«Maté a la persona a quien quería por amor»

Robert y Charlee, en años más felices. / R. V.
Robert y Charlee, en años más felices. / R. V.

Robert Vandamm cooperó en el suicidio de su pareja para aliviarla de la fibromialgia que padecía

TONY BRYANTTORREMOLINOS.

Robert Vandamm, un ciudadano holandés residente en la Costa del Sol, acaba de pasar los peores años de su vida. Todos los días sufre 'flashbacks' devastadores y fuertes sentimientos de culpa. En octubre de 2018 Robert fue condenado por la cooperación al suicidio de su pareja, un delito que conlleva una pena de cárcel en el Código Penal. Ha decidido contar su historia ahora después de leer el reciente caso de Ángel Hernández, que fue detenido por ayudar a morir a su mujer en Madrid. Hernández, que reconoció los hechos, está en libertad mientras investigan su caso. Robert no tuvo que pisar la cárcel. Fue condenado a seis meses con suspensión de pena de dos años. Incluso estando en libertad nunca se sentirá libre del sentimiento de culpa por su papel en la muerte de su pareja en 2014.

Nacida en Amberes, Bélgica, en 1961, Charlee d'Anvers tenía 33 años cuando conoció a Robert. Durante la mayor parte de su vida de adulto había sufrido fibromialgia, una enfermedad crónica que causa dolor en todo el cuerpo, además del síndrome de fatiga crónica, dos afecciones que limita la capacidad de hacer actividades normales diarias.

La pareja, que compartía día de cumpleaños, se conoció en Amsterdam a mediados de los años noventa. Después de dos años, la salud de Charlee empezó a empeorar y sufrió fuertes dolores físicos y problemas psicológicos. La pareja decidió ir a vivir a otro país, primero a Portugal, aunque a los dos meses se mudaron al sur de España.

Vivieron en varios sitios antes de establecerse en Benalmádena. En principio parecía que el cambio de ambiente y el buen clima favorecía la salud de Charlee, pero con el paso de los años Robert, que ahora tiene 65 años, se dio cuenta de que todo no iba bien. Su condición se fue deteriorando y pasaba largas temporadas sin salir de casa. «Cada día cuando llegaba a casa temía que se hubiera quitado la vida porque había tenido pensamientos suicidas», cuenta.

En 2014, Charlee acudió a su revisión médica quincenal. Los médicos le dijeron que no podían hacer más por ella. Explicaron que sus órganos empezaban a fallar y aconsejaron cuidados paliativos. Ella se negó y empezó a hablar en serio de quitarse la vida. Robert supo que ella estaba segura de que el momento había llegado, y aceptó ayudarla. «Sencillamente ella me preguntó: '¿Por favor, puedo irme? No aguanto más el dolor'», cuenta Robert entre lágrimas.

Charlee decidió quitarse la vida el 3 de junio y empezó a prepararse. Pidió a Robert que no contara a nadie lo que le iba a pasar. Le pidió que contara a sus amigos y vecinos que se había ido a Bélgica (donde la eutanasia es legal) para morir. Buscó en internet las mejores maneras de morir y descartó cualquier opción que involucrara a otra persona. Decidió que la mejor manera sería ahogarse. No quiso implicar a Robert y le pidió que comprase un pequeño kayak hinchable y llenase dos mochilas con piedras. Su idea era de remar mar adentro y simplemente desaparecer, algo que hizo en la madrugada del martes 3 de junio 2014.