Músculo femenino: de revolución a requisito
Señoras lectoras, siento estropearles el domingo de paella, sofá y peli con una tendencia que promete ponernos las cosas más duras si cabe. Hoy en día si eres mujer ya no basta simplemente con estar en forma, ni tonificada, ni cuidarse. Ahora lo que debemos desear es ser compactas, funcionales, irrompibles, como si el cuerpo fuera un pasaporte para un futuro que exige resistencia, incluso para ir a por el pan. Porque el gimnasio ya no es un lugar para mantener o «mejorar», sino para prepararse. Para qué, aún no lo sé. Pero el ambiente huele a entrenamiento para algo más grande como el apocalipsis zombie, un divorcio global o una mudanza sin profesionales. Yo, por si acaso, fui a mirar.
El barre y el syclo fueron mi puerta de entrada a esta nueva era de cuerpos que ya no se conforman con estar sanos, sino que quieren sonar como un tacón fino sobre mármol pulido, firme, preciso y sin margen para el temblor. En el barre se fusiona el yoga, el pilates y el ballet con buena música. Hay pliés, equilibrios, repeticiones infinitas y caras serenas de «todo controlado» mientras por dentro te estás fundiendo. Lo practican famosas con resultados contrastados como Kim Kardashian, Sarah Jessica Parker, Paula Echevarría, Jessica Alba o Natalie Portman (obvio, cisne), y en todos los casos el objetivo secreto es conseguir la silueta de Audrey Hepburn frente al escaparate de Tiffany's mientras comemos un cruasán. Fui a una clase de prueba y quedé fascinada con los gluteos cincelados en mármol de algunas de las asistentes, cubiertos por unas mallas de lycra tensa con una costura vertical entre las nalgas que delimitaba el culo con precisión topográfica. Me debatí entre la envidia estética y el aprendizaje antropológico: así será el culo del futuro.
Del syclo he aprendido que si te ponen musicón épico, luces de discoteca y una monitora con micrófono aceptas como normal pedalear sin desplazarte, sudar tipo sauna y sonreír mientras rebotas en el sillín y te observas en el espejo con mirada desquiciada. Dicen que lo adoran Rosie Huntington-Whiteley, Kendall Jenner, y todas las mujeres que, cuando se suben a una bicicleta estática, pedalean al aire tal vez conscientes de que lo importante no es avanzar, sino el evitar ser vistas en descenso. El siguiente capítulo lo ocupa la calistenia, el entrenamiento en el que no levantas pesas porque tú eres la pesa. Luego está el HIIT, ejercicio que alterna ráfagas cortas de actividad de alta intensidad con breves períodos de recuperación, o sea, querer sufrir. Lo practican Halle Berry, Gigi Hadid, Vanessa Hudgens y consiste en saltar, correr, subir bajar, desplomarse y volver a levantarse con la idea de que tu corazón se acostumbre a la adrenalina y tu mente a no cuestionar nada, porque si piensas, pierdes ritmo, y si pierdes ritmo, pierdes gloria, y si pierdes gloria, no sales en la foto mental del progreso, que es lo único que de verdad importa mientras la música sube y tú intentas demostrar que no eres la débil del grupo.
Y, finalmente, en la cima conceptual, está el entrenamiento militar. Aquí no vale llevar leggings bonitos ni botella con pajita térmica, se trata de sobrevivir. La estampa de Gisele Bündchen corriendo por la arena con la mirada decidida es el póster invisible que muchas tenemos en la mente. A esto juegan Gal Gadot, Kate Hudson, Jessica Biel y hasta Pink, que parece entrenar para cantar colgada de cables y empujar una furgoneta cargada de hormigón.
Las mujeres con músculos visibles ya no están en los márgenes, sino en las portadas. La reina Letizia y sus bíceps de hierro forjado, Jennifer López, que posee unos glúteos de categoría industrial y abdominales de diseño, Michelle Obama y sus tríceps con discurso propio o Serena Williams, definición esculpida por la ley de la fuerza aplicada al propósito. Motivada, decidí entrenar fuerza dos semanas seguidas, pura disciplina intermitente. Una tarde me descubrí en el supermercado caminando en mallas con los brazos apenas en jarras, los hombros atrás y las piernas levemente separadas, como si acabara de descender de un caballo. Me detuve en el pasillo de barritas proteicas con actitud de persona dispuesta a soltarle una galleta a quien osara interponerse en mi camino. No sé si alcanzaré músculos heroicos, pero empiezo a sospechar que entrenamos no sólo para ser fuertes, sino para parecer capaces de cualquier cosa. Cuidadito con nosotras.
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