¿Quién es Alejandro Blasco?

Alejandro Blasco, en la sala de juntas del colegio profesional que preside /Damián Torres
Alejandro Blasco, en la sala de juntas del colegio profesional que preside / Damián Torres

Presidente del Colegio de Ingenieros Informáticos | Desde joven ha sido una persona práctica. «No desarrollaba juegos a los catorce años ni empecé con el Spectrum», dice el presidente del colegio, que lucha por dignificar una profesión como dirigente de una institución que ayudó a fundar hace dieciocho años

MARÍA JOSÉ CARCHANOValencia

Alejandro Blasco se siente cómodo con el traje y la corbata y no parece de esos informáticos con pinta de haber pasado media vida trasteando entre discos duros. Quizás por ello se mueve bien entre despachos, como cara visible de un colectivo que, a pesar de su importancia como profesión en una sociedad tan tecnológica, todavía tiene que luchar para que la administración regule su espacio laboral entre ingenierías históricas. Nos vemos en la sala de juntas del colegio que preside, unas pequeñas oficinas ubicadas en la avenida del Oeste donde intentan visibilizar al colectivo.

-¿Por qué decidió presentarse a presidente?

-Llevo dos años en el cargo, pero mi vocación viene de largo; llevo vinculado desde el año 2000, cuando entre un grupo de personas decidimos fundar el colegio. Desde entonces he hecho un poco de todo, y como mucha gente que sume no hay, nos vamos ayudando unos a otros.

-Estos cargos son altruistas y absorben mucho tiempo.

-Es cierto que es un sacrificio personal, pero en su día mi mujer y yo decidimos no tener familia y apostar por el desarrollo profesional, y en eso nos hemos estado apoyando. Así y todo, muchos días me toca levantarme a las cinco o a las seis de la mañana y contestar correos a las once de la noche, o privarme de vez en cuando de actividades de ocio y deportivas que me gusta practicar.

Una espina clavada

Estancia internacional
No había en su época tanta tradición de completar una carrera fuera de España, y por ello Alejandro se arrepiente de no haberlo hecho. «En aquella época teníamos demasiada prisa por trabajar, por salir de casa». Los dos últimos cursos los sacó ya trabajando y, de hecho, «en alguna clase me costaba mantener la atención. Y esa es una espina que siempre tendré».

-Y en muchas ocasiones a uno le cuesta decir que no.

-Esto es parte de mi vida y de mi juventud; cuando me lo propusieron había cambiado recientemente de trabajo, me pillaba en un momento complicado a nivel personal y no me encajaba demasiado bien, pero con un poco de voluntad, ganas y sacrificio se van sacando las cosas adelante. Dicho esto, a lo que me gusta me cuesta decir que no, pero en algún momento tendré que dar un paso a un lado porque el coste personal es alto.

-Cuando empezó en la universidad debía de ser informática una de las carreras más novedosas.

-Creo que fui la sexta promoción de unos estudios muy nuevos, y donde había que buscar un espacio laboral.

«Estudié Informática para tener trabajo»

-¿Por qué se decantó por esta carrera universitaria?

-Hay mucha gente que habla de su vocación natural, de cómo empezaron con el Spectrum cuando eran niños. En mi caso es una cuestión de pragmatismo: llegué a los diecisiete, miré alrededor y pensé qué podía proporcionarme un acceso al mercado laboral, teniendo en cuenta que aquella también fue una época convulsa en cuanto al empleo. Vi dónde estaban las oportunidades y me matriculé en Informática. Podría haberlo hecho más bonito, decirte que desarrollaba juegos a los catorce años, pero no es el caso.

-¿Ha aprendido a valorar la profesión después?

-Por supuesto, de hecho creo que la he disfrutado más durante el ejercicio profesional que en la época universitaria. Porque la informática está en todos los sitios, pero eso lo percibes luego.

-Si en otras actividades la actualización es continua, supongo que en el caso de la informática la exigencia todavía es mayor.

-El esfuerzo que hay que hacer por mantenerse actualizado es importante, y me obliga a formarme continuamente, muchos días llego a casa y me cojo un libro hasta que me quedo dormido, e intento estirar los días para llegar a todo.

-Hablaba antes de aficiones.

-Me gusta practicar deporte, aún juego a fútbol, y lo haré mientras me aguanten las rodillas, pretendo llegar a los cincuenta compitiendo con chavales.

-Ahora que todo el mundo es runner parece incluso sorprendente encontrarse con alguien que juegue a fútbol.

-Yo si no hay pelota de por medio no corro. De hecho, todo el mundo me adelanta por el cauce del río porque yo ando, y si estoy en el monte lo hago con palos. Y cuando puedo nos vamos a una casa que tenemos en Arcos de las Salinas, un pueblo muy pequeño a los pies de la sierra de Javalambre. Allí haces pulmón y buenas piernas.

-¿Consigue desconectar?

-Allí procuro, aunque bien es verdad que están mejorando las tecnologías. Por otro lado, eso te permite tener cierta libertad para hacer teletrabajo algún que otro día.

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