¿Quién es José Esteban?

José Esteban, en una nave recuperada del Parque Central. /Juanjo Monzó
José Esteban, en una nave recuperada del Parque Central. / Juanjo Monzó

Con un padre directivo en una empresa de seguros, parecía que su futuro estaba escrito. Pero no. En Valencia ha encontrado el mejor lugar para su investigación sobre acústica submarina. Y para salvar tortugas. La influencia se nota. Su hija de quince años ya se va con él a hacer apneas.

MARÍA JOSÉ CARCHANO

Llega tarde por una reunión en la universidad con una arqueóloga que ha encontrado un fósil de un cetáceo. «Para ella quizás no es tan importante, para nosotros muchísimo». Alguien que se emociona con un hueso de ballena es evidente que disfruta con lo que hace. Porque a José Esteban se lo rifan las universidades por sus investigaciones en la acústica submarina. De sus años en el Oceanogràfic habla de las belugas como si fueran de su propia familia, y para salvar los huevos de tortugas han buscado su propia playa particular. Sin embargo, vive esta pasión de una forma tranquila, desde posiciones muy tolerantes y respetando, por ejemplo, el trabajo de quienes salen al mar a diario a pescar. «Ellos conocen mejor que nadie el medio marino, y si les premiamos por traernos tortugas, se implican con nuestro trabajo».

-¿Cuál es el camino que ha seguido a nivel laboral para llegar hasta aquí?

-Empecé en Medio Ambiente y luego me centré en el medio marino porque desde siempre me ha apasionado el mar. He sido técnico en l'Albufera, biólogo en las Columbretes, he tenido mi propia empresa de consultoría ambiental, estuve catorce años en el Oceanogràfic como director de investigación y ahora trabajo en las universidades, centrado en acústica submarina.

-Vaya especialización.

-Hago escafandra autónoma desde el año 92, tengo el carnet número 81 de toda España, y hasta ese momento nadie había visto el medio marino como lo vemos ahora. Todos esos datos me parecían espectaculares porque es un medio que todavía está por explorar. A mí siempre me ha gustado hacer cosas nuevas, aunque le tengo que decir que eso también me crea cierta inseguridad.

-¿Ha vivido siempre cerca del mar?

-Siempre.

-¿Lo haría lejos?

-Le voy a ser sincero; yo cuando voy a Madrid me siento agobiado, tal vez porque siempre lo he hecho por cuestiones de trabajo. Y eso que puede que esté en Valencia y durante semanas no vea el mar, pero sé que está ahí, y me da una sensación de desahogo. Es como trabajar en las islas, que me sentía encerrado.

-¿Entendieron en su familia esta vocación?

-Mi padre era directivo en una empresa de seguros, y lo único que me dijo es: «sácate el título de corredor, y luego haz lo que quieras». Me ofreció una cartera, y me dijo: «te pones a trabajar si quieres, a ganar dinero». Vi un poco el mundillo y me di cuenta de que no me interesaba. Y no tuve ningún problema, estudié la carrera y me entendieron perfectamente.

«No viviría lejos del mar,cuando voy a Madridme siento agobiado»

-¿Vio desde un principio que los seguros no era el mundo que quería para sí?

-Sí, lo tenía clarísimo, yo sé que ahí se movía dinero y tenía referencias, pero entendí enseguida que vivir no es solo ganar dinero, también es disfrutar. Al final, cuando estás trabajando, no haces otra cosa que cambiar tu tiempo por dinero, y yo prefiero destinar ese tiempo a disfrutar.

-¿No hubiera sido igual de feliz?

-Ni de casualidad.

-¿Alguien tan comprometido con el medio ambiente es coherente en su vida personal?

-No se trata de ser radical, creo que tienes que compensar la huella que dejas en este mundo. Solo uso el coche cuando lo necesito de verdad, que por la ciudad me muevo en bici o andando, y ya no estoy a favor de esa ambición desmedida por comprar.

-¿Intenta convencer?

-Creo que no se puede obligar a nadie, que los sentimientos se transmiten, que esto de respetar tiene que ser más de feeling que de imposiciones. No puedes decirle a un agricultor lo que hace mal, sino alabarles lo que hacen bien. En vez de meter caña a los pescadores, les pedimos que traigan las tortugas, pero ahora les damos una carta de agradecimiento. Si favoreces la pesca artesanal, la pones en valor, y quizás los pescadores vayan cambiando. No puedes machacarlos. En El Palmar me acuerdo que me decían lo bonito que era un semáforo. Bueno, hay que ver las cosas también desde su punto de vista.

Una espina clavada

Trabajar fuera de Valencia
José Esteban se considera una persona muy pragmática, alguien a quien el pasado no le pesa. «Me hubiera gustado irme a Kenia, claro, pero no ha podido ser y no le doy más vueltas. Tuvo también la oportunidad de embarcar para ir al Atlántico norte, pero la crisis del fletán lo impidió. Así que se quedó en Valencia y no se arrepiente. «Ahora es mucho más difícil, con una familia»

-¿Su hija ha tomado el mismo camino?

-Aunque no es de ciencias, ya se viene conmigo a hacer apneas en el mar y disfruta mucho buceando. Ahora tiene quince años y quiere sacarse el título de buceo porque le gusta. Pero eso lo tiene que decidir ella; lo que tengo clarísimo es que no le puedes obligar a que le guste lo mismo que a ti.

-¿Qué le gusta hacer en su tiempo libre? No me diga que se va al mar.

-No, desconecto y me voy a la montaña, me encanta hacer 'trekking'.

Más sobre Revista de Valencia