El viaje inolvidable de...Ángela Valero de Palma

Madre e hija posan durante su viaje./LP
Madre e hija posan durante su viaje. / LP

Dublín, París... Madre e hija protagonizan cada cierto tiempo una escapada en solitario. La mayoría de edad de Eugenia ha sido esta vez la excusa ideal para visitar juntas los rincones mágicos de Londres y dejarse atrapar por ellos

ELENA MELÉNDEZValencia

Ángela Valero de Palma adquirió la costumbre, cuando su hija Eugenia todavía era una niña, de viajar las dos solas cada cierto tiempo. Esas aventuras a dúo las han llevado hasta Dublín o París, mientras que hace apenas unos meses, con motivo de la celebración de la mayoría de edad de Eugenia, fue Londres el destino escogido. «Yo conozco bien la ciudad y tenía muchas ganas de llevar a Eugenia. Como teníamos cuatro días cogimos un plano y lo dividimos en otras tantas zonas para organizar las jornadas en función de los lugares que queríamos visitar», explica Ángela.

Así es Londres

La primera jornada la dedicaron a conocer Notting Hill, bajaron por Kensington y fueron a Belgravia y a Harrods. Para comer escogieron Harry's Dolce Vita, encantador restaurante italiano inspirado en el mítico Harry's Bar. Un espacio decorado con estilo clásico, forrado en madera y con las paredes cubiertas de fotografías de la época dorada de Hollywood y obras de arte. Al día siguiente caminaron bordeando la orilla del Támesis y llegaron a la Tate Modern, museo que a Ángela la apasiona. Tras pasar varias horas recorriendo sus salas, comieron en la cafetería mientras disfrutaban de las preciosas vistas que ofrecen los grandes ventanales. Por la tarde visitaron la Torre de Londres. «Lo que más nos apetecía a las dos era callejear y ver los distintos barrios como una primera toma de contacto para Eugenia. Cuando viajamos la llevo a ver museos pero sin agobiarla, la idea es que se aproxime al arte de una manera natural», afirma la periodista.

Fotografías del viaje de Ángela Valero. / LP

La tercera jornada la pasaron por el centro con el fin de descubrir Picadilly Circus, Oxford Street, Covent Garden y China Town. Eugenia aprovechó para comprar en Cath Kidston un llavero, un neceser y una bolsa con el característico estampado de la firma inglesa. El último día fueron al mercadillo de Camden Town donde, en una tienda, Ángela se deslizó por un gran tobogán que separaba las dos plantas del establecimiento. «En Camden compramos pendientes de plata y complementos hippies. Aunque ha cambiado mucho, quise ir porque tenía un recuerdo muy chulo de las primeras veces que visité la ciudad».

Para alojarse escogieron un hotel junto a Hyde Park, al sur de Portobello y Notting Hill, zona que, en opinión de Ángela, es muy agradable para salir a cenar y está cerca del centro. Su ubicación les permitió recorrer el gran parque londinense un par de veces y descubrir su belleza. Aunque Ángela confiesa disfrutar mucho del día a día junto a su familia, reconoce que los viajes son una oportunidad única para convivir y hablar de cosas de las que habitualmente no se habla. «Eugenia está en un momento de tomar muchas decisiones, como sacarse el carné de conducir o escoger la carrera universitaria. Tuvimos tiempo para conversar sobre cuestiones importantes».

Un día de compras

Ángela tenía un grato recuerdo de Camden Town y quiso que su hija conociera ese mercadillo. De allí se trajo estos pendientes de plata de estilo hippy.

Coinciden en que Londres es una ciudad que no te acabas, una suerte de capital del mundo llena de contrastes, como la arraigada educación británica frente a la enorme modernidad de sus calles. «Las dos coincidimos en que nos gusta más que Nueva York. Ha sido un viaje muy bonito en el que he percibido la madurez de Eugenia y he sentido la satisfacción de haber hecho un buen trabajo criándola».