¿Quién es Sergio Claramunt?

¿Quién es Sergio Claramunt?
Jesús Signes

El día en que vio por primera vez a un payaso actuando en un hospital cambió su vida. Renunció al aplauso de los escenarios por un reconocimiento distinto, el de los pequeños que sufren

MARÍA JOSÉ CARCHANOValencia

A veces Sergio Claramunt olvida que se ha quitado la nariz y cuenta un chiste, como si todavía estuviera en el hospital, intentando hacer la vida más fácil a los niños que sufren. Vestido de civil, en las instalaciones de Payasospital, no nos hace reír, sino que, en un momento dado, la emoción se desborda. «Qué curioso, que un payaso te haya hecho llorar», dice el alma máter de un proyecto que nació en París y que sobrevivió incluso a los momentos más duros de la crisis.

-¿En qué momento entra en contacto con el mundo clown?

-Estudié teatro y danza clásica y contemporánea. Empecé siendo mimo, hacía teatro de calle infantil, marionetas, también espectáculos para adultos. Pero yo quería seguir aprendiendo y me fui a París a estudiar. Estuve viviendo en Francia diez años, y allí conocí a compañeros que eran payasos, que trabajaban en hospitales.

-¿Y le atrajo?

-Qué va, en principio no me llamó nada la atención, pero un día me invitaron a seguirlos en un hospital de París. Fue uno de los días más emocionantes de mi vida. Sin nariz, sin recursos artísticos, sin derecho a actuar, pasas del frío al calor en un segundo: te ríes de tus compañeros, y miras al otro lado y ves al niño, al que le sale un tubo de la nariz, que va cojeando, que lleva un gotero. Tuve un par de momentos en que la emoción me sobrepasó y pensé: «¿qué hago? ¿me pongo en un rincón a llorar? ¿sigo observando?». Tragué saliva. Me dijeron que me dejaban una jornada de reflexión para decidir si quería trabajar con ellos. Ese día pensé: «todo lo que ha aprendido puede servir a las personas que más lo necesitan».

-¿Cree que los niños hospitalizados tienen muchas necesidades?

-Siempre hablamos del tercer mundo, y no nos damos cuenta de que aquí, en Occidente, hay unos edificios que se llaman hospitales, donde se vive la vida de forma urgente, donde hay necesidad de esperanza, donde la muerte está muy presente. Vivimos como si fuéramos inmortales, y no. Y lo dije: «ahora ya he metido la pata, lo he visto y no puedo decir que no».

«Los niños me han enseñado a reír todo el rato, a amar la vida»

-¿Por qué volvió a Valencia?

-Siempre digo que allí hacía mucho frío y hablaban muy raro, quería volverme a mi pueblo y hacer lo mismo aquí. Hubo personas interesadas desde el primer momento.

-¿Qué cambios ha experimentado en estos veinte años?

-Una de las cosas que me ha demostrado la vida es que el triunfo es de la gente que no se rinde; si tienes clara una cosa ves a por ella, y cuando tocas una puerta y te la cierran en los morros, busca otra. Me costó mucho decir que yo era fundador de Payasospital, porque hubo mucha gente a mi alrededor que me apoyó, pero es cierto que a lo largo del tiempo me di cuenta de que si yo no hubiera venido de Francia, si no hubiera animado a esas personas a ayudarme, no se hubiera hecho. La gente me decía: «es que tú eres muy humilde». Y yo pensaba: «¿es verdad que lo soy? No me había enterado». Luego me calmé, cuando vi que la gente grande es humilde (ríe).

Claramunt reconoce que su trabajo le ha cambiado, porque te das cuenta de que «tenemos que aprovechar cada segundo».
Claramunt reconoce que su trabajo le ha cambiado, porque te das cuenta de que «tenemos que aprovechar cada segundo». / Jesús Signes

-¿Qué le han enseñado los niños?

-A reír a pesar de las dificultades. Este trabajo nos ha cambiado a todos, porque te das cuenta de que estamos vivos de milagro, y de que tenemos que aprovechar cada segundo, porque la vida es un regalazo, y más vale hacer lo que te gusta, solo tienes que descubrirlo. Este es el oficio más bonito del mundo, hacer reír a los demás, con todo lo que conlleva, porque tienes que empezar por reírte de ti mismo. En un momento de dolor, de sufrimiento, incluso en una fase terminal, entrar en habitaciones donde sabes que es la última vez que vas a ver al niño, y que se rían, es una gran lección. Y piensas: «Voy a reírme todo el rato, voy a amar la vida».

-¿Se ha encontrado con una profesión que no esperaba?

-Empecé estudios de psicología y llegué hasta cuarto. Mi padre me animaba a que acabara, pero yo le decía: «no has entendido que mi carrera es el teatro». Dicho esto, mi familia siempre me ha apoyado, y la primera vez que me vieron actuar en un escenario se pusieron a llorar, sobre todo mi madre. Vieron que quizás valía para esto.

-Pero no había nadie en su casa que hubiera tenido una profesión artística.

-En mi familia, tanto mi abuelo como mi madre habían hecho teatro amateur pero, además, mi padre era muy bromista, no en casa, sino fuera, donde siempre reucrría a un chiste, o a un doble sentido. Cuando falleció, me di cuenta de que mi personaje de payaso tiene mucho de él.

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