de comportamiento y fortalezca sus mecanismos de afrontamiento, además de acompañarlo a la hora de afrontar la situación que ha cronificado ese estrés. De otra forma, advierte el doctor Zafra, «la patología permanecerá y la solución será momentánea pero no definitiva«.

En líneas generales, el proceso consiste en ayudar al afectado a modificar sus costumbres, evitar los factores que desencadenan su estrés y sustituir sus hábitos por otros más saludables que lo ayuden a afrontar el problema no sólo de manera puntual, sino permanente. «Si no se detecta el origen de ese estrés y se le hace frente», destaca el especialista, «el problema resurgirá una vez tras otra en períodos en los que el paciente se ve sometido a una actividad intensa o a unos horarios apretados». Así que es imprescindible descubrir cuál es la fuente de ese desasosiego y cambiar la forma de actuar ante esas situaciones para hacerles frente de una forma sana y respetuosa con uno mismo.

Otra de las claves es conocer a la perfección la red social y familiar de que dispone el paciente para saber cuáles son sus puntos de apoyo o sus carencias y, por supuesto, contar con el compromiso firme de quien padece el estrés crónico a la hora de revertir la dolencia. «Es fundamental -dice Augusto Zafra- porque, si el paciente no quiere modificar los comportamientos que le resultan dañinos, será casi imposible lograr una mejoría satisfactoria, de ahí que hagamos tanto hincapié en que el afectado tome conciencia de qué le sucede, de cuál es el problema y de cuáles son los mecanismos que ponemos a su alcance para que acabe con esa situación y recupere de nuevo su libertad vital».

El tiempo que le llevará el proceso de curación varía en función de cada caso y cada paciente, así como del grado de afección del estrés y de su cronificación. No obstante, se trata de un tratamiento evolutivo en el que la observancia terapéutica es siempre más intensa al principio para, conforme el paciente avanza, espaciar cada vez más las visitas hasta que éstas se conviertan en una mera supervisión médica.

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