La otra Gioconda

La otra Gioconda

Una obra atribuida a Leonardo da Vinci, que recuerda a la Mona Lisa pero desnuda, se expone por primera vez en Chantilly

ABRAHAM DE AMÉZAGA

parís. De los diez millones de almas que anualmente peregrinan al Louvre, la mayoría pasan por la primera planta del ala Denon en busca de la obra más conocida de Leonardo da Vinci (1452-1519), la Mona Lisa; una media de veinte mil visitas diarias. En Chantilly, a unos cincuenta kilómetros de allí, se respira un aire completamente diferente, más tranquilo, de campiña. Y eso que en el museo Condé de su castillo, el segundo centro museístico más importante de Francia, hay otra joya atribuida al maestro que se expone ahora por vez primera, bajo el nombre de 'La Gioconda desnuda'.

Si bien es posterior a la más famosa de sus obras, de principios del siglo XVI, todo apunta a que «se hizo en el taller de Da Vinci y muy probablemente por él», explica Mathieu Deldicque, conservador del museo y uno de los comisarios de la exposición de Chantilly. La Gioconda desnuda es un dibujo preparatorio, un prototipo realizado en carboncillo y plomo blanco, ante el que «hemos actuado como en una especie de investigación policial, con multitud de análisis científicos y estudios de una obra que aún hoy sigue siendo enigmática».

Los análisis se llevaron a cabo a lo largo de varios meses en los laboratorios más punteros y bunkerizados del Louvre. «Esta obra es muy importante en la historia del arte, por la representación de la desnudez del cuerpo de la mujer en el Renacimiento», indica. Adquirida en 1862 por Enrique de Orleáns (1822-1897), hijo del rey Luis Felipe I, duque de Aumale y el último propietario y morador del castillo de Chantilly, el comprador pagaría en su día un alto precio, convencido de que era obra del italiano. Realizada en el mismo tipo de papel que acostumbraba a utilizar Leonardo y por una persona zurda -como él-, serviría como calco para otras obras.

Prácticamente tiene el mismo tamaño que la Mona Lisa (74,8 cm. de alto y 56 cm. de ancho). Una de las diferencias sería que no se trata del retrato de una persona, caso de la noble florentina Lisa Gherardini, sino de un modelo imaginario que deja ver espaldas cuadradas, musculosos brazos y un aire andrógino, «una belleza ideal según Leonardo da Vinci».

La muestra, que tiene muy buena acogida por parte de un público internacional, estará abierta hasta el 6 de octubre. La acompaña un catálogo que muestra retratos de mujeres procedentes de todo el mundo e inspirados directamente en La Gioconda desnuda, así como en otros; alrededor de cuarenta obras en total que permiten descubrir el trabajo de artistas de distintos periodos históricos. Será de momento la única oportunidad de ver una exposición de este tipo, ya que las obras del museo Condé no pueden viajar. Chantilly, capital del caballo y cuna de la famosa crema del mismo nombre, cobra también importancia estos meses por la reapertura en su castillo de los apartamentos privados restaurados de los duques de Aumale, tras más de un año y medio cerrados por reforma.