El viaje inolvidable de... Susana Aparicio

Susana Aparicio posa en el mar durante su viaje./LP
Susana Aparicio posa en el mar durante su viaje. / LP

Su huida de las rutas turísticas convencionales la arrastró hasta el mar de los siete colores. Cartagena de Indias y la isla de San Andrés le descubrieron un paraíso que condensa la esencia colonial, gastronomía, bachata y playas de arena blanca y aguas turquesa

ELENA MELÉNDEZValencia

Susana Aparicio adquirió hace tiempo la costumbre de realizar un viaje anual junto a su amiga Carolina Soriano, coincidiendo con la semana fallera. Estas escapadas las han llevado a destinos como el Caribe, Bali o México, pues ambas disfrutan distanciándose al máximo del día a día y su entorno para sumergirse en realidades que les son desconocidas. Este año les apetecía probar un destino diferente y optaron por volver a cruzar el Atlántico. «Nos decidimos por Cartagena de Indias y la isla de San Andrés, conocida como el 'mar de los siete colores'. Colombia no es un destino que te vendan en España, había muchos argentinos, uruguayos y brasileños. No conocíamos a nadie que hubiese estado allí y nos fuimos sin recomendaciones», explica la periodista.

Souvenirs en el armario

Se trajo un pantalón ancho con fajín comprado en Cartagena de Indias y un bolso de mimbre que encontró en la isla de San Andrés.

Volaron a Bogotá y de ahí pusieron rumbo hasta Cartagena de Indias. Lo primero que llamó la atención a Susana y Carolina nada más llegar a su destino fue lo mucho que les recordaba a La Habana. «Ambas conservan la esencia del colonialismo y son muy coloridas. En la entrada principal de la ciudad hay una muralla que te lleva al centro histórico, donde están las antiguas casonas, muchas de ellas convertidas en museos y restaurantes». Para alojarse escogieron un hotel ubicado en el límite entre el casco histórico y el centro de la ciudad. Aprovecharon el día para callejear, descubriendo rincones con encanto, al tiempo que visitaron puntos emblemáticos como el Museo Colonial o un museo del oro donde son protagonistas las esmeraldas en todas sus versiones. Por las tardes se dejaban caer por algunos de los hoteles-boutique de diseño en los que los lugareños acostumbran a reunirse para tomar algo.

Imágenes del viaje de Susana Aparicio. / LP

Susana confiesa que la gastronomía local no les sorprendió. Aunque degustaron las típicas frituras y el arroz con frijoles, fue en restaurantes de carta internacional como Don Juan o Casa San Agustín donde disfrutaron con una combinación entre platos autóctonos como las arepas y cocina europea. Una noche descubrieron el Café Habana, local propiedad de un catalán que está ambientado al estilo de los años veinte, con la decoración y los camareros vestidos de acuerdo con la época. «Bailamos mucha bachata. Los atardeceres son muy bonitos. Hay un Café del Mar igual que el de Ibiza. Allí la gente se reúne para tomar mojitos mientras ve cómo se pone el sol».

Susana posa durante su recorrido por Cartagena de Indias.
Susana posa durante su recorrido por Cartagena de Indias. / LP

Al cuarto día partieron en avión rumbo a la isla de San Andrés para iniciar la parte más relajada del viaje. En este nuevo enclave disfrutaron de clases de baile, cócteles en la hamaca y un ambiente animado pero, en su opinión, mucho más calmado que el que se respira en otros destinos del mismo estilo como Punta Cana. «Desconectamos muchísimo. Es un lugar precioso. Al principio estábamos tan flipadas con la playa que no salíamos de allí», cuentan. Un día conocieron a un guía que les permitió realizar un recorrido por toda la isla. Durante esa jornada descubrieron la zona comercial y subieron hasta la parte alta, que es más selvática, lo que les llevó a comprobar que efectivamente San Andrés está dividida en siete colores. Antes de volver les aguardaba otra sorpresa. Cogieron una barquita desde el hotel que las trasladó hasta Johnny Cay, isla muy pequeña de belleza sobrecogedora rodeada de fondos de arena blanca y aguas turquesa. «Es un destino desconocido para la mayoría de españoles. Lo recomendaría a gente que ha viajado bastante y quiera ver una cultura diferente».

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