El mapa del oro negro

Las reservas mundiales de petróleo están lejos de agotarse. A corto y medio plazo, la demanda del combustible fósil seguirá creciendo. Venezuela, Arabia Saudí y Canadá albergan los mayores yacimientos

ANTONIO PANIAGUA

El agotamiento de las reservas mundiales de petróleo aún está lejos. El miedo que recorrió el mundo con la crisis de 1973 es apenas un mal sueño que parece desvanecerse. Casi medio siglo después, el hambre de crudo es voraz y las fauces de la economía mundial devoran cientos de miles de barriles cada día. El mapamundi del crudo es como una inmensa mancha de tinta china.

Oriente Próximo y Arabia Saudí almacenan en su subsuelo la mitad de esta fuente de energía y, lo que es igual de importante, ambas zonas registran los costes de extracción más baratos del planeta. Si a ello se suma que Estados Unidos está plantando cara a los saudíes gracias al desarrollo del 'fracking', se comprende mejor la teoría de algunos expertos de que la extracción de petróleo vive un momento pujante que en el siglo XX nadie esperaba. No en balde, la Agencia Internacional de Energía (AIE por sus siglas en inglés) prevé que la demanda siga creciendo. ¿Vamos hacia una fiebre petrolera?

Lo cierto es que lo que es bueno para la economía no lo es para el clima. Un estudio publicado esta semana en la revista 'Nature' sostiene que si la comunidad internacional quiere lograr el objetivo de mantener el calentamiento global por debajo de los 2ºC para este siglo, debe dejar intactas un tercio de todas las reservas de petróleo.

Los estados petroleros no son necesariamente más ricos, libres ni pacíficos

Los cinco primeros países que acogen bajo tierra las mayores bolsas son Venezuela, Arabia Saudí, Canadá, Irán e Irak. ¿Cuánto petróleo queda en el planeta? Según los cálculos del informe World Factbook, que elabora la CIA, pueden quedar 2,1 billones de barriles.

Desde que Edwin Drake consiguió en 1859 bombear crudo de un pozo en Titusville (Pensilvania, EE UU), no hemos dejado de ser esclavos del petróleo. La existencia del fósil líquido ya era conocida desde hace siglos, pero a mediados de XIX se descubrió la tecnología para aflorarlo a la superficie. Nuestra vida cambió por completo. Este recurso natural determina la actividad económica y las estrategias geopolíticas.

Leer las páginas de la sección de internacional de un periódico demuestra que el petróleo es un surtidor de riqueza, pero también un manantial de conflictos. Las entrañas de Venezuela rebosan petróleo, pero su convulsa situación política le impide sacar provecho de esa ventaja competitiva. No en balde, en la última década, la producción de crudo se ha desplomado en el país. Aun así, siguen comprando petróleo venezolano la India y China, aunque las sanciones impuestas por Washington al régimen de Maduro impiden a la industria dotarse de los productos químicos necesarios para procesar la materia prima. El combustible venezolano tiene un estado casi sólido cuando sale del subsuelo, de modo que es imposible que fluya a través de las tuberías. Para que adquiera un estado líquido se necesitan elementos disolventes como la nafta, que las empresas estadounidenses tienen prohibido exportar.

Desigualdad rampante

Arabia Saudí representa la otra cara de la moneda. Es el mayor exportador de crudo del mundo y el mayor productor de la OPEP, pero su economía es muy dependiente de los hidrocarburos. Gracia al oro negro, su renta per cápita ha crecido a un ritmo de vértigo, si bien en el país de los jeques inmensamente ricos la desigualdad en el reparto de los ingresos es muy acusada.

Los petrodólares le han permitido expandir por el mundo musulmán una doctrina rigorista del islam, el wahabismo, que se toma al pie de la letra los preceptos del Corán. Regido por una monarquía absoluta y dotado de una justicia propia de la Edad Media, el país retiene el 16% de las reservas planetarias de petróleo. Firme aliado de EE UU, es un régimen que prescinde de los partidos políticos. El príncipe heredero, Mohammed bin Salman, se ocupa de todo: dirige la intervención militar en Yemen, supervisa los planes de reforma económica y da las instrucciones precisas para gestionar un fondo soberano valorado en dos billones de dólares.

Canadá es una de las grandes potencias energéticas y sus reservas de petróleo son las terceras del planeta. Gran parte de esos yacimientos aún no han sido explotados, debido a que el crudo se halla en arenas bituminosas y extraerlo requiere un despliegue de medios costosos y altamente contaminantes para el medio ambiente.

Irán, enemigo acérrimo de los saudíes, atesora unas reservas de crudo que colocan al país en el cuarto lugar de la lista, con 158.000 millones de barriles. Su economía es tan poco diversificada que el 80% de sus exportaciones y el 40% de sus ingresos presupuestarios proceden de los hidrocarburos. Sin embargo, la falta de inversiones y tecnología ha mermado su capacidad productiva. La inestabilidad política y las sanciones económicas que le ha impuesto EE UU han perjudicado sus ventas, una situación que se ha agravado con la fuga de empresas extranjeras.

Una maldición

No es exagerado afirmar que Irak nada en petróleo. Sin embargo, esas bolsas inmensas de recursos energéticos, que el informe World Factbook cifra en 142.000 millones de barriles, no le han procurado paz ni bienestar. El país, que ingresa 100.000 millones de euros por la venta de crudo, es el noveno Estado más corrupto del mundo, según Transparencia Internacional. Irak lleva medio siglo sin darse un respiro: primero sufrió la dictadura de Sadam Husein, a la que sucedió un conflicto bélico con Irán, la primera guerra del Golfo, la invasión en 2003 por Estados Unidos a causa de las nunca demostradas armas de destrucción masiva, una guerra civil y la ocupación del ISIS.

A veces parece que la tenencia de crudo es una maldición. Sobre este líquido viscoso se cimenta el poder de dictadores y autócratas. Por el petróleo se expolian países, se arman milicias y engorda el cambio climático. «En tanto que los países carentes de petróleo se vuelven por lo general más ricos, libres y pacíficos, los estados petroleros no son ni más ricos, ni más libres, ni más pacíficos que en 1980», argumenta el filósofo Leif Wenar en su libro 'Petróleo de sangre'.

Salvo Noruega y el Reino Unido, el subsuelo de Europa no está empapado por el oro negro. El país nórdico es uno de los principales exportadores de petróleo y gas del mundo. Ello no le impide abanderar la producción de energía hidráulica y apostar por la aviación y la navegación eléctricas. En coherencia con esta política, Noruega espera alcanzar en 2030 la «neutralidad climática», para lo cual sepropone reducir sus emisiones de carbono un 40% respecto a sus niveles de 1990. A los británicos, por su parte, no les va nada mal con sus plataformas petrolíferas del Mar del Norte. Hace poco recibieron una buena noticia: sus reservas en Escocia son suficientes para mantener la producción durante, al menos, 20 años más, según la Autoridad del Gas y el Petróleo del Reino Unido (OGA).

El petróleo es al sistema económico lo que la sangre al cuerpo humano. Y la demanda de hidrocarburos no para de crecer en el mundo. Se estima que seguirá aumentando durante los próximos 15 años. Solo a partir de 2034 se registrará un punto de inflexión, como consecuencia de una mayor pujanza de las energías alternativas, según el vaticinio de Vitol, el mayor operador independiente en el mercado petrolero.

En España brotó por primera vez petróleo el 6 de junio de 1964. Aconteció en Ayoluengo, un pueblo burgalés en decadencia en el que solo viven unos treinta vecinos. Desde aquella fecha se han perforado 708 pozos, unos 126 en el Mediterráneo y 144 en el Atlántico, según la Asociación Española de Compañías de Investigación, Exploración y Producción de Hidrocarburos y Almacenamiento Subterráneo (Aciep). De todas estas experiencias de exploración, apenas una veintena han servido para producir petróleo. Esas cuatro gotas de crudo alivian poco la economía, dado que España importa más del 99% de los hidrocarburos que consume. El déficit de la balanza comercial energética es de 45.000 millones anuales, lo que equivale al 4% del PIB. Consumimos 1,4 millones de barriles de petróleo diarios y solamente producimos 7.000.

Otros pozos se ubican en Casablanca y Montanazo-Lubina. Ambos están situados en un yacimiento que se encuentra a 45 kilómetros de las costas de Tarragona y son operados por Repsol. También en la provincia catalana se hallan los de Boquerón y Rodaballo. Todo ellos apenas aportan el 0,24% del consumo interior. La ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, aseguró hace unos meses que el Gobierno de Pedro Sánchez vetaría todas las prospecciones marinas de gas y petróleo. En 2015, Repsol informó de que abandonaba los trabajos de búsqueda en Canarias, dado que las posible reservas existentes no compensaban su extracción.

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