¿Quién es Puri García?

Puri García, en su despacho de la universidad./J. Monzó
Puri García, en su despacho de la universidad. / J. Monzó

A punto de cumplir cincuenta años está dispuesta a que haya un punto de inflexión en su vida y poder desconectar más a menudo. No ayuda el hecho de que su compañero de despacho sea a la vez su pareja. «Arrastramos el trabajo a casa», reconoce la tecnóloga

MARÍA JOSÉ CARCHANOValencia

A Puri García hay que buscarla en uno de los cubos de la Ciudad Politécnica de la Innovación, ese conjunto de edificios vanguardistas y laberínticos que componen el parque científico del campus de Vera. Lo suyo es la tecnología de alimentos, donde se ha convertido en un referente en la innovación en gastronomía; a su despacho igual llega una empresa para crear un producto que rompa el mercado o un cocinero que quiere experimentar otro tipo de cocción o crear la croqueta perfecta. Que, por cierto, «no existe», asegura Puri. Y, mientras, da clases, investiga, publica y, sobre todo, divulga.

-Estudió Biología.

-Yo en realidad quería hacer Químicas, como mi hermana mayor, pero mi profesora de COU de esa asignatura fue tan mala que se me quitaron las ganas, y eso que tenía una vocación relativamente clara. Venía de no haber sido muy buena alumna en BUP, que me gustaba mucho más salir, aunque luego lo arreglé. El problema es que con dieciocho años, si no tienes una vocación clara, como Medicina, o Bellas Artes, es muy difícil elegir. Yo les digo a quienes me consultan que hagan aquello a lo que puedan ponerle pasión, porque hoy en día las profesiones del futuro no están creadas. Ahora, yo si volviese atrás estudiaría lo mismo, a mí me encantó. Y saqué muy buenas notas, sobre todo en aquellas materias que menos me gustaban, como la zoología.

-¿Cómo llegó hasta la alimentación?

-Mi primer contacto con los alimentos fue tras acabar la carrera. Recuerdo que me llamaron desde la oficina del paro, que debo de ser una de las pocas personas que ha encontrado trabajo de lo suyo a través del INEM. Después comencé a dar clases en el instituto y me doctoré en Tecnología de Alimentos. Y hago lo que me gusta.

-¿Hasta qué punto?

-Esta profesión es muy apasionante, el problema es que no hay un límite. Y reconozco que no intento tener una vida aparte. A veces Javier y yo lo hablamos, el problema es que somos compañeros y al mismo tiempo pareja, y arrastramos el trabajo a casa. No tenemos mala vida, hacemos lo que queremos, pero al no tener un jefe directo todas las imposiciones se las hace uno mismo. Vivimos en una sociedad en la que somos los ejecutores de nuestro propio esclavismo, y asumimos el rol de luchar cada vez por más proyectos, más investigación. Pero confío en que a partir del 7 de julio, que cumplo cincuenta años, haya un punto de inflexión en mi vida (ríe).

-¿No consigue desconectar?

-Hace años que lo consigo regular. En vacaciones es el único periodo del año en el que lo logro, pero solo hasta la penúltima semana de agosto. Me ayuda mucho tener de vez en cuando algún proyecto de colaboración en el exterior, que aunque es una desconexión parcial me permite evadirme del día a día aquí metida. Me gusta mucho viajar, así que a pesar de que nunca sé cuándo lo puedo hacer es el momento en que pongo distancia.

Una espina clavada

De pequeña, farandulera

Puri García no tiene que pensárselo mucho, porque lo suyo era «ser artista, aunque no lo intenté nunca, es cierto». De pequeña reconoce que era «farandulera», y en el instituto participó en obras de teatro con la profesora de francés. «Hicimos actuaciones, fue muy divertido, y nos volvimos a juntar treinta años después». Ello le ha permitido que ahora no le dé ningún pánico hablar en público.

-¿Qué tipo de docente es?

-Me gusta mucho mi trabajo, dar clases, quizás por ese espíritu de artista que llevo dentro, en el que imagino que tengo sesenta espectadores todos los años. Trato de hacerlo ameno, aunque a veces me pongo un poco estricta con los alumnos.

-¿En qué sentido?

-Me parece una falta de respeto que yo empiece la clase a las nueve de la mañana y llegue gente tarde. Desde hace muchos años hay una norma, y es que tienen un margen de diez minutos. Después no entra nadie. Tienes que tener principios, y aunque puede ir en mi detrimento porque deben de pensar que soy una antipática, luego lo valoran.

-Cuando alguien como usted es tan consciente de lo que come, ¿es coherente en su día a día?

-Hago lo que puedo, que me parece la opción más sincera. Yo no tengo tiempo todos los días para comprar alimentos de proximidad, así que lo que hago es que mi padre tiene un huerto y los domingos hacemos el arramblaje, como lo llamamos en mi familia. Reconozco que compro pasta fresca y alimentos congelados, y que el método de cocción que uso más a menudo es el microondas. Además, hoy comeré lentejas que no he cocinado yo, porque no me ha dado tiempo, las comeré de bote, porque la tecnología permite envasar productos sin aditivos. Una de mis asignaturas pendientes es conseguir usar menos plástico, que aunque somos solo dos en casa acumulamos más que basura orgánica.

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