«Ya estamos tranquilos, mi familia y yo hoy podremos dormir en casa»

Vecinos, medios de comunicación y agentes de la Guardia Civil en la calle Santa Bárbara, donde vive la familia afectada. / concha pastor
Vecinos, medios de comunicación y agentes de la Guardia Civil en la calle Santa Bárbara, donde vive la familia afectada. / concha pastor

El juzgado detiene el desahucio de una familia de Oliva que ocupa una vivienda propiedad de un banco y le concede tres meses de carencia para buscar otra casa

MARI CARMEN VERA OLIVA.

Un juzgado paralizó ayer el desahucio de una familia de Oliva, minutos después de que llegará el cerrajero hasta la vivienda ocupada para cambiar la cerradura y dejar a un matrimonio con tres hijos menores en la calle. Una llamada desde las dependencias judiciales frenó la decisión tras unas horas de tensión en la calle Santa Bárbara.

La familia vio como la Guardia Civil abandonaba la puerta de su casa entre gritos de celebración de los manifestantes allí congregados por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). El desalojo fue paralizado por el banco propietario de la vivienda que ocupa Alisa y su familia. La entidad bancaria concedió una carencia de tres meses a la familia para trasladarse a otro lugar. Mientras tanto, el Ayuntamiento de Oliva ha prometido a la familia entregarles una casa en el plazo de cuatro semanas, cuando finalicen las obras de rehabilitación de dos viviendas que el Consistorio está acondicionando. Allí podrán mudarse si todavía no pueden regresar a la casa de su propiedad que perdieron por un incendio.

A las 9 de la mañana, los manifestantes de la PAH se reunieron en la casa ocupada por Alisa y su familia para evitar el desahucio. Primero lo intentaron hablando con el operativo de la Guardia Civil a los que les rogaron que desistieran en su labor. Luego, representantes de la plataforma llamaron a la entidad bancaria propietaria de la casa para corroborar la paralización del desahucio que habían prometido, tal y como informaron más tarde a los medios de comunicación.

Fue una mañana intensa. Según se acercaba la hora en la que estaba programado el desalojo, los nervios y gritos de los manifestantes iban en aumento, increpaban e insultaban a los agentes con gritos de «estáis para proteger a las personas no para esto» y «personas echando a otras, que vergüenza».

Negociaciones intensas

Los representantes de la plataforma, llegado el momento, intentaron de nuevo hablar con la Guardia Civil para que abandonará el lugar alegando que «estaban vulnerando los derechos de las personas» y que «estaban operando en contra de los mandatos de la ONU». Al mismo tiempo, otros miembros de la PAH llaman incansablemente a la sucursal bancaria y a los juzgados para que accedieran a su petición.

A las 10 horas, con la llegada del cerrajero a la vivienda, se vivió el momento de máxima tensión, que se incremento cuando Alisa salió corriendo hacia la puerta de la vivienda mientras gritaba: «Los niños están dentro durmiendo».

Durante los minutos siguientes, los manifestantes profirieron insultos, hacia el cerrajero y la Guardia Civil, a los que llegaron a amenazar. Estos alaridos fueron interrumpidos por el grito de alegría de Alisa anunciando que había llegado la orden del juzgado de paralizar el desalojo.

Los agentes abandonaron la calle al grito de los manifestantes que con jubilo decían «sí se puede» y los cánticos que gritaban, «se nota se siente la PAH esta presente».

Por su parte, la familia, con lagrimas en los ojos, agradeció a los medios haber difundido su historia, así como a los manifestantes su apoyo. El cabeza de familia, José Marín aseguró que «ya estamos tranquilos, mi familia y yo hoy podremos dormir en casa».

Con la retirada de los agentes, la PAH aseguró que para ellos no era una victoria, pues aún queda que el Consistorio entregue a la familia la vivienda que les ha prometido.

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