¿Quién es Margarita Albors?

Margarita Albors en uno de sus espacios de Social Nest. /Damián Torres
Margarita Albors en uno de sus espacios de Social Nest. / Damián Torres

Su cabeza hizo un click cuando fue consciente del contraste entre su realidad privilegiada estudiando un máster en Harvard y la de personas que vivían en la calle a las puertas de la universidad. Dejó la ingeniería y ahora su objetivo es mejorar el mundo en el que vivimos a través del emprendimiento social

MARIA JOSÉ CARCHANO

A Margarita Albors la encontramos en uno de esos espacios tan motivadores donde hay mesas largas, muchos ordenadores y decenas de personas trabajando a la par en diferentes proyectos. Se respira ilusión en la Fundación Social Nest, que creó ella sola hace casi una década.

-¿Cómo empezaste?

-Estudié Ingeniería Industrial en la Universidad Politécnica y estuve trabajando como ingeniera aquí y en el Reino Unido, pero en el año 2008 me voy a Estados Unidos a cursar un máster en Harvard. Allí estaba rodeada de gente muy estimulante, y me sentía afortunada de tener esa oportunidad. A la vez, me encontré con una realidad que me impactó, porque a las mismas puertas de la universidad hay grupos de personas que viven en la calle, que no tienen absolutamente nada. No es que no hubiera visto situaciones parecidas antes, pero creo que en ese momento el contraste entre esos dos mundos hizo en mí un click. Me pregunté si había algo que podía hacer. Empezó un proceso de reflexión y descubrí el emprendimiento social. En aquel momento decidí volver. Empecé sola, sin recursos, pero veía que no podía dejar de intentarlo. Al principio me juntaba con la gente en un bar porque no tenía oficinas y pensaba: «qué valientes son».

-¿Te consideras una persona ambiciosa?

-Yo quería conseguir mucho más de lo que he conseguido. Y siempre les digo a los emprendedores que si quieres ayudar, no te conformes, sé ambicioso y ayuda al mayor número de personas posible.

-¿Qué necesitas ver en la persona que tienes enfrente para apostar por ella?

-El aprendizaje de estos años me ha demostrado que son las personas por quienes apuestas, no las ideas. Necesitamos apoyar a gente que tenga compromiso, que incluso esté obsesionada con ese problema y lo quiera resolver. Como me pasó a mí, que no podía pensar en no intentarlo. Sabía que si no lo hacía me iba a arrepentir.

«Pasar más tiempo con mis hijos me ha hecho mejor en el trabajo»

-Pero no es fácil crear una empresa.

-Es cierto, y nunca doy el mensaje de que todo el mundo puede emprender, porque es complicado. Está claro que yo gestiono mi tiempo y que si un día tengo que llevar al médico a mis hijos lo hago, pero la gente debe saber calibrar riesgos. Hay muchos altos y bajos y emocionalmente es difícil, porque un día te comes el mundo y al siguiente te vienes abajo.

-¿Tú has tenido esa estabilidad emocional o a veces has sentido que te lanzabas al vacío?

-Esa sensación de salto yo lo he tenido. Sabía que me cerraba puertas para trabajar en un futuro como ingeniera. Mi padre me preguntaba: «¿cuál es tu plan B?». Y yo le contestaba que no tenía plan B. Cuesta, además, mucho más de lo que pensaba, que yo incluso le dije a mi madre que en seis meses, si no lo lograba, buscaría otra cosa. En ese medio año todavía no había logrado nada.

-¿Por qué no te quedaste en Estados Unidos?

-A nivel personal no quería pasar toda mi vida en Estados Unidos, quería volver a España, al menos. Si empezaba allí tenía riesgo de no volver. Y al final es mi país, y veía esa necesidad aquí.

-Cuando entrevisté a tu marido, Iker Marcaide, me contó que lo mejor que se había llevado de la facultad era a ti.

-(Ríe) Me gustaron mucho aquellas palabras, sí.

-Vuestras carreras han ido muy paralelas desde entonces.

-Sí que es verdad que es una persona con mucha sensibilidad, y siempre me ha apoyado. En él está esa voluntad de crear un impacto positivo, qué hacer para mejorar nuestro entorno.

Una espina clavada

Una empresa de voluntariado
Si a Margarita Albors le pregunto si su espina clavada es tener otro niño, contesta rápidamente que no.«Mis dos hijos son muy activos, así que creo que ya está bien». Probablemente hayan heredado esa inquietud de sus dos padres. Esta ingeniera tiene claro que le hubiera gustado crear ella misma una empresa social como las que ayuda a nacer, aunque no lo descarta en un futuro.

-¿Puedes cerrar la llave de este lugar y de tu mente?

-Siempre tengo más cosas que hacer de lo que puedo asumir. Los primeros años me absorbía muchísimo; con el tiempo me he dado cuenta de que necesito buscar el equilibrio. Hay gente que necesita el deporte, romper un poco, porque esto se puede convertir en tu única actividad. En mi caso, hace dos años que he decidido pasar más tiempo con mis hijos, e intento recogerlos del colegio.

-¿No te hace peor emprendedora?

-Una vez me preguntó una persona: «si mañana Social Nest no existiera, ¿qué harías?». Y yo, sin pensarlo, contesté: «pasar más tiempo con mis hijos». Y me dijo: «es lo que tienes que hacer», porque al final es lo que te da energía, fuerza, para poner toda la carne en el asador y ser mejor en el trabajo. Ahora estoy más feliz. Forzar demasiado la máquina no es bueno, hay que cuidarse. Y no es algo exclusivo de las mujeres.

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