TOSCA BAJO CERO

RUBÉN MALONDA PROFESOR UNIVERSITARIO

Hace unas semanas pudimos disfrutar de la ópera Tosca de Puccini que ofrecía el Teatro Serrano. Es cierto que la ópera produce escalofríos con sus conocidas arias, pero en este caso sólo los espectadores sólo experimentamos efecto refrigerante, ya que a lo largo de las tres horas que duró el espectáculo, todo el mundo permaneció con los abrigos puestos dentro del recinto sufriendo corrientes de aire frío por los pies. ¿Dónde estaba el aire acondicionado?.

No es la primera vez. Ni será la última. Allí estaban concejales del gobierno sonriendo. No sé si se reían de nosotros o del espectáculo, porque la ópera no era precisamente una comedia. Los políticos todavía no se han dado cuenta que los ciudadanos no queremos ver concejales, queremos disfrutar de un espectáculo sin pasar frío.

La misión del gobierno no es acudir a los actos en representación de gobierno, es arreglar la calefacción del recinto cultural de referencia que tiene una gran ciudad como Gandia. Pero la desvergüenza de muchos sigue siendo tan grande que siguen queriendo lucirse, cuando deberían esconderse ante algo tan escandaloso como que es que nuestro teatro no esté preparado en los servicios más básicos. Porque el Teatro Serrano no es del gobierno, es de todos, y somos todos los que exigimos una mejor programación y sobre todo exigimos que esté protegido de las inclemencias del tiempo. No hay excusa posible para esta calamidad, es la obligación del gobierno municipal, y no hay más prioridad que la que exigen los ciudadanos a quienes se deben los concejales que nos representan; en otro lugar, dejan de ser representantes de la ciudadanía.

Pero no parece preocuparles demasiado, pues tras una supuesta intervención financiada por el ministerio, el Serrano sigue igual de mal. Y eso es inaceptable. Para los socialistas, para los populares, para los de Compromís y para los de Ciudadanos, para todos es inadmisible. Aunque todos siguen llevando la bandera de la cultura. Una nueva cultura siberiana.

Tanta crítica desde la oposición para llegar al gobierno y ahora que lo tienen, no ser capaces de solucionar el aire acondicionado de un teatro resulta revelador. Ahora ya vamos entendiendo a los nuevos fontaneros que están en al ayuntamiento. Entienden de fontanería de contratar a los suyos, de revertir todo lo que haya podido hacer el anterior gobierno, pero las goteras parece que no les interesa. Es la nueva fontanería política a la que tendremos que acostumbrarnos los ciudadanos. Al menos hasta las próximas elecciones.