Las Provincias

La residencia María Inmaculada de Gandia sopla las 20 velas en su aniversario

Las residentes de María Inmaculada, con Carmen bailando, en la fiesta celebrada el miércoles. :: lp
Las residentes de María Inmaculada, con Carmen bailando, en la fiesta celebrada el miércoles. :: lp
  • El centro de Obreras de la Cruz que acoge a una treintena de residentes celebró el miércoles la fiesta de cumpleaños con una actuación musical

En el barrio de Corea, detrás de un imponente edificio verde con apariencia señorial, se esconde la residencia María Inmaculada. Un lugar donde el trasiego diario del distrito no alborota el día a día de la treintena de residentes que tras esas paredes comparten las 24 horas del día. Y es que esta residencia pública es una entidad sin ánimo de lucro que celebra este año su vigésimo aniversario. 20 años acogiendo a decenas de mujeres que viven en este hogar gracias a la donación de una familia gandiense, los Miret, que cedieron el solar a las Obreras de la Cruz con la única condición de que se construyera una residencia para ayudar a las mujeres obreras.

El miércoles comenzaron las celebraciones que tendrán su fiesta grande en octubre. Un festejo que contó con la presencia del edil José Manuel Prieto y donde las residentes disfrutaron de una actuación musical que animó a salir a bailar a más de una. Además, la dirección celebró un concurso entre los trabajadores para escoger el eslogan del aniversario del centro y que cuenta con una dotación económica de 100 euros para la afortunada.

El centro se encarga de elaborar de todos sus residentes un perfil sobre su vida para conocer con más detalle el lado humano de cada persona. Según explica el director del centro, Javier Galiano, «es una manera de conocerlas mejor y así saber todas sus aficiones a la hora de preparar las actividades que organiza la residencia».

Años de historias

Detrás de esas paredes se esconden infinidad de historias. Muchos años de compartir experiencias vividas cada día, cientos de actividades y excursiones semanales, pero sobre todo, las risas, la alegría, la música y el baile invaden las diferentes estancias del edificio. Entre estos pasillos y habitaciones se encuentra Carmen, una de las veteranas del lugar. A sus 83 años, esta malagueña, concretamente de Antequera, lleva más de 11 años viviendo en este hogar donde está «divinamente». «Aquí estoy como en mi casa, porque esta es mi casa».

Explica que llegó a Gandia de casualidad porque sus padres iban buscando trabajo. Salió con 17 años de su pueblo. Carmen tiene tres hijos, Macarena, María y Juan Antonio y está separada desde hace 30 años, pero cuenta que su exmarido acude a visitarla en algunas ocasiones. Mientras relata detalles de su vida, muestra los colgantes que lleva en una cadena. Son la medalla de la comunión de un hijo y un regalo de un yerno.

Ella eligió el centro María Inmaculada porque «no quiero estar sola». «Aquí haces mucha amistad con otras personas, salimos de excursión a la playa, vamos a tomar un helado. Me gusta mucho bailar y cantar». De hecho, en la fiesta del aniversario fue la primera en levantarse de la silla y acudir al centro de la pista. También acude a la misa que se celebra en esta residencia católica donde ha hecho «amistad con las cuatro monjas».

Y entre las últimas en llegar a María Inmaculada está Ana, que sólo lleva allí varios meses. Hija de ferroviarios, recuerda como el tren separaba Gandia en dos barrios. Ana tiene 88 años, es soltera y decidió irse a vivir al centro porque allí ya tiene una amiga. «Ella me contaba que estaba tan bien aquí, que yo un día le dije que me iba a hacerle compañía». Quiere llegar a cumplir 100 años y tiene una buena genética ya que sus padres fallecieron con 92 y 95 años.

Experiencias y anécdotas infinitas detrás de un edificio que guarda muchas historias tras las paredes del distrito de Corea.

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