Francisco Nicolás Gómez Iglesias, de 'invitado' del Rey a estafador con 20 años

Francisco Nicolás Gómez Iglesias, en el Palacio Real este verano./
Francisco Nicolás Gómez Iglesias, en el Palacio Real este verano.

La Policía Nacional detiene a Francisco Nicolás Gómez Iglesias, un imberbe chantajista que se hizo pasar por intermediario del poder político y económico de Madrid hasta colarse en los actos de coronación del Rey

FRANCISCO APAOLAZA

Siempre tenía algo importante que hacer, una llamada de arriba que atender y la mano tendida en el momento justo y en el sitio perfecto. Esa es una de las pocas cosas que se saben de él, que era un maestro de salir en las fotos con gente importante. Esa virtud propició una de las carreras más estelares en la historia de la juventud española: en tres años pasó del colegio a la universidad, a los desayunos con ministros, a los coches con escolta, a los yates, al palco del Bernabéu, a la coronación de un rey, a reunirse con los barandas del Ibex-35 y finalmente a la cárcel, donde reflexiona sobre su vida desde el martes, con los 20 años recién cumplidos. El protagonista de esta increíble historia se llama Nicolás Gómez Iglesias y según destapó ayer El Confidencial y ha confirmado la Policía, está detenido por suplantación de identidad, falsedad y estafa.

Al parecer, hay decenas de personas engañadas. El chaval se presentaba ante los empresarios con su flequillo rizado y ese aire de niño bien de club de campo. Les ofrecía suculentos negocios que, según decía, podía conseguir gracias a su supuesta red de contactos y su puesto siempre secreto en organizaciones de gran influencia, atalayas desde las que, a cambio de un dinero, podía hacer un favor: el Partido Popular, la Oficina Económica de La Moncloa, tal o cual ministerio, la Policía o el mismísimo Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Algunos cayeron. No se sabe aún cuántos, aunque la Unidad de Asuntos Internos le hace presunto responsable, al menos, de estafar 25.000 euros a una víctima a cambio de un informe del servicio de inteligencia que en realidad se había inventado él mismo.

En esta carrera, Nicolás Gómez Iglesias cada vez elegía objetivos más importantes. Uno de los últimos fue el abogado de la familia Pujol, Cristobal Martell, al que intentó vender sus servicios clandestinos y su supuesta posición dentro del CNI para mejorar la situación judicial del patriarca catalán. Volaba demasiado alto y terminó por quemarse.

Esos contactos en realidad no existían. Su perfil en Facebook es una traca de fuegos artificiales. En una de las últimas fotografías, aparece en la coronación de Felipe VI dando la mano al monarca y agachando la cabeza con una sonrisa falsa. Sería la cima de su carrera: usaba las fotos con personalidades para hacer ver las relaciones que presuntamente mantenía con el poder político y económico de Madrid. Sus falsos currículos en las redes sociales son más propios de un consejero de Estado que de joven de su edad. Siempre hay un micro, una corbata. Este premio Nobel del photocall aparece en varias charlas de las FAES sentado en la misma mesa que José María Aznar y Ana Botella, en otra conferencia con el empresario Juan Manuel Villar Mir, también dando la mano a Sabino Fernández Campo, exjefe de la Casa Real, abrazando a Esperanza Aguirre o a Alfredo Di Stéfano, celebrando la Supercopa en la segunda fila del palco del Bernabéu, desayunando junto a Miguel Arias Cañete, en la visita de Benedicto XVI a Madrid y hasta posando junto a Michael Leven, presidente de Vegas Sands, en una de sus visitas en torno al malogrado proyecto de Eurovegas. Con ese fenomenal álbum, nadie osaba dudar de su privilegiada posición en los círculos del poder.

El imberbe Nicolás saltó todas las barreras, excepto la última: en una fiesta de la Embajada de Estados Unidos no pudo pasar de la puerta, lo que terminó propiciando su detención. La policía ya seguía sus pasos después de hallar a la víctima de su última estafa y lo detuvo. A día de hoy nadie se explica cómo pudo suceder todo esto, pero hay algunas anécdotas jugosas de cómo se arrimaba tal vez restregaba sea una palabra más exacta a las personas más reputadas.

«Soy de Michavila»

En las instituciones ayer saltaron las alarmas.En muchas oficinas de protocolo ya lo conocían, nadie sabe muy bien de qué. «De estar por ahí», probablemente. En una ocasión, se sentó en la primera fila en una charla de un alto cargo del Gobierno de Rajoy. Cuando le preguntaron qué hacía allí, soltó: «Soy de Michavila». Se imaginaron que un hijo, un sobrino o un amigo... Y allí se apuntó otro tanto.

Este verano, la prensa gallega dio la noticia de una visita frustrada de los Reyes de España a un restaurante de Ribadeo (Lugo) y allí se presentó la Policía por si acaso, los periodistas y hasta el alcalde de la localidad con la intención de recibir a Felipe VI, pero las crónicas dicen que allí solo estaba Nicolás Gómez Iglesias, presidente del Club Joven del Partido Popular de Moncloa Aravaca, que según el PP de Madrid ni existe ni ha existido. Otra trola.

Gómez Iglesias siempre decía ser «algo del PP». Algo gordo, pero en Génova no tienen ni idea. En el PP madrileño juran que ni siquiera está afiliado. Tampoco dan pista de él en la fundación FAES, ni en Nuevas Generaciones. Es como si no hubiera rastro de él, aunque entre los círculos habituales de Aravaca, uno de los distritos más lujosos al noroeste de la capital, no es un desconocido.

En esos ambientes donde la política conecta con la sociedad y donde todo el mundo termina por conocerse, se le considera «un tipo curioso» que comenzó a ambientar en los círculos del PP cuando tenía 15 años, aunque, según fuentes de Nuevas Generaciones de aquella época, no le hacían nunca «mucho caso».

Casinos y clubs de lujo

Nicolás es alumno desde hace tres años del exclusivo Cunef (Colegio Universitario de Estudios Financieros) de Madrid: hizo un curso de Administración y Dirección de Empresas y dos de Derecho, aunque este año «aún no ha aparecido por clase» (empezaron el 10 de octubre). Sus compañeros creían que estaba atendiendo sus negocios: «Siempre andaba en otros asuntos, por eso iba a clase poco».Cuentan que siempre tenía que marcharse para «hacer algo crucial relacionado con el PP y en el Gobierno», que hablaba en público como si llevara toda la vida en una tribuna y que era hijo de un pez gordo. Pero nunca supieron de cuál. Todo en esa historia resultaba impreciso y grandilocuente.

Los grupos de whatsapp de sus compañeros de Cunef echaban humo ayer.Y recordaban que siempre llegaba en un coche de lujo (generalmente un Mercedes) con escoltas, una protección que según alardeaba, le había obligado a aceptar el Ejecutivo de MarianoRajoy dadas sus «altísimas responsabilidades». La Policía confirmó que a menudo alquilaba vehículos de alta gama para impresionar a sus víctimas. En su clase se habla mucho de sus andanzas, de sus supuestas salidas nocturnas a casinos y a clubs de lujo. Cuentan incluso que si se encontraba con un atasco, sacaba su sirena azul de patrulla policial. Al fin y al cabo, era un tipo importante.