Aventurero de cuatro patas

Los corredores del Marathon  des Sables comienzan una de  las etapas; a la izquierda, Cactus descansa tras recibir su medalla. / AFP / marathon des sables
Los corredores del Marathon des Sables comienzan una de las etapas; a la izquierda, Cactus descansa tras recibir su medalla. / AFP / marathon des sables

Cactus, un perro vecino de un hotel, completa los 241 kilómetros del Marathon des Sables y suscita la admiración de los participantes

DANIEL ROLDÁN

Para poder correr un maratón es necesario estar muy preparado. Para correr algo más de 241 kilómetros en seis días por el desierto del sur de Marruecos hay que estar muy preparado, tener una pizca de insensatez y un puñadito de ganas de aventura acompañado de cierta locura. Sin estos ingredientes no se puede entender que unas 800 personas decidan cada año competir en el Marathon des Sables (Maratón de las Arenas, en español). Pero en esta edición, la número 34, el corredor revelación ha venido a cuatro patas: Cactus, un perro vecino de un hotel del desierto que se convirtió en un participante más. Además, se llevó el premio como ganador de su clasificación, creada 'ad hoc'.

La presencia de Cactus alegró los seis días de sufrimiento por el sur del reino alauita. Estos corredores, además de correr, deben portar su propio alimento y equipo cada jornada, de vivac a vivac. Una distancia media de 38 kilómetros diarios, que se hicieron más llevaderos con la presencia del can y los comentarios que produjo. Cactus empezó tarde. La primera etapa se la saltó, aunque entre unas cosas y otras ese día recorrió 24 kilómetros de un lado a otro. «Es un animal que se mueve mucho y está acostumbrado a estar rodeado de gente de todas partes y a ser un poco nómada», explicó Karen Hadfield, dueña del hotel donde vive Cactus. A Karen no le extraño que el perro se cogiera 'vacaciones' y se enganchará a la carrera en la segunda etapa. Cumplió como un campeón con los 32 kilómetros de la segunda jornada; y el miércoles pasado se hizo los 37,1 kilómetros, demostrando que el camino plagado de dunas no era ningún obstáculo para él. Es más, se marcó un tiempazo en esta primera parte: 11 horas y 15 minutos, que después completó con unas carreritas durante dos horas más. Y tan fresco.

Durante estos días, Cactus vivió en el vivac. Iba de tienda en tienda recibiendo carantoñas, comida y bebida de los participantes, que no duraron en compartir parte de los doce litros que reciben a diario -para alimentarse e higiene- con el animal. «Muchos corredores están nerviosos por las mañanas, pero él siempre se mantuvo supertranquilo», confesó Meghan Hicks a 'The New York Times'. Esta corredora de Utah, ganadora en la categoría femenina de 2013, estaba encantada con la presencia del animal, que rompía la monotonía del campamento. Incluso los participantes, casi todos amateurs, ayudaron a cuidarlo.

Un ultramaratoniano, veterinario de profesión, le hizo un chequeo a Cactus; y el equipo médico de la prueba también le hizo un seguimiento. Como si fuera un corredor de dos patas. Ya se había convertido en un participante especialista en pasar dunas como si fueran una simple llanura. «Este perro es una bestia. Me superó y no pude alcanzarlo. Después seguí sus huellas en la arena», confesó el londinense Theo Holzapfel que, como muchos competidores, preguntaban a los organizadores por dónde iba el animal.

Cactus solo tuvo un pequeño desfallecimiento en la etapa superlarga (71 kilómetros). Vomitó sobre el kilómetro 25 y se quedó un rato a la sombra de un camión.

Descansó y prosiguió su camino un rato después. Su trabajo fue recompensado con una medalla y su dueña lo recogió el fin de semana para regresar a casa. Tal vez el año que viene, Cactus se anime otra vez a surcar el desierto.