«Nos miró como dándonos las gracias antes de irse»

Eduardo Acevedo, en su domicilio de Tenerife. :: E. A./
Eduardo Acevedo, en su domicilio de Tenerife. :: E. A.

El fotógrafo submarino Eduardo Acevedo denuncia el drama de las tortugas bobas en aguas canarias

T iene 47 años y lleva más de treinta explorando el mar. Es su pasión, su medio. Allí, Eduardo Acevedo se mueve como pez en el agua y se deja llevar por la vida submarina, misteriosa y sorprendente a partes iguales. Cámara en ristre, bucea a pulmón abierto hasta que el cuerpo aguanta. Cada inmersión es una aventura para este profesional tinerfeño de la fotografía subacuática. «A veces, después de seis o siete horas de navegación me vuelvo con las manos vacías», admite. En un año puede disparar más de 5.000 fotografías, aunque solo tres o cuatro son «carne de concurso».

Supo que lo era la que hizo hace dos años desde el primer momento. Decidió presentarla al Underwater Photographer on the Year, uno de los certámenes internacionales de fotografía submarina con más repercusión mediática. Su olfato no le falló y, tal como deseaba, aquella impactante imagen de un tortuga boba atrapada en una red de pesca abandonada resultó galardonada. «Lo tenía todo. Técnicamente era impecable, porque las condiciones del agua eran muy buenas, estaba limpia y había buena luz; además, el animal estaba en buen estado», detalla.

Por esas razones, ha obtenido el primer premio de la categoría Conservación Marina, que no tiene remuneración económica pero sí el reconocimiento al trabajo bien hecho con un viaje de diez días a Filipinas. Satisfecho con el premio, Acevedo confiesa que no es el que más ilusión le ha hecho, «aunque debo admitir que escuchar a Matías Prats pronunciar tu nombre en el telediario es realmente impactante; eso sí que me hizo ilusión».

Un encuentro «no casual»

Cuenta Acevedo a este periódico que aquel día salió «al azul» (así se refiere cuando se sumerge en mar abierto) como otros muchos días a ver qué encontraba. «No fue un encuentro casual», recalca. Fue a 13 millas mar adentro cuando este fotógrafo se topó con la escena. «Es frecuente ver tortugas bobas en aguas canarias, procedentes de Mauritania, Cabo Verde y el Caribe; muchas mueren al ingerir anzuelos o quedar atrapadas en mallas. En aquella ocasión, descubrimos este ejemplar (de unos 40 kilos de peso) que no podía escapar. Decidimos fotografiarlo para denunciar el drama que sufre esta especie en su tránsito por los océanos. Tardamos apenas diez minutos. Luego, tras comprobar su buen estado de salud, la liberamos. Pero no salió huyendo; como si quisiese agradecernos el gesto, nos miró antes de emprender su viaje de nuevo».

Acevedo denuncia los peligros que acechan a estos ejemplares en sus largas travesías, que pueden prolongarse hasta quince años. «Lo que aún desconoce la ciencia es qué extraño GPS tienen en su organismo que les permite regresar a la playa donde nacieron... Si sobreviven, claro».