«La felicidad se imprime»

El joven licenciado, que ha desarrollado la primera prótesis con codo, se la prueba a un hombre mutilado de Kenia/R. C.
El joven licenciado, que ha desarrollado la primera prótesis con codo, se la prueba a un hombre mutilado de Kenia / R. C.

Guillermo Martínez, un ingeniero madrileño de 23 años, fabrica prótesis de brazo con su impresora 3D y las entrega gratis a mutilados de Kenia, México o España

ICIAR OCHOA DE OLANO

Cuando hace un año Guillermo Martínez remató su graduación en Ingeniería, especialidad en Organización Industrial, decidió darse un baño gélido de realidad en un orfanato de Kenia. En casa le acababan de regalar una impresora 3D y pensó en fabricar con ella algún tipo de obsequio útil que llevar. Advertido de que en esa comunidad encontraría a muchas personas mutiladas, se decantó por unas prótesis para extremidades superiores. «Como ingeniero cuadriculado que soy», se centró en construir esas «piezas» contrarreloj sin sospechar la trascendencia prodigiosa que sus 'souvenirs' tendrían en sus receptores. La increíble historia de este madrileño de 23 años, especializado en diseño de drones y en fabricación aditiva, no ha hecho más que empezar. La próxima semana se sube de nuevo a un avión rumbo al mismo país africano. En su maleta, unos cuantos milagros desmontados y mezclados con piezas de Lego para no levantar sospechas en la aduana. Se ha propuesto que ninguna persona en el mundo que necesite una prótesis se quede sin ella.

- ¿A cuántas personas ha devuelto las manos, los codos, los brazos?

- A unas veinte. Pero no solo de Kenia, también de Tanzania, Chad, Cabo Verde, México y de varios lugares de España. Mi proyecto ha tenido tanta difusión gracias a las redes sociales que ha permitido a personas de todos esos sitios contactar conmigo.

- Hace cosas más propias de un dios que de un recién licenciado. Y todo con una impresora 3D corrientita a la que usted ha programado para mejorar la vida de los demás.

- En realidad la quería para desarrollar mis ideas y aprender la tecnología, pero se me ocurrió lo de las prótesis. Hay asociaciones que las hacen desde algunos hace años, así que me descargué los planos y pedí al orfanato que me enviararan fotos y medidas de personas a las que les faltaban brazos o parte de ellos. Lo que no existía era una prótesis con codo, y yo la desarrollé.

- Desde entonces, fabrica articulaciones que permiten a los mutilados coger un vaso de agua, asir una bolsa o utilizar una máquina de coser. Todo por 35 euros cada una.

- Eso es. No van a tocar el piano, pero les vas a facilitar la vida. Yo las llamo 'trésdesis'. Es un concepto que me he inventado. Brazos hechos en 3D que ayudan a personas que en la vida podrían acceder a una prótesis.

- La tecnología al servicio de los olvidados. Es usted lo que se dice un 'outsider'.

- Bueno, yo en vez de estar imprimiendo Pokemon prefiero imprimir una prótesis, y así ayudo a alguien.

- Más que satisfecho suena cabreado.

- Antes usted hablaba de 'los olvidados'. Eso es lo que hacemos, olvidarlos. No es normal que una prótesis se venda a 400 euros. En España tenemos mucha suerte. Contamos con una Seguridad Social que nos facilita algunas de ellas. En muchos países es simplemente imposible. Son un lujo.

- Su proyecto es tan maravillosamente sencillo y gigantesco a la vez que resulta sonrojante. ¿Se lo han dicho?

- Yo vivía en mi mundo. En la vida había ayudado a nadie. En Kenia descubrí que con un simple gesto, que a mí me cuesta un par de días o a lo sumo una semana, cambias totalmente la vida de una persona. Y eso llena.

PERSONAL

Proyecto individual
«No hay ningún grupo, empresa u ONG detrás», dice. Lo explica en su web ayudame3d.org, en donde ha habilitado un «bote» 'online' para recabar fondos.
Charlas de colegios
Explica su proyecto en centros educativos y trata de estimular a los alumnos para que utilicen las impresoras en 3D de las escuelas en fabricar prótesis.
Segundo viaje a Kenia
Llevará dos prótesis fabricadas por un colegio de Palencia.

La euforia de Philipp

- Hábleme de Philipp.

- Philipp es un keniata de 44 años, profesor de Secundaria, que nació sin antebrazo. Cuando le puse sus 'trédesis' estaba eufórico.

- Le aplaudió, por primera vez en su vida. ¿Qué sintió?

- Mucha emoción. Tiempo después me escribió contándome que podía escribir en la pizarra y que sus alumnos flipaban, que estuvieron dos semanas sin atender las clases porque no paraban de mirar su prótesis.

- ¿No se ha tirado semanas llorando?

- He llorado, sí. Hace poco me enviaron un vídeo de un chaval arando el campo con mi prótesis. Resulta que la felicidad se imprime.

- ¿No teme quedar atado al botón de encendido de su impresora?

- Si lo hago es porque he conseguido que lo haga un grupo de personas por mí. Y en eso estoy. Este segundo viaje va a ser decisivo para saber cómo lo organizo todo. De momento, he abierto un bote 'online'.

- También da charlas en escuelas. Aboga por estimular a los niños para que desarrollen «mentes creativas, resolutivas y sociales». ¿Alguna directriz para la nueva ministra de Educación?

- Me temo que hay que cambiar los planes de estudio de arriba abajo. Para empezar, en el colegio hay que enseñar a hacer la declaración de la renta.

- Entretanto, ¿cómo paga sus facturas?

- ¿Yo? Trabajo en una empresa como diseñador de juguetes, que me apasiona.

- ¿Cómo se ve en 2028?

- Diseñando juguetes y fabricando 'trésdesis' para todo aquel que las necesite.

 

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