Jorge Font | Campeón de esquí acuático adaptado

«Lo que importa no es lo que te pasa, sino el cuento que te cuentas»

Eterno optimista. «Como soy flaco y dentón tengo la sonrisa fácil». / e. c.
Eterno optimista. «Como soy flaco y dentón tengo la sonrisa fácil». / e. c.

«Procuro no ejercer de discapacitado, porque hay gente que se lucra de ello. Es fácil manipular desde la lástima»

ARANTZA FURUNDARENA

«La vida no siempre se puede alargar, pero se puede ensanchar», solía decirle su abuelo. Y Jorge Font no ha parado de ensancharla desde que un accidente lo dejó en silla de ruedas. A sus 50 años, este mexicano implicado en mil proyectos sociales y cotizado conferenciante, ha sido 16 veces campeón mundial de esquí acuático adaptado. Pero su verdadero trofeo es el buen humor: «Mi vida va sobre ruedas», pregona.

-Entonces no le preguntaré si es feliz.

-Tengo muchas razones para serlo: familia, buenos amigos, un trabajo... Lo que toca es darle gracias a la vida a través de acciones concretas.

-¿No es la vida la que debería pedirle perdón?

-Hay personas que viven reclamándole a la vida lo que no les ha dado. Ramón Sampedro decía que no estaba dispuesto a aceptar una silla de ruedas porque era como aceptar las migajas de la vida.

-¿Y usted?

-Hay personas que hacen de esas migajas banquetes a los que los demás nos acercamos para alimentarnos. Yo no sé si seré de esos, pero intento vivir con la actitud del regalo, no del reclamo.

-¿Siempre ha sido así de positivo?

-Mire, como dice una amiga mía, en el fondo todos somos puro cuento. Lo que importa no es lo que te pasa, sino el cuento que te cuentas. Cuando yo me accidenté...

-¿Qué edad tenía?

-Me caí esquiando a los 19 años y no sé si ya era optimista o simplemente que, como soy flaco y dentón, tengo la sonrisa fácil, ja, ja, ja... Y como me rompí el cuello y no el hocico, pues la sonrisa continúa. Mi madre me dijo una vez: «Mira, 'mijo', hay veces que la vida nos sonríe, pero los momentos importantes son esos en los que hay que sonreírle a la vida».

-¿Qué razones tiene para sonreír?

-Mi mujer, Tere, a la que conocí en la universidad cuando yo creía que nadie como ella se fijaría en alguien como yo... Tengo la sonrisa de mirar atrás y poder decir que algunos toros de la vida los he podido torear. Y la de sentir que puedo dejar huella en mi hijo, Pablo, de 15 años. Ahora soy su entrenador.

- «Huella de rodada», suele usted decir.

-Me encantaría trascender a través del corazón y la mente de personas a las que yo pudiera servir para algo.

-Citaba a Ramón Sampedro. ¿Apoya la eutanasia?

- He tenido personas cercanas que han tomado esa decisión y me cuesta mucho juzgarlos. Hay situaciones que acaban siendo una especie de omnipotencia de la ciencia y eso ya no es vida. Prefiero entender que juzgar. Por eso no soy abogado ni político.

-¿Quiso morirse tras el accidente?

-No, pero tuve momentos de tristeza, de desolación, de enojo... Los peores son cuando sientes como que se apaga la luz, ni siquiera tienes fuerza para enojarte ni para sentirte triste. Son aterradores. Pero yo tuve la suerte de que siempre aparecía alguien...

-Para invitarle a unos tacos.

-Sí, es la 'tacoterapia', lo que para ustedes sería la 'tapaterapia' o 'pintxoterapia'... Cuando hay personas dispuestas a salir contigo a tomar algo, los miedos dejan de ser tan amenazantes. En mi vida la diferencia no la han hecho las personas extraordinarias, sino lo extraordinario de las personas.

-¿Llevamos en general una vida muy estrecha?

-Creo que todos hacemos lo que podemos con lo que tenemos. Pero es cierto que hay gente que solo piensa en levantar muros.

-Sé que está implicado en educar para la paz.

-En México hay muchas violencias. Hay variables sociales, políticas, pero la violencia empieza en el corazón de las personas y ahí es donde se tiene que atajar.

-También alerta del riesgo de convertirse en «terrorista emocional».

- Procuro no ejercer de discapacitado. Hay gente que se lucra de ello. Es fácil manipular desde la lástima. Pero yo quiero que me contraten por mis capacidades, no por mi discapacidad.