La ley antitabaco cambiará para adaptarse al cigarrillo electrónico

La ministra María Luisa Carcedo presenta, esta mañana, la nueva campaña contra el tabaco / Fernando Alvarado / EFE

La ministra de Sanidad, María Luisa Carcedo, alerta que las «nuevas formas de fumar» crean adicción y son perjudiciales para la salud

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

El Ministerio de Sanidad ha dado el primer paso para ampliar la legislación antitabaco, de manera que abarque también las «nuevas formas de fumar», en palabras de la ministra de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, María Luisa Carcedo, que esta mañana presentó una campaña contra los hábitos de fumar distintos al tradicional cigarrillo. «Es la primera vez que se alerta sobre los nuevos productos emergentes», explicó Carcedo. «Todas las formas de fumar, incluidas las nuevas, crean adicción y son perjudiciales para la salud». La nueva publicidad equipara a los vapeadores, cigarrillos electrónicos, dispositivos de tabaco calentado y cachimbas a un cartucho de dinamita, con un eslogan: fumar ata y te mata.

«Está dedicada especialmente a los jóvenes», mantuvo Carcedo, en la sede del ministerio. «Hay que eliminar los falsos mitos. Hay datos que nos preocupan y aconsejan poner en marcha medidas eficaces, como que estas formas nuevas de fumar impactan más en los jóvenes, con un elevado porcentaje que no fumaba antes».

Ese avance en la protección de la salud frente a las «pipas de agua, vapeadores, tabaco calentado y cigarrillos electrónicos» se sostiene en cifras. Datos provisionales de la encuesta sobre uso de drogas en personas de 14 a 18 años, Estudes, revela que «uno de cada cinco jóvenes ha fumado cigarrillo electrónico», aseguró María Azucena Martí, delegada del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas. «Existe un aumento del consumo en toda Europa entre 2014 y 2017, y se confirma que esa tendencia sigue en ascenso. Los datos provisionales de la encuesta de 2018-19 revelan que uno de cada dos ya lo ha probado alguna vez».

Los jóvenes empiezan con estos dispositivos a partir de los 15 años, son más los chicos que las chicas, la mitad usa cartuchos con nicotina y un 30% lo combina con los que no tienen este ingrediente y la gran mayoría «tiene una percepción de riesgo más baja». Un 76% de los jóvenes no cree que causen serios daños a la salud. Además, según los datos del Observatorio Español de Drogas, un 4,4% de los adolescentes de 14 años ha fumado cannabis en estos nuevos dispositivos, tanto electrónico como de agua. En el estudio que se presentará en noviembre, de hecho, se incluyen por primera vez preguntas sobre el uso de la cachimba o pipa de agua.

Adaptar la ley

Ante esta realidad, el Gobierno se plantea «adaptar la legislación al uso de estos nuevos dispositivos», dice Carcedo. «La legislación debe evolucionar a las formas de consumo. Estamos constatando el aumento del consumo, sobre todo en jóvenes, y habrá que darle respuesta». La idea es desarrollar una serie de medidas de prohibición o vigilancia, como se ha hecho con el tabaco: «Habrá que redactar la ley y matizar en cada caso. No sólo viendo lo individual de cada fumador, sino aquellos que emiten sustancias al entorno, que afectan a los demás, convirtiéndolos en fumadores pasivos». La directora de Salud Pública, Pilar Aparicio, puntualiza: «La ley vigilará la publicidad, venta y consumo».

La publicidad es un punto clave: «Estos productos se publicitan como de menos riesgo para la salud», mantiene Aparicio. «Pero ya se sabe que el tabaco calentado, por ejemplo, conlleva los mismos riesgos ya conocidos. La mayor parte tiene nicotina y otros productos perjudiciales para la salud. Es cierto que algunas sustancias están aprobadas para el consumo humano, pero una cosa es digerirlas y otra, inhalarlas. El cigarrillo electrónico puede producir cambios permanentes en el sistema respiratorio. ¿Vamos a esperar otros 30 o 40 años para conocer el daño de estos productos?». En España, las autoridades calculan que unas 50.000 personas fallecen cada año por enfermedades relacionadas directamente con el tabaco. «Hemos visto otras 1.000 muertes entre fumadores pasivos», añade Aparicio.

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