¿Quién es Carlos Dueñas?

¿Quién es Carlos Dueñas?

El decano del Colegio de Ingenieros Técnicos de Obras Públicas e Ingenieros Civiles (CITOPIC) asegura que trabajar junto a su mujer resulta beneficioso, quiere que la relación con sus hijas se cimiente en la sinceridad y exhibe ideas firmes en el plano laboral

MARÍA JOSÉ CARCHANOVALENCIA

Recién salido de la carrera participó como jefe de obra en proyectos de treinta millones de euros y en plena crisis montó una empresa de ingeniería. Ahora es, además, la cara de los ingenieros de obras públicas en una época difícil, sobre todo por el desempleo y el desprestigio que ha arrastrado a los sectores relacionados con la construcción. Carlos Dueñas, pese a rondar la cuarentena, tiene aún ese aspecto adolescente de quien se ha apuntado a la ortodoncia en la madurez y conserva el pelo intacto, salpicado apenas con unas canas. Es de los que defienden que no hay que pasar más tiempo del necesario en la oficina para demostrar que se trabaja mucho, y eso que su despacho está en el Vedat de Torrent: «No es la montaña, pero se le parece mucho».

-Cuando usted acabó la carrera, las empresas se rifaban a los ingenieros. ¿Fue su caso?

-Vi un cartelito en la universidad mientras estaba con el proyecto de fin de carrera. Llamé y un lunes a las ocho de la mañana me dijeron, en lo que yo pensaba que era la entrevista de trabajo, cuáles serían mis funciones. Allí me quedé. Estábamos en otra coyuntura muy diferente. Y eso que yo no tenía ningún antecedente. En realidad soy el primero que estudió una carrera en mi familia.

-En 2010, con la crisis en su punto culminante, decidió montarse una empresa. ¿Aquello no fue como saltar al vacío?

-Sí, y a veces todavía lo pensamos. Quizás si no hubiera sido en época de crisis no me habría establecido por mi cuenta, pero soy de los que piensan que si aguantamos el tirón en los tiempos malos, se supone que los que hemos resistido estaremos algo mejor después. Hay que tirar para adelante.

-Eso es no tener miedo.

-Supongo que se debe a la educación que he recibido mis padres, que siempre me han dicho que si eres constante y trabajador te irá bien en la vida. No sé si tienen razón, pero yo lo intento. Esto no es una cuestión de azar. Puedes tener mala suerte, y muchas veces por culpa de la administración, que a base de no pagar ha hundido a gente que lo hacía bien, pero al revés está claro, por casualidad no te va a ir bien.

-Trabaja además con su mujer, socia de la empresa al 50%. También resulta arriesgado.

-Para mí no es difícil trabajar con ella, hay muchos más beneficios que perjuicios. Cuando uno está agobiado, el otro sabe el motivo y lo entiende perfectamente, aunque también discutimos y sólo desconectamos en la montaña los fines de semana.

Senderista

Si Carlos Dueñas tiene que elegir una afición, no lo duda: el senderismo en familia. «Los fines de semana que podemos nos escapamos a Tuéjar y caminamos por la montaña», un placer que disfruta todavía más ahora que sus hijas, con cinco y seis años, comienzan a hacer sus primeros pinitos. «Escapar sin corbertura es un reset impagable».

-Establecerse por su cuenta implica un gran sacrificio.

-Sí, pero yo tengo claro que no hay que trabajar muchas horas para ser eficaz. En mi despacho a las siete y media nos vamos todos. Pasar demasiado tiempo en la oficina no es rentable para nadie. Creo incluso que si estás más de ocho horas la cosa empieza a ir en picado. Trabajé en un lugar donde la gente no se iba porque tenía que pasar por delante del despacho del jefe a despedirse y nadie quería ser el primero, ya que en ese caso te miraba mal. Allí no había ninguno haciendo nada y se hacían más de las nueve de la noche.

-¿Se considera buen jefe?

-Intento serlo.

-Es difícil saber elegir a las personas que forman un equipo. ¿Se ha equivocado alguna vez?

-Sí, ha habido gente que ha sido una lacra, pero ya no está. No todo el mundo es buen profesional y buena persona.

-¿Es importante para usted la bondad en la gente que le rodea?

-El otro día leía que no se puede ser un buen profesional y una mala persona. Yo estoy totalmente de acuerdo. Lo malo es que hay empresas que piensan justo lo contrario. Me fui de un lugar donde si mi jefe veía que teníamos buen trato con los proveedores y con los compañeros se encargaba de romper esos vínculos. Quería mal ambiente. Me marché. Y me da igual que esa empresa dé beneficios.

-¿Lleva esa filosofía a su aspecto más personal? ¿Con sus hijas, por ejemplo?

-Al intentar educarlas te cuestionas cosas muy básicas y sabes que el mensaje es importante. Yo, por ejemplo, les incido mucho en la sinceridad, en que si han metido la pata no tengan problema en decirlo y la primera respuesta nunca será enfadarnos. Deben saber que hay alguien en quien confiar, porque es entonces cuando comienza a solucionarse el problema.

-¿Le gustaría que fueran ingenieras?

-Para mí no es tan importante que estudien como que sean felices. Lo que ellas elijan me parecerá perfecto. Mi padre me recuerda a veces que yo de pequeño quería ser bombero, hasta que vi El coloso en llamas (ríe).