Los rebrotes en la zona de Marxuquera arrasada por las llamas auguran bosques en 15 años

Conservación de la montaña. Los trabajos de gestión forestal junto a la urbanización de Santa Marta en Marxuquera garantizan la madurez del bosque y reducirían el impacto de un posible fuego en el terreno y en las viviendas. / lp
Conservación de la montaña. Los trabajos de gestión forestal junto a la urbanización de Santa Marta en Marxuquera garantizan la madurez del bosque y reducirían el impacto de un posible fuego en el terreno y en las viviendas. / lp

Las semillas de algunos árboles calcinados arraigan en la montaña, crecen nuevas plantas y regresan las aves para alimentarse de piñones

Ó. DE LA DUEÑA GANDIA.

La vida ha aflorado otra vez en las yermas montañas de Marxuquera que fueron pasto de las llamas el pasado mes de agosto. El incendio que se originó en Llutxent y que calcinó casi mil hectáreas de monte en Gandia arrasó todas las especies naturales que encontró a su paso y motivó la marcha de todo tipo de animales.

Ahora siete meses después, las primeras variedades naturales y algunas aves han vuelto ya a estos valiosos parajes ante la cantidad de piñones que hay. La naturaleza ha seguido su curso, aunque en este caso ha encontrado la ayuda de la empresa pública Tragsa. Esta entidad ha sido la encargada de retirar restos de vegetación calcinada y de asegurar el terreno para que las lluvias no arrastraran la primera capa de superficie, además de semillas y raíces de algunas plantas.

Las actuaciones realizadas ayudarán a que en unos 15 años todos estos parajes vuelvan a contar con unos «bosques básicos, con pinos de estatura mediana y toda clase de arbustos, plantas mediterráneas y matojos propios de la zona», indicó ayer el edil de Gestión Responsable del Territorio, Xavi Ródenas.

Primeros meses

El concejal de Més Gandia explicó que la naturaleza «tiene unos plazos». «Tras los primeros meses de un incendio, aparecen las primeras plantas. Estas especies son hierbas, matojos y algunos arbustos que soportan bien el sol, del grupo de las plantas heliófilas», relató el edil de Gestión del Patrimonio. Esta es la primera señal de que todo va bien tras el fuego.

«Estas plantas marcan el inicio de la vida. Resisten y están cómodas en un entorno difícil, con mucho sol y elevadas temperaturas en algunos momentos. Pero su presencia es fundamental y entra dentro de la recuperación del entorno», agregó el concejal de Gandia.

«Ellas generan sombra y facilitan la aparición de otras especies», agregó. En este proceso se unen varios factores, tanto la entrada de luz, como la creación de sombras, ya que hay especies que viven mejor si soportar los rayos de sol de forma directa. El oxígeno y la regulación de la temperatura también juegan un papel importante.

En buena parte de la superficie quemada han arraigado semillas de pino, indicó el edil. Estos árboles son prácticamente imperceptibles, pero «están ahí». «En cuatro o cinco años ya habrán crecido y tendrán unas dimensiones considerables y en unos 15 habrá un bosque básico en los parajes de Marxuquera afectados por el incendio», añadió el edil.

Los pinos tienen buena capacidad de adaptación y eso favorece la regeneración del bosque. En tres lustro estos árboles se habrán consolidado y junto a los arbustos y especies que vayan apareciendo «habrá un bosque básico».

Pero Ròdenas recordó que es necesario mantener una política de gestión forestal responsable y ahí cobra protagonismo el trabajo de las brigadas de montaña. El concejal habló de la labor de este grupo forestal que Gandia puso en marcha el pasado mes de junio, ante del incendio que se origino en la localidad de Llutxent.

Este grupo está formado por cuatro peones forestales y un ingeniero. Entre sus misiones destaca hacer una «gestión responsable» de los bosques para favorecer su «madurez». La plenitud de un bosque se puede alcanzar ayudando al ecosistema a evolucionar, dijo el edil.

«Si tratas bien la superficie y favoreces la entrada de luz o de aire, es posible que un bosque que tardaría 150 años en ser un ecosistema maduro alcance esa situación en 80 o 90 años». Estos trabajos, además, son beneficiosos en la prevención de incendios. Los parajes tratados por las brigadas garantizan un menor impacto tanto en el bosque con en residenciales ante un incendio fortuito como el de agosto.

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