Valentín Herráiz, la terapia de los pinceles

Valentín pinta un cuadro en un estudio de arte./Juan J. Monzó
Valentín pinta un cuadro en un estudio de arte. / Juan J. Monzó

Asegura que llega a perder la noción del tiempo mientras pinta, la afición que más le relaja, y le gusta regalar los cuadros a sus amigos. También le apasiona la ópera, que ha disfrutado por toda Europa, así como el teatro, los viajes, la música y la fotografía

José Molins
JOSÉ MOLINSValencia

Lápices, pinturas, caballetes, pinceles, lienzos... De todo eso y más se puede encontrar en casa de Valentín Herráiz, a quien le encanta pasar el tiempo libre creando su particular arte. Cuando cierra la tienda de moda, pocas cosas le relajan tanto como plasmar sus recuerdos y sensaciones sobre un cuadro. «Depende de los ratos libres que tenga dedico más o menos horas. Es una terapia, pierdo la noción del tiempo pintando, a veces empiezo algo que me cuesta mucho terminar». Los cuadros que crea suele regalarlos a sus amigos, aunque los más especiales para él se los guarda. «Me gusta pintar paisajes urbanos, las ciudades. Pero no lo hago mirando una foto. He estado en muchos países, así que pinto sobre el recuerdo mental de los sitios que he visitado. Dibujo mucho también con carboncillo. Mezclo dibujo con óleo, collage y escritura». Se declara autodidacta y siempre se recuerda a sí mismo entre pinturas. «Desde que era niño, tengo todas las libretas del colegio pintadas. Destacaba en dibujo y pintura, sacaba buenas notas, pero no en matemáticas», bromea.

Reconoce que el artista valenciano Manolo Valdés es una de sus inspiraciones y le encanta pintar sobre telas de rafia. «Me apasionan los colores, todos, me gustan las cosas coloridas. Los siento, y más cuando estás pintando. El amarillo, el azul... no hay color feo como no hay una flor fea. Te inspiran, te llenan, unos más que otros dependiendo de tu estado emocional. He experimentado con todo, cuadros, lienzos, óleo, acuarela... Normalmente suelo pintar acuarela, aunque acrílico también».

Juan J. Monzó

Le gustan las aficiones tranquilas, en las que pueda encontrarse consigo mismo, como escribir. «De todo, he hecho muchas veces diarios, y ahora estoy escribiendo un libro sobre mi vida profesional, ya que empecé en 1972 con Francis Montesinos, cuento todas las experiencias que he vivido, lo estoy poniendo en orden junto con dibujos y fotos». Además, adora la fotografía. «Me inspiran cosas puntuales, puede ser cualquier cosa. Una comida, un rincón especial, un paisaje urbano, pero también la naturaleza, como la playa o el bosque, me inspiran incluso las noticias, para todo, para pintar y para mi trabajo». Precisamente los parajes naturales admite que logran poner su vida «en orden», con «esa relajación y paz interior». Se queda como favorita una zona del Saler, protegida y de difícil acceso, «es muy bonito porque andas por un bosque mediterráneo precioso, llegar hasta el mar supone todo un ritual. Pero la montaña también, me voy a Albarracín, Teruel, Mora de Rubielos, toda aquella zona y me encanta ir a por setas».

Le apasiona viajar y de hecho ha visitado decenas de países. «A los 15 años ya fui a Nueva York. Los viajes de trabajo les he sacado mucho partido porque he hecho de todo, mucho ocio también, he ido a ver exposiciones, amigos, y los viajes de placer son más de relax». Tiene tres destinos en mente para las próximas fechas. «Uno es la isla de Capri, con Pompeya y Nápoles, y también a Londres a visitar unos amigos y a Berlín». Se enamoró de San Francisco y California, e incluso estuvo a punto de irse a vivir allí, y es que América la conoce muy bien por todas las veces que ha visitado sus países, tanto del Norte como del Sur.

No es un hombre apasionado de la actividad, y de hecho reconoce que no practica ningún deporte, pero adora el arte. «El teatro y la ópera me chiflan. He hecho el vestuario de muchas obras de teatro, conozco a muchos directores y actores. Me gusta vivirlo desde dentro, todo el equipo que forman, voy a ver todo tipo de géneros y he presenciado muchos espectáculos en primera fila, que me encanta». En Nueva York asistió a los mejores musicales del mundo en el archiconocido Radio City Music Hall, pero también en Madrid ha disfrutado de muchos.

Diseñador

Lleva toda su vida dedicado a la moda, ya que empezó en este sector desde muy joven, y el año pasado inauguró una tienda en Valencia en la que desarrolla sus proyectos

Pero tiene predilección por la ópera. «Me fascina, me parece lo más completo. Es más que el teatro, porque cantan, bailan, significa la sensibilidad al máximo exponente, la exquisitez. Tengo amigos directores de ópera. En Valencia hay pocas y las que traen muchas veces no son de mi agrado, no tenemos una cultura de la ópera aquí. He estado en Venezia, en Milán y en Viena viéndolas». También la escucha en su casa y en su trabajo, ya que se declara un amante de la música. «Me gusta mucho la clásica pero también la de actualidad como el pop, he ido a muchísimos conciertos como el de Michael Jackson. La música es algo mágico, algo invisible que une y conmueve los corazones de las personas. Me gusta escuchar música para todo, para trabajar, para relajarme y para animarme. Para la vida en general». Porque Valentín disfruta con cada pequeño detalle. «Adoro la magia de la vida, lo que no se ve pero se siente, la espiritualidad».

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