Un mundo perdido sale a la luz

Ejemplar de gusano nematodo (eucariota) identificado en una biopelícula de microorganismos que vive a 1,4 kms bajo la superficie. /AFP
Ejemplar de gusano nematodo (eucariota) identificado en una biopelícula de microorganismos que vive a 1,4 kms bajo la superficie. / AFP

Descubren un inmenso ecosistema subterráneo a kilómetros de profundidad. Su asombrosa capacidad de supervivencia abre nuevos interrogantes sobre el origen de la vida y su existencia en el Sistema Solar

ANTONIO CORBILLÓN

Una biosfera de inframundo. Bacterias zombis que amplian aún más el catálogo de preguntas sin respuesta. Varios kilómetros debajo de nuestros pies y de las abisales profundidades marinas viven miles de millones de toneladas de microorganismos. Ocupan el doble de la extensión de todos los océanos y su peso combinado es cientos de veces mayor que el de la especie humana.

La mayoría son microbios y bacterias y sus primos evolutivos las arqueas (organismos unicelulares carentes de núcleo). Pero han sido capaces de vivir sin necesidad de luz y con ciclos de vida tan largos que les acercan más a la geología (las piedras) que a los seres vivos.

Los científicos lo llaman 'deep life' (vida profunda). Más de 1.200 investigadores de 52 universidades del mundo forman el Deep Carbon Observatory (DCO), que lleva diez años perforando tierras y mares hasta los cinco kilómetros de profundidad. Ahora presentan un avance de sus análisis en la reunión anual de otoño de la Unión Geofísica Americana que se celebra en Washington.

«Estamos descubriendo nuevos tipos de vida todo el tiempo. Gran parte está dentro de la Tierra y no encima de ella», avanza en la web del DCO la profesora asociada de la Universidad de Tennessee (EE UU) Karen Lloyd. Los equipos de investigadores que hoy informan de sus hallazgos no dan abasto. Ni salen de su asombro.

Su rutina de trabajo durante diez años ha sido tomar muestras de pozos a diferentes profundidades. Se valen de los avances en perforación y de la mejora de la agudeza de los microscopios electrónicos. En los mapas de la web del Deep Carbon Observatory están marcados los lugares de la toma de muestras, repartidos por todos los continentes y los océanos. Solo una se hizo en la Península Ibérica, en la localidad lusa de Cabeço de Vide, cerca de la frontera con Badajoz, a 103 metros de la superficie.

Hay bacterias que viven de la radiación y gusanos trogloditas hermafroditas que duran miles de años

Las estimaciones iniciales sugieren que el 70% de las bacterias y arqueas de la Tierra sobreviven en el subsuelo. La primera pregunta surge sola: ¿cómo pueden existir esos organismos en lugares sin luz ni fuentes de alimentación? El microbiólogo ecologista de la Universidad de Oregón Rick Colwell avanza una explicación: «Los humanos nos orientamos a procesos relativamente rápidos, ciclos diurnos basados en el sol y nocturnos con la luna; pero estos organismos forman ciclos lentos y persistentes en escalas de tiempo geológicas».

En resumen, que son como piedras. Capaces de soportar temperaturas de hasta 122º C (el agua hierve a los 100º) y de generar entre 15.000 y 23.000 millones de toneladas de carbón, cientos de veces más que el que generan todos los seres humanos del planeta. Hay bacterias que viven de la radiación y gusanos trogloditas hermafroditas que duran miles de años.

A la espera de establecer las muchas incógnitas que habrá que desentrañar, los logros de este proyecto van a cambiar los límites absolutos de la vida en conceptos como temperatura, presión y disponibilidad de energía. Son registros que se rompen continuamente a medida que las prospecciones alcanzan mayor profundidad. Se espera que los trabajos de un equipo japonés que llegará a los 7.000 metros alarguen aún más estas inverosímiles plusmarcas vitales. «Y eso tiene claras implicaciones para la posibilidad de que la vida exista en algún otro lugar del Sistema Solar», agrega el profesor Colwell en los documentos que ha adelantado ya el DCO.

De hecho, la Sonda de Reconocimiento Marciano que la NASA envió al planeta rojo en 2013 incluyó en su toma de datos la posibilidad de vida profunda en el cráter McLaughlin, un agujero de 92 kilómetros de diámetro y 2,25 de profundidad.

El copresidente de la comunidad Deep Life del DCO, Mitch Sogin, asegura eufórico en su portal digital que «explorar el subsuelo profundo es similar a hacerlo en la selva amazónica. Hay vida en todas partes, y en todas partes hay una abundancia impresionante de organismos inesperados».

 

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