El escaparate de los bebés

Las manos de una madre sostienen a un recién nacido. / R. C.
Las manos de una madre sostienen a un recién nacido. / R. C.

Ocho de cada diez menores de seis meses tienen presencia en redes sociales, una cifra que asciende durante los primeros años de vida

ISAAC ASENJO

Las redes sociales adoran a los bebés. Los padres suben sus fotos y no preguntan, los familiares tampoco. Ven a sus hijos posando como modelos y se vienen arriba publicando todo tipo de imagen. Hacen monerías y parece gracioso. La sobreexposición crece en vacaciones y en Instagram hay cuentas exclusivas de niños con miles de seguidores que toman ejemplo de los famosos. La red social epicentro del 'postureo' cuenta con más de cien millones de fotos publicadas bajo la etiqueta #baby. Los 'likes' invitan a la reincidencia mientras que los expertos avisan del peligro de sobreexponer a los hijos en la red.

Una encuesta elaborada por la firma de seguridad informática AVG en diez países, entre ellos España, recoge que el 23% de los niños tiene presencia en línea incluso antes de nacer porque sus padres publican fotos de las ecografías durante el embarazo. El porcentaje aumenta considerablemente, hasta el punto de que el 81% está en redes sociales antes de cumplir los 6 meses. La cifra va en ascenso durante los primeros años de la infancia y es un fenómeno que tiene hasta nombre: sharenting. El anglicismo combina sharing (compartir) y parenting (criar). Unido significaría compartir información de los hijos en redes sociales. Una tendencia popular recogida en el diccionario británico Collins.

«Cuando los padres comparten fotografías de sus hijos pueden no ser conscientes de los riesgos», advierte Silvia Martínez, directora del máster universitario de Social Media: Gestión y Estrategia de la UOC. «La mayoría mantiene un perfil público, con lo que esa imagen podría ser vista por cualquier usuario. Aunque los padres limiten la exposición de su perfil haciéndolo privado, a veces los conocidos o familiares comparten esas imágenes que les han llegado, incluso sin disponer de una autorización, por lo que se amplía el alcance».

Peligros mayores

«Al publicar contenidos en plataformas como las del 'social media' cedemos a las empresas derechos sobre su uso y tratamiento», dice. Martínez avisa que «compartir contenidos y narrar cada logro que los hijos consiguen, comentar sus gustos, indicar los sitios que visitan o mostrar espacios privados pueden desencadenar peligros mayores. Estos datos ofrecen información a terceros que pueden intentar alcanzar fines delictivos o atentar contra la integridad de esos hijos».

Al difundir la infancia de los hijos estamos imprimiendo sus primeras huellas digitales. La experta lo explica: «Se contribuye a crear una identidad con la que el interesado, puede no sentirse representado o cómodo, y terminar incluso sintiéndose avergonzado por ciertas situaciones o información muy personal que se puede llegar a mostrar».

¿Las consecuencias? Aumenta el riesgo de sufrir acoso o ciberacoso, o que las imágenes sean mal utilizadas por otros con el consiguiente impacto en la autoestima, reputación y relaciones sociales. En la actualidad, ya existen pronunciamientos judiciales que prohíben la difusión comercial de imágenes de menores, con el objetivo de proteger su honor e intimidad en las redes sociales, un lugar para mayores.