¿Quién es Fernando Botella?

Fernando Botella, en el hall de un hotel en Valencia. /Damián Torres
Fernando Botella, en el hall de un hotel en Valencia. / Damián Torres

A los cuarenta y cinco años dejó su puesto de directivo en una farmacéutica para empezar de cero. «Decidí montar un chiringuito». Ahora llena auditorios para hablar de su experiencia y reconoce que se hace «mil preguntas» cada día. «Eso me hace avanzar y crecer»

MARÍA JOSÉ CARCHANO

Con un mago, Jorge Blass, ha impartido conferencias por todo el mundo, con Toni Nadal llena auditorios hablando de cómo todo se puede entrenar, con un director de orquesta, Daniel Abad, del poder de la música. Buscamos un hueco un lunes por la mañana, entre reunión y reunión, para poder hablar con Fernando Botella, una persona a la que todo el mundo quiere escuchar. Su vocabulario es rápido y preciso, sabe de qué habla, y tiene aprehendido muy bien el 'personaje' de éxito en que se ha convertido gracias a superar sus miedos. Ahora ha escrito un libro sobre la Revolución 4.0 que viene.

-Usted es biólogo de formación.

-Sí, además, me formé aquí cerca, me acuerdo que subía con el trenet, porque formé parte de la primera promoción que cursé Biológicas en la Facultad de Burjassot.

-Pero si yo le preguntara a qué se dedica, ¿me diría que es biólogo?

-No, no lo haría, aunque siempre se es. Cuando volví de Estados Unidos, donde estudié fisiología del consumo, entré en una compañía farmacéutica, donde me encargué de lanzar un producto, Betadine. Tuvimos éxito, desplazamos el mercado de la mercromina. Con los años, me convertí en el responsable máximo de la compañía en España. Durante ese tiempo fui además profesor en escuelas de negocios, hasta que en el año 2007 decidí montar mi propia empresa, porque me lo pasaba mejor dando clase. Así que a los cuarenta y cinco años decidí darle un giro absoluto a mi vida.

-El hecho de alguien dé un vuelco a su vida a una edad en la que todo el mundo parece buscar la estabilidad no debe ser fácil, porque el entorno no creo que ayude mucho.

-No. Hay gente que te anima, otros familiares y amigos que te dicen que estás loco, que buscan mil argumentos para convencerte de que no lo hagas. Luego hay otro grupo de personas que te pregunta: «¿te lo has pensado bien?» Y tienes que convencerles tú a ellos de por qué te vas. Mi decisión fue muy difícil porque vivía muy bien, pero entendí que la vida es una y que hay que hacer los cambios que uno quiere hacer. Desde luego, no me he arrepentido, porque esta etapa es la más poderosa y la de mayor crecimiento personal. He conocido a gente maravillosa, pero lo que tengo claro es que fue una decisión difícil.

«Me han tenido que empujar para dar una charla ante mil personas»

-Mucha gente le preguntará qué tiene que hacer para dar el paso. ¿No tener miedo?

-Sí, me lo preguntan, pero ser valiente no es no tener miedo, es superarlo, y saber que la vida sin incertidumbre no es vida. Nos han enseñado de pequeños a perseguir la comodidad. Mi abuela me decía de pequeño: «¿tú quieres que la vida te vaya bien? hazte director de banco». Si ahora levantara la cabeza… las cosas cambian mucho, si no sabemos lo que nos va a pasar esta tarde, ¿cómo vamos a adivinar el futuro? Lo que hay que hacer es poner consciencia, saber lo que quieres. Yo decidí montar un chiringuito, pero no era un loco que iba a hacer algo que no sabía.

-¿Cuántas veces dice: «qué buena decisión tomé»? ¿Qué le ha aportado a nivel personal?

-Si me pregunta cuántas veces, le tendría que decir que cada día, aunque es muy fácil hablar de ello cuando has tenido éxito. La realidad es que a mí me ha aportado mucho a nivel personal. Yo no distingo lo personal de lo profesional, con la gente que subo a escena son amigos, por ejemplo, aunque soy consciente de que necesito conciliar las dos vidas. Además, estoy muy agradecido, un concepto que creo necesario, porque cuando lo eres la vida te devuelve mucho más. El agradecimiento tiene que ir acompañado, eso sí, de la aceptación, que no la resignación, que es algo mucho más negativo.

-Usted que se enfrenta a auditorios llenos, ¿ha sufrido vértigo de enfrentarse al público?

-Nunca he perdido ese punto de miedo necesario para salir ante el público, por respeto, porque uno se merece dar lo mejor de uno mismo, y eso da cierto vértigo. Algunas veces, además, he sentido miedo escénico. Una vez había en la sala más de un millar de personas y Jorge Blass me empujó porque tuve la sensación de que no podía salir. Muchas veces es la forma de superar los miedos, aunque te tiemblen las piernas.

Una espina clavada

La música y la escritura
Fernando Botella no duda: «me han quedado varias espinas, pero sobre todo la de la música, mi gran afición». Le hubiera gustado ser mejor tocando la guitarra eléctrica, de hecho tiene varias, y aunque sabe tocar, lo hace de forma muy amateur. Hay otra espina que sí se quitará, y es lade escribir una novela. «Tengo ya algunas ideas apuntadas por ahí». De momento, le falta tiempo.

-¿Ha mantenido la curiosidad por aprender?

-Creo que las mentes inquietas tienen esa característica, la de hacerse miles de preguntas cada día; cuestionarse el estatus quo es lo que te hace avanzar y crecer.

-¿Piensa mucho en el futuro?

-Platón decía: «me interesa el futuro porque es donde pasaré el resto de mi vida». Me ayuda a vivir el presente.

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