Una foto de una España concreta

José María Sanz, Loquillo, durante la presentación de su último libro. / ep
José María Sanz, Loquillo, durante la presentación de su último libro. / ep

Loquillo cierra sus memorias noveladas desde la muerte de Franco hasta su primer gran éxito con 'Chanel, cocaína y Dom Pérignon'

DANIEL ROLDÁN

«Vengo a hablar de mi libro». Con una sonrisa amplísima, Loquillo despeja una pregunta sobre la actualidad, trayendo al otoñal abril madrileño la frase mítica de Francisco Umbral. Un Madrid abandonado por el Loquillo escritor, que cierra su particular trilogía vital con 'Chanel, cocaína y Dom Pérignon' (Ediciones B) para volver a su ciudad natal. «Madrid es muy importante entre 1978 y 1984, cuando cierra Rockola. Luego todo pasa a Barcelona», explica el roquero.

Comenzó su aventura literaria con 'El chico de la bomba', un libro sobre su padre, un carabinero republicano publicado hace casi dos décadas. Luego se embarcó en la aventura de novelar sus memorias, que empezaron con 'Barcelona ciudad', siguió 'En las calles de Madrid' y este último título cierra el círculo. La vida de un chico de catorce años cuando muere el dictador y que doce años más tarde es una «estrella de rock».

Para Loquillo, la Movida madrileña termina con la tragedia de la discoteca Alcalá 20 -murieron 81 personas el 17 de diciembre de 1983- y el fallecimiento de Eduardo Benavente, líder de Parálisis Permanente, en un accidente de tráfico siete meses antes. «Luego se convirtió en algo folclórico», explica el cantante.

El escritor Carlos Zanón es uno de los letristas que el músico ha reclutado para su próximo disco

Poco más de un año después, Loquillo se instala de nuevo en Barcelona, que se convierte en la ciudad «más cercana a Europa» y que vive un momento único. «Las calles eran nuestras, de los amantes del rock como Los Rebeldes o mods como Los Negativos», incide Loquillo, que narra sus vivencias entre 1985 y 1987. Ahí comienza su nueva aventura, cuando publica con los Trogloditas 'La mafia del baile' (1985), con canciones como 'Rock suave' o 'Chanel, cocaína y Dom Pérignon', una visión un tanto «cínica» del inicio de la España del pelotazo, «de los críticos de rock que se convertían en 'superkillers' y el advenimiento de una segunda generación que se dejó seducir por el garaje psicodélico». Más tarde llegó 'Mis problemas con las mujeres' (1987) con éxitos como 'La mataré' o la canción que da nombre al disco.

«Una banda que empezó en un garaje sonaba en Los 40 Principales», recuerda Loquillo, que afirma que no siente ninguna nostalgia por los ochenta. «Tengo la posibilidad de contar la historia antes de que me olvide de ella», afirma risueño. Y si se le olvidaba algún dato, acudía al dietario de Sabino Méndez, compositor y compañero de fatigas en los Trogloditas. «Me he reído mucho con ellos. Tiene apuntados cuánto dinero nos gastábamos en droga o la habitación de qué hotel destrozábamos y el cuándo», añade.

Nuevo disco

«Es una polaroid de una España concreta, de una España que no era tan fantástica como la pintan. Si salías a la carretera, aquella España aún arrastraba el tardofranquismo», añade el artista quitando algo de misticismo al movimiento musical surgido durante esa década. «De mi generación salvaría a Olvido (Alaska)», argumenta. El motivo es que ambos «siempre» se han mantenido ahí. «Yo no me he ido y he vuelto. No entiendo la música de otra manera», razona durante la presentación del libro que corrió a cargo de Carlos Zanón.

El escritor, además, es uno de los letristas que Loquillo ha reclutado para su próximo disco, que empezará a grabar hoy mismo. Leiva, Luis Alberto de Cuenca, Santi Balmes o Igor Paskual son otros de los compositores a los que Loquillo pondrá voz. «Creo que es uno de los mejores discos. Ha habido discos fundamentales en mi vida y este está entre los tres primeros», afirma con rotundidad Loquillo, que se considera «en estado de gracia». Y con cierto punto de descaro, señala que cuando tenía 25 años estaba convencido de que iba a tener este futuro. «Cada libro, cada disco es un triunfo más. Todos los que me infravaloraron a mí o a una generación de artistas se lo están comiendo con patatas», explica. «Hay que buscarse los mejores enemigos», añade Loquillo que, con 58 años, afirma que la modernidad es correr. «Huyo de las situaciones cómodas», incide el cantante que dejó a su banda. «Y eso no suele ser muy normal».