La Vespa cumple 70 años

Así eran las Vespas que empezó a traer a España el marqués de Villaverde./
Así eran las Vespas que empezó a traer a España el marqués de Villaverde.

Con ayuda de Hollywood y su cintura de avispa, este icono del diseño italiano ha conquistado el mundo: 18 millones vendidas desde 1946

INÉS GALLASTEGUI

Las curvas más sexis del asfalto cumplen años. El 23 de abril de 1946 se presentaron en el Club de Golf de Roma las primeras quince unidades de una motocicleta destinada a ser un icono planetario: desde entonces, el zumbido de 18 millones de 'avispas' ha conquistado carreteras y ciudades de los cinco continentes. Con su silueta sinuosa, ha sido el estandarte del imperio del diseño italiano por todo el mundo, respaldada por el glamour de decenas de películas en las que, como una actriz más, ha desplegado su personalidad alegre y dinámica. «La Vespa es una forma de vida», aseguran sus fans.

La semana pasada se cumplieron 70 años que se registró la patente. Su diseño es obra del ingeniero aeronáutico Corradino d'Ascanio: sus rasgos más peculiares son la ubicación de su sencillo motor de dos tiempos en la parte posterior y cubierto, la rueda delantera similar a la de un tren de aterrizaje y el faro redondo. Dicen que debe su nombre a la exclamación que soltó el empresario Enrico Piaggio al ver por primera vez su culo abultado y su estrecha cintura: «Bella, mi sembra una vespa!» (Bonita, me recuerda a una avispa).

Resultó ser la máquina ideal en un continente que salía de la pesadilla de la II Guerra Mundial. El acierto de la casa Piaggio, fundada en 1884, fue crear un vehículo urbano, fácil de conducir y barato de mantener; la intención era replicar la sencilla motocicleta Cushman, que se había hecho muy popular durante la contienda porque era el medio de transporte que utilizaban los soldados norteamericanos para moverse por las ciudades italianas.

Uno de sus mayores hallazgos fue mirar a las mujeres. Con su carrocería frontal y su amplio reposapiés, era una moto pensada para las jóvenes de la época, que querían independencia -las italianas acababan de conquistar el derecho a voto- sin renunciar a su feminidad: la Vespa se podía conducir con faldas y sin mancharse de grasa o barro.

En nuestro país nadie podía votar entonces, pero eso no impidió que la creación de Piaggio disfrutara de un éxito inmediato. La asturiana María Teresa Llaca fue una de las primeras españolas en pilotar la moto que ya estaba causando furor en toda Europa. Durante unos años, las únicas disponibles en el mercado patrio eran las que importaba el marqués de Villaverde, yerno de Franco: como entonces todas tenían el mismo color, se ganó el sobrenombre de 'marqués de Vespaverde'. La fortuna quiso que un amigo del marido de esta maestra comprase una de ellas y quedase algo decepcionado. El padre de la joven, un indiano que había regresado de México después de forrarse, se la compró para hacer más cómodo el trayecto diario a una escuela en Riocaliente, en el concejo de Llanes. Pero la moto le gustaba tanto que ella y su marido la usaban también para disfrutar de las bellezas de Asturias.

«Me dio mucha libertad», asegura María Teresa, lúcida a sus 96 años. Recuerda que ella fue «muy criticada» por conducir con pantalones -un atrevimiento escandaloso en aquella sociedad pacata-, pero nadie puso pegas al vehículo que llevaba entre las piernas: los vecinos salían a la calle y lo observaban boquiabiertos. Nada preocupante para esta pionera que jugaba a hockey y remaba.

Prueba de que aquella nueva generación de chicas era uno de sus 'targets' es que el primer anuncio estaba protagonizado por una fémina. Pero su mejor publicidad estuvo en la gran pantalla. El escritor cinematográfico Jesús Lens ('Hasta donde el cine nos lleve. Viajes y escenarios de película') recuerda que el séptimo arte desempeñó «un papel fundamental en la fantástica campaña de marketing» de Piaggio. «Su motocicleta se convirtió en icono gracias a películas como 'Un americano en París' y 'Vacaciones en Roma', a comienzos de los 50. En ambas es sinónimo de elegancia, libertad y modernidad. No por casualidad, eran norteamericanos chic los que la conducían por una Europa que, desde la Vespa, no parecía tan clásica y vetusta. En 'La dolce vita' (1960), la moto era el símbolo de aquella vida frívola y desenfadada a la que Marcello Mastroianni ponía el rostro». Más tarde, 'Quadrophenia' (1979) reflejaría la forma de vida de los Mods, que habían adoptado esta escúter como medio de transporte.

El cine vendió la moto

Según la web Motorcycle.com, la breve escena de apenas dos minutos en la que Audrey Hepburn conduce la Vespa con Gregory Peck de paquete por las calles de la Ciudad Eterna vendió más de 100.000 unidades. Para 1962, ya había tenido un papel estelar en otras 60 películas. Spielberg, Hitchcock, Pollack, George Lucas y Nanni Moretti son algunos de los directores que la han fichado para sus filmes.

Su versatilidad está fuera de toda duda: se ha travestido en 160 versiones para todos los gustos, desde la sencilla MP6 del principio, que tenía 98 cc y alcanzaba una velocidad máxima de 60 kilómetros por hora, hasta la Siluro de carreras, capaz de rodar a 171. Ha sido triciclo para la distribución comercial, vehículo del Ejército francés -con armamento y munición acoplados- y transporte postal en España. Se han fabricado unidades especiales para películas, como la del detective Dick Smart en los sesenta, cargada de 'gadgets', voladora y submarina.

No se ha librado de falsificaciones, la más lograda la dura Viatka rusa. Y ya tiene hasta una marca blanca, LML, que empezó fabricando la descatalogada PX 125 en India, pero a la vista del éxito ha empezado a hacerlo también en Europa, compitiendo con la original. La edición aniversario se llama 946 Bellissima y es una moto de lujo con un precio de 10.000 euros. Solo para 'vespamaniacos'.

Durante estos 70 años la bella italiana ha tenido sus más y sus menos. La fábrica fundada en Madrid en 1952 sobrevivió durante varias décadas a otras factorías del mundo gracias a su 'primo' español, el Vespino, creado en 1968. Pero finalmente cerró.

La Vespa experimenta ahora una nueva etapa de esplendor. Por toda España florecen clubs de aficionados que organizan reuniones, viajes y quedadas, sea para disfrutar de las carreteras secundarias o para intercambiarse piezas y consejos. Piaggio está apoyando el renacimiento del club de ámbito nacional, desaparecido hace muchos años, revela el madrileño Alberto Segovia, que en 2003 creó el foro Vespania y lleva una década organizando concentraciones anuales por todo el país. La próxima, en Plasencia (Cáceres), del 27 al 29 de mayo. En los clubs, afirma este diseñador gráfico de 48 años, hay veteranos y nostálgicos, pero también gente joven: «Yo espero que la hereden mis hijos».

Víctor Otero es miembro del grupo de Llanes y heredero de la histórica 125 de María Teresa Llaca. «La he desmontado y la he restaurado pieza a pieza. Lo bueno de estas motos es que, por muy antiguas que sean, siempre encuentras recambios. Quiero pintarla del verde agua original, pero metalizado», confiesa este comercial de 44 años metido a mecánico por amor a la Vespa.

«Con un destornillador, un alicate y un alambre tienes todo lo que necesitas para arreglarla», asegura desde la otra punta de la península el granadino Manuel Árbol, uno de los 'vespistas' más veteranos de España a sus 79 años. Miembro honorífico de media docena de clubs -también del de Asturias, con el que sube cada año a los Lagos de Covadonga-, se compró en 1961 su primera Vespa, una 125 N, por 16.865 pesetas. «Era muchísimo dinero», recuerda. El Rayo Celeste está acompañada de otras cuatro -alguna, incluso más antigua- en su garaje de Peligros, pero es «la joya de la corona». Ya solo la arranca «para vacilar»; para hacer recados saca otra más nueva. No tiene palabras para explicar qué le enamora tanto de esta máquina. «Uno puede ir vestido de señorito y llegar al trabajo impoluto», argumenta Manuel, que trabajó para la Seguridad Social durante 53 años. «¿Por qué la Vespa tiene tanta personalidad? Porque es una dama».